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sábado, 17 de diciembre de 2011

Restless, Gus Van Sant, 2011


Título original: Restless
Dirección: Gus Van Sant
Guión: Gus Van Sant
Fotografía: Harris Savides
Música: Danny Elfman
Producción: Columbia Pictures, Imagine Entertainment, 360 Pictures
País: Estados Unidos
Año: 2011
Género: Drama. Romance
Duración: 91 min.
Intérpretes: Henry Hopper como Enoch Brae, Mia Wasikowska como Annabel Cotton, Ryo Kase como Hiroshi Takahashi, Schuyler Fisk como Elizabeth Cotton, Lusia Strus como Rachel Cotton, Jane Adams como Mabel, Paul Parson como Edward...


Narra la historia de amor de una joven pareja. Ella (Mia Wasikowska) es una enferma terminal que se enamora de un chico (Henry Hopper) al que le gusta asistir a funerales. Ambos se encontrarán además con el fantasma de un piloto kamikaze japonés (Ryo Kase) de la II Guerra Mundial. (FILMAFFINITY)


El amor joven ha sido siempre materia de grandes dramas, desde el gran cruce de estrellas del Romeo y Julieta de Shakespeare a la lacrimógena Love Story. Ahora el guionista Jason Lew y el director Gus Van Sant traen una historia única que respira vida nueva sobre el viejo cuento familiar. Restless cuenta la historia de un hombre joven escondiéndose de su propia vida, y de una vibrante joven mujer que logra sacarlo de su caparazón. Evocando clásicos memorables del cine como Harold y Maude de Hal Ashby, y recientes filmes independientes como Algo en Común (Garden State), Restless apunta tanto a la razón como al corazón, ofreciéndonos personajes ricos y una historia aparentemente simple que dejará una prolongada impresión en los espectadores.


Presentando al debutante Henry Hopper como el tímido y alienado adolescente Enoch Brae, Restless tiene lugar a lo largo de un frío otoño americano. Al tiempo que la naturaleza se encamina hacia un prolongado sueño, el joven Henry se abre paso a través de un mundo ya helado; destrozado por el recuerdo de la muerte de sus padres en un accidente automovilístico. Aún en medio de su exilio autoimpuesto, Enoch cambia su visión del mundo gracias a la presencia de la encantadora e inteligente Annabel Cotton, interpretada por Mia Wasikowska.

La relación entre Enoch y Annabel es el ancla de la película, y los personajes resuenan temporales gracias a su madurez y profundidad, producto de la colaboración entre los creadores de la película. El guionista Jason Lew fue compañero de clase del productor Bryce Dallas Howard en la Universidad de Nueva York, y Restless al inicio fue una serie de cuentos cortos y viñetas que les permitieron explorar la historia y los personajes. “En última instancia lo que quería era ver si podría unirlos todos en una sola historia,” afirma Lew, “y escribí el borrador de una obra teatral.”


Después de mudarse a Los Angeles, los amigos de Lew, incluyendo a Howard, le sugirieron adaptar la obra teatral y convertirla en un guión cinematográfico. “Jason no es un escritor calculador; es todo pasión,” afirma Howard. “La obra teatral es enormemente hermosa, pero teatro y cine son muy diferentes. Al adaptarla a la pantalla, emergió una historia aún más fuerte. Todo aquello que hacia especial la obra teatral se mantuvo, y se introdujeron elementos de más peso que la hicieron una obra cinematográfica.”

La pasión de Howard por el proyecto, fue lo que hizo que convirtiera a esta película en su debut en la producción. “Esta película es su bebé,” afirma Wasikowska. “Ella estaba en el set a diario, trabajando extremadamente duro. Ella es muy dedicada y, siendo actriz, es muy cuidadosa y comprensiva. Ella trabajó para asegurarse de que todo el mundo estaba cómodo.” Howard también supo que este pequeño e íntimo proyecto necesitaría de muchos cuidados a lo largo del proceso de producción. La implicación de Imagine y de los oscarizados productores Ron Howard y Brian Grazer fue de gran ayuda para contar con la participación de Gus Van Sant. Como una de las voces más originales e iconoclastas del cine, probablemente Van Sant fue la selección ideal para añadir una sensatez madura y profesional sin perder el espíritu especial del guión. De hecho, muchas de las más memorables películas de Van Sant están basadas en personajes que representan una energía y pasión de juventud al borde de un mundo dolorosamente frío. Aún cuando el tema es bastante diferente, la historia de Enoch y Annabel rememora las problemáticas vidas de otros héroes de sus películas previas tan diversas como Mi Idaho Privado, El Indomable Will Hunting, Elephant, y Harvey Milk



“Tenemos tan poco tiempo para decir las cosa que nos importan. Tenemos tan poco tiempo para cualquiera de ellas.”
Hiroshi el fantasma de Restless


sábado, 10 de diciembre de 2011

Jane Eyre, Cary Fukunaga, 2011


Título original: Jane Eyre
Dirección: Cary Fukunaga
Guión: Moira Biffini, basado en la novela de Charlotte Brontë
Fotografía: Adriano Goldman
Música: Dario Marianelli
Producción: BBC Films / Focus Features / Ruby Films
País: Reino Unido
Año: 2011
Género: Drama. Romance
Duración: 120 min.
Intérpretes: Mia Wasikowska como Jane Eyre, Michael Fassbender como Rochester, Jamie Bell como St John Rivers, Judi Dench como Mrs. Fairfax, Su Elliot como Hannah, Holliday Grainger como Diana Rivers, Tamzin Merchant como Mary Rivers, Amelia Clarkson como Young Jane...


Jane Eyre, una muchacha educada en un orfanato, huye de Thornfield House, poco después de haber sido contratada como institutriz por el acomodado Edward Rochester. La aislada y sombría mansión, así como la frialdad del dueño de la casa ponen a prueba la resistencia y la fortaleza de la joven. Sin embargo, después de reflexionar sobre su pasado, su curiosidad natural la impulsará a regresar para averiguar el terrible secreto que oculta el señor Rochester. (FILMAFFINITY)


El director Cary Joji Fukunaga (Sin nombre, 2009), y la guionista Moira Buffini (Tamara Drewe, 2010) infunden una inmediatez contemporánea a la clásica e inmortal historia de Charlotte Brontë en esta nueva y atrevida versión cinematográfica de Jane Eyre. Mia Wasikowska [Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, 2010)], y Michael Fassbender [Malditos Bastardos (Inglourious Basterds, 2009)] protagonizan los icónicos papeles principales de este drama romántico, la heroína del cual no ha dejado de inspirar a las nuevas generaciones de lectores y espectadores devotos.


Regreso a Thornfield

A lo largo de más de 160 años, Jane Eyre, la novela de Charlotte Brontë, se ha convertido en uno de los libros más populares del mundo. Texto fundamental en todas las listas de lecturas escolares, ha estado traducido prácticamente a todos los idiomas. Una historia con una protagonista a la que Brontë entendió como "una heroína tan sencilla y pequeña como yo misma", que sigue inspirando a generaciones e influyendo en los narradores.

El poder de la historia y la popularidad de la novela de 1847 ha generado una ingente cantidad de adaptaciones del libro: ha habido 18 largos previos, siendo el primero de 1910, y el más reciente, el de 1996, además de nueve versiones televisivas. El equipo de la que sería la versión de 2011 de Jane Eyre se motivó con el objetivo de conseguir un film que llegase a todo el público cinéfilo del mundo, sin por eso dejar de honrar la novela.


El productor Alison Owen, nominado al Oscar y ganador del Emmy, reflexiona: "Si se le preguntase a alguien '¿Cuál es la versión cinematográfica definitiva de Jane Eyre?' no encontrarías a nadie que tenga la respuesta realmente. Y después de haber hecho cierto número de films de ficción sobre las mujeres, me pregunté: ¿Por qué no?".

"Somos una compañía que se está forjando una sana reputación y capacitada para llevar a la gran pantalla o a la pequeña obras literarias de gran prestigio. Abordar a Brontë nos parecía el siguiente paso lógico en la ascensión por la escalera literaria" --indica el productor Paul Trijbits--. "Es un libro que ya sabíamos que gozaba de amplia base de seguidores, por lo cual la responsabilidad también era una consideración mayor. Queríamos trasladar esta interpretación al siglo XXI, pero manteniendo la inquietante belleza de la historia."

Ruby Film & Television, de Owen y Trijbits, empezó a trabajar en el proyecto, que se llevó a una de las más prolíficas organizaciones financiera de cine de todo el Reino Unido: la BBC Films, para empezar el proceso de desarrollo.


Tan pronto como el guión estuvo listo, Owen buscó a un director que estuviera en la misma longitud de onda. El oscarizado estudiante Cary Joji Fukunaga, que se había iniciado en la dirección con la película Sin nombre, de Focus Features, y que le proporcionó muy buenas críticas y algunos premios, como el de su estreno en el Festival de Cine de Sundance de 2009, para continuar con su distribución a todo el mundo.

Este thriller dramático de corte épico sobre unos inmigrantes de América Central que van hacia la promesa de mejor vida en los Estados Unidos, "aunque aparentemente alejada del todo de la historia de Jane Eyre, aborda el tema de la pérdida y la busqueda de una vida mejor" --subraya el productor--. "Lo que se hace evidente tan pronto como se visiona el trabajo de Cary, es que se trata de un realizador visceral, con fuerte voz autoral, algo que queríamos sobre todo para Jane Eyre."


Fukunaga subraya: "Era consciente que afrontaba un film de época y una historia con elementos de terror. Caminar por la línea que transcurre entre estos dos tonos se presentaba difícil, pues es muy fácil fallar en uno o en el otro. Quería mantener cierta consistencia en el estilo de narrar la historia."

Y sigue: "Donde Jane Eyre resulta similar a Sin nombre es en su exploración de los misterios de las relaciones humanas, particularmente las familiares. Jane no ha tenido una familia en toda su vida y busca una, por no decir un lugar al que llamar hogar. Pero cada vez que se aproxima a alguien, resulta apartado de él o de ella."

"Otro tema parejo es el que se refiere al viaje que emprende la protagonista, en el que conoce a alguien con quien poder relacionarse, que ha sufrido la pérdida como ella misma, en tanto se ve inmersa en situaciones y emociones complejas. Y con secretos del pasado emergiendo de nuevo, ¿perderá una vez más a alguien que le es muy próximo?"


Si bien Mia Wasikowska impresionó mucho a Michael Fassbender, todavía apareció otra actriz en el reparto que le provocó tal sorpresa que realmente le conmocionó. "Bien, ya se la imagina, la Dama" --se maravilla--. "¡Enterarme de que Judi Dench estaba en el reparto...! Uno se siente bendecido por tan solo estar aquí en el camerino, sentado, hablando. En ella hay como un polvo de oro, y uno anhela que algo del mismo le caiga encima cuando ella pasa. Llevo en el corazón muestras escenas compartidas."

Fassbender y Dench bromeaban sobre mantener el espíritu alto mientras trabajaban en alguno de los pasillos más fríos y oscuros del célebre Haddon Hall. Wasikowska estaba emocionada de poder ver como trabaja Judi".



Consneguir que Dench encarnará al ama de llaves de Thornfield, la señora Fairfax, se consideró toda una gesta por parte de la producción. Fue una carta personal del propio Cary Fukunaga que persuadió a la actriz para que aceptara el papel. "Cuando Dench dicho que sí, el proceso se hizo, si cabe, más excitante" --subraya--, "particularmente desde que estábamos introduciendo a alguien que equivalía a toda una institución en el Reino Unido. Es la fuerza de la seriedad, y la mera idea, o más bien miedo, de trabajar con ella en el plató hacía mucho mayores tanto el reto como la alegría del proyecto. ¿Qué se le puede decir en realidad a alguien que ha participado en más películas (al lado de colaboradores con mucho más talento) de las que yo podré aspirar a realizar en toda mi vida?"

La actriz ganadora del Oscar asegura haber leído la novela "tan pronto como Charlotte Brontë la publicó" --y ríe la broma antes de recordar su pasado--. "La leí en la escuela, creo. Siempre he opinado que se trababa de una historia magnífica. La llevo siempre conmigo."



En consecuencia, Dench se sentía intrigada por el tono que los realizadores le darían al film. La actriz añade: "Esta historia se ha hecho en cine muchas veces, pero creo que a Cary le asisten ideas totalmente diferentes y oscuras sobre la misma que, espero, animen al público a leer el libro.

Para las secuencias que implican a los rivales tanto de Jane como de Rochester, Wasikowska y Fassbender volvieron a encontrarse con actores con los que ya habían trabajado previamente, incluso en climas más fríos. La emergente actriz Imogen Poots, que había compartido las únicas escenas íntimas con Fassbender en Centurion (Centurion, 2010), fue incorporada como Blanche Ingram, la prometida potencial de Rochester; y Jamie Bell, el personaje que había cortejado al de Wasikowska en Residencia (Defiance, 2008), basada en hechos reales sucedidos durante la Segunda Guerra Mundial, haría ahora lo mismo en el papel de St. John Rivers.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Un método peligroso, David Cronenberg, 2011


Título original: A Dangereux Method
Dirección: David Cronenberg
Guión: Christopher Hampton, John Kerr, (Teatro: Christopher Hampton)
Fotografía: Peter Suschitzky
Música: Howard Shore
Producción: Recorded Picture Company (RPC), Lago Film, Prospero Pictures, Astral Media, Canadian Film or Video Production Tax Credit (CPTC), Corus Entertainment, Elbe Film, Millbrook Pictures, Movie Network, The, Talking Cure Productions, Téléfilm Canada
País: UK | Germany | Canada | Switzerland
Año: 2011
Género: Drama. Biografía
Duración: 99 min.
Intérpretes: Keira Knightley como Sabina Spielrein, Viggo Mortensen como Sigmund Freud, Michael Fassbender como Carl Jung, Vincent Cassel como Otto Gross, Sarah Gadon como Emma Jung...


Una poderosa historia de descubrimiento sexual e intelectual basada en acontecimientos reales a partir de la turbulenta relación entre el joven psiquiatra Carl Jung (Michael Fassbender), su mentor Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y Sabina Spielrein (Keira Knightley). A este trío se añade Otto Gross (Vincent Cassel), un paciente libertino decidido a traspasar todos los límites. (FILMAFFINITY)


Del escenario a la pantalla
A Dangerous Method empezó siendo un guión a mediados de los años ochenta. El oscarizado guionista Christopher Hampton estaba muy interesado en el psicoanálisis y decidió documentarse acerca de las relaciones entre Jung, Freud y Sabina, por lo que se desplazó hasta Zúrich para estudiar el historial de la paciente en el hospital Burghölzli. “Eran pioneros, el psicoanálisis era una teoría revolucionaria”, dice el guionista. “Abría muchos armarios y tiraba muchos tabúes. A finales del siglo XIX aparecieron grandes corrientes que abrieron una nueva forma de pensar en la sociedad”. Christopher Hampton acabó desarrollando el material en una obra de teatro,
“The Talking Cure”, que se estrenó con éxito en el National Theatre de Londres, con Ralph Fiennes en el papel de Jung. Unos años después, el aclamado cineasta David Cronenberg le pidió al guionista que adaptara la obra para el cine. “La obra de teatro de Christopher Hampton me pareció un filón que no podía dejar de explotar para llevarlo a la gran pantalla”, explica el director. “Esta historia de discrepancias emocionales, ensombrecida por la cercanía de la I Guerra Mundial, me permitía imaginar dos relaciones intensas e inextricablemente entretejidas. El hecho de que los personajes fueran brillantes figuras reales, y que el triángulo formado por Jung, Freud y Sabina tuviera mucho que ver con el nacimiento del psicoanálisis me pareció irresistible”.
Christopher Hampton empezó a desarrollar el guión, incluyendo acontecimientos históricos y citas de los personajes de carne y hueso en una historia dramática donde se debatían muchas ideas. David Cronenberg llevó el proyecto a su buen amigo y productor Jeremy Thomas, conocido por trabajar con realizadores muy individualistas y con el que ya había rodado Crash y El almuerzo desnudo. “No era cuestión de perder la oportunidad de unir a David Cronenberg con un dramaturgo y guionista de la talla de Christopher Hampton”, dice. “Además, me apetecía volver a trabajar con David en un tema semejante. Los diálogos son auténticos enfrentamientos y me pareció que podían ser de sumo interés en boca de grandes actores, sin contar el impacto en el público que podría tener está película en manos de un director magnífico”.
A David Cronenberg le cautivó la idea de dirigir una película acerca de tres personajes históricos carismáticos, entre los que está Sabina, una figura poca conocida que influyó profesionalmente en los dos hombres. “Sabina contribuyó mucho al desarrollo de las teorías de Freud y Jung”, dice el realizador. “Esto no se supo hasta que se descubrió la correspondencia que mantuvieron los tres. La pasión es palpable a través de sus palabras, teorías y pensamientos abstractos. Eran personas fascinantes y es una historia fantástica”.


Jung, Freud y Sabina en la gran pantalla
El casting para escoger a los actores que interpretarían a estos personajes, todos ellos en una etapa clave de su vida cuando transcurre la historia, era crucial. En palabras de Benjamin Thomas: “Esta película explora la mente humana a través de personas en la flor de la edad: Jung tiene treinta años; Freud, cincuenta; Sabina, poco más de veinte, y Gross, treinta y pico. Michael Fassbender, Viggo Mortensen, Keira Knightley y Vincent Cassel eran los actores que David veía en los papeles, y me pareció una magnífica selección”.
Sabina Spielrein fue una de las primeras psicoanalistas, una pionera en el campo de la psicología infantil. Sin embargo, casi no se la menciona en la historia del psicoanálisis, a pesar de que en 1912 presentó en la Sociedad Psicoanalítica el concepto de impulso sexual unido a un instinto destructivo y a otro de transformación. El contenido de esta presentación evidencia que Sabina influyó en gran medida en los trabajos de Jung y Freud, desde la idea del arquetipo de Jung, hasta la teoría freudiana del instinto sexual y el instinto de muerte. Freud llegó a reconocer en uno de sus libros que Sabina le encaminó hacia esta teoría. Jung, debido posiblemente a la relación íntima que le unió a Sabina, nunca reconoció la influencia de sus ideas. Hasta que se descubrió el historial clínico de Sabina, sus diarios personales y la correspondencia con Jung y Freud, ahora publicada, no se supo que la joven les había inspirado.
David Cronenberg explica lo que le empujó a llevar a la gran pantalla a estos complejos personajes: “Con A Dangerous Method he intentado hacer una película elegante que juega con el terror emocional, pero no pierde su poder de seducción. Me estimularon los detalles inesperados e íntimos de los tres protagonistas. Pueden comunicar lo que debió significar estar atrapados por sus ataduras mentales y físicas y, al mismo tiempo, liberarse. Era un extraño ‘ménage à trois’, aunque entre Sabina y Freud no hubo ninguna relación sexual. Había afecto en todos los vértices del triángulo, como la gran amistad que unía a Jung y Freud”.


Michael Fassbender - Carl Jung
El versátil y solicitado actor Michael Fassbender fue escogido para dar vida a Carl Jung, un personaje que le atrajo profundamente al sentirse intrigado por este episodio relativamente desconocido de las vidas de Freud y Jung. “Según la información que reunió Christopher Hampton, Sabina influyó en Jung en cuanto a sus ideas de personalidad extrovertida e introvertida”, dice el actor. “Pero no se le ha reconocido esta influencia. La dinámica entre los tres me parece sumamente interesante. Sabina también plasmó la separación entre los dos hombres, aunque deseaba que siguieran colaborando porque su separación podía ser terrible para la psicología de entonces. A Dangerous Method me parece muy interesante, enseña una parte desconocida de la vida de personajes famosos”.


Keira Knightley - Sabina Spielrein
El papel clave de Sabina Spielrein se reservó para Keira Knightley, nominada por la Academia, los Globos de Oro y los BAFTA. Después de leer el guión, se sumergió en el mundo del psicoanálisis, documentándose sobre su personaje a través de libros, de cualquier otro tipo de información y hablando con psicoanalistas. “Me fascinó que fuera una película acerca del principio del psicoanálisis”, dice la actriz. “El psicoanálisis es una parte íntegra de nuestra cultura, con palabras como ‘ego’, ‘complejo’, que hoy en día usamos sin pensar. Pero entonces solo era el principio, acababan de descubrir otra forma de curar a sus pacientes”.


Viggo Mortensen - Sigmund Freud
Viggo Mortensen, nominado a un Oscar, un Globo de Oro, al Premio del Sindicato de Actores de la Pantalla (SAG) y a un BAFTA por su papel en Promesas del este, de David Cronenberg, no dudo en volver a colaborar por tercera vez con el director para interpretar a la icónica figura de Sigmund Freud. Se sumergió en un estudio personal de Freud, siguiendo su habitual método de documentación. Visitó el lugar de nacimiento de Freud, sus casas de Viena y Londres, y el hospital Burghölzli, además de leer la obra del padre del psicoanálisis, ver fotografías e imágenes de archivo para poder reproducir sus gestos, e incluso buscar la marca de puros que fumaba.
El actor también se preocupó por su forma de vestir y su humor. “Freud siguió vistiéndose del mismo modo durante muchas décadas, al estilo del XIX”, dice. “Escribía de una manera muy formal, y en la correspondencia con Jung, su inteligencia se hacía patente. Pero era un conversador ingenioso y agradable. Siempre es atractivo interpretar a un personaje así. Jung también era inteligente, pero muy diferente de Freud”.
Freud creía que era importante decir la verdad a los pacientes para que supieran a qué debían enfrentarse. Jung pensaba que era más importante explicarles el proceso que les había llevado a su condición actual. En opinión de Viggo Mortensen, la diferencia entre ambos métodos residía en que Freud se esforzaba más en hacer entender el problema al paciente que en darle una posible solución. “Freud no estaba tan seguro de que podía curar, no era su meta. Su meta era escuchar y entender a los pacientes para que estos comprendieran por qué actuaban y se sentían de una determinada manera, y así aceptar su condición”.


Notas históricas
Otto Gross murió de una neumonía y de inanición en Berlín en 1920.
Sigmund Freud tuvo que huir de Viena, perseguido por el régimen nazi, y falleció en Londres en 1939.
Sabina Spielrein regresó a la Unión Soviética y trabajó con algunos de los analistas más famosos del momento antes de regresar a su ciudad natal, Rostov, para ejercer la medicina. En 1941, ya viuda, fue apresada con sus dos hijas por los ocupantes nazis, llevada a la sinagoga local y fusilada.
Carl Gustav Jung sufrió una profunda depresión durante la I Guerra Mundial. Al recuperarse, se convirtió en el psicólogo más conocido del mundo. Sobrevivió a su esposa Emma y murió en 1961.


Las localizaciones
El rodaje de A Dangerous Method tuvo lugar en Colonia, Bodensee (el lago Constanza) y Viena durante ocho semanas.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un dios salvaje, Roman Polanski, 2011


Título original: Carnage
Dirección: Roman Polanski
Guión: Yasmina Reza, Roman Polanski, (Teatro: Yasmina Reza)
Fotografía: Pawel Edelman
Música: Alexandre Desplat
Producción: SBS Productions, Constantin Film Produktion, SPI Film Studio, Versátil Cinema, Zanagar Films, France 2 Cinéma, Canal+, CinéCinéma, France Télévisions, Polish Film Institute, Wild Bunch
País: Francia / Alemania / Polonía
Año: 2011
Género: Comedia. Drama
Duración: 79 min.
Intérpretes: Jodie Foster como Penelope Longstreet, Kate Winslet como Nancy Cowan, Christoph Waltz como Alan Cowan, John C. Reilly como Michael Longstreet, Elvis Polanski como Zachary, Eliot Berger como Ethan, Joseph Rezwin como Walter (Voz), Nathan Rippy como Dennis (Voz), Tanya Lopert como Madre (Voz), Julie Adams como Secretaria (Voz)


Adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza. Ha sido rodada en Europa, pero la historia se desarrolla en Nueva York. En la obra original, los protagonistas son dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque. Pero el encuentro se complicará hasta límites insospechados. (FILMAFFINITY)




Roman Polanski vuelve a deleitarnos con una fenomenal película en lo que es la adaptación a la gran pantalla de una brillante obra teatral de Yasmina Reza que también ha colaborado en el guión. El resultado es una delirante exploración de la hipocresía social, la educación de los hijos y de los mezquinos intereses que parecen ser determinantes en el comportamiento de las llamadas sociedades avanzadas.

Para todo ello, la película se basta de un único escenario, un hogar familiar en el centro de Nueva York y de cuatro personajes, dos matrimonios cuyos hijos han tenido un altercado y se reúnen para zanjar el asunto con buenas maneras. Es realmente extraordinaria la manera en que se traza esa transformación de estos representantes de la clase media acomodada que se van quitando sus caretas y perdiendo los modales, pasando de un el tono conciliador a extremos casi irracionales en unas horas.

Bastan pocas escenas para darnos cuenta de que estos adultos acaban siendo mucho peores que los niños que se han peleado, dejando al descubierto su doble moral, el cinismo y el poco aguante que tienen. Además, es loable como en esa disputa de egos los roles de los protagonistas se van intercambiando, e incluso se generan empatías que en ciertos momentos desembocan en una guerra de sexos que saca a la luz los trapos sucios de las parejas.

Recorrida por un humor negro ácido de principio a fin que ridiculiza a estos caracteres, también resulta un divertimento sin desperdicio, aunque no debe pasarse por alto la reflexión que propone.

El cuarteto de actores está realmente fenomenal en un trabajo exigente, como ya se puede intuir solamente viendo el cartel anunciador. Tanto una visceral Jodie Foster, como Kate Wislet (‘Titanic’), John C.Reilly, y sobretodo Christoph Walz que vuelve a bordar un papel con muchas aristas. Su interpretación es decisiva para elevar aún más el resultado final.

Ochenta minutos sin desperdicio que nos meten de lleno en el lugar de la acción, donde una inteligente realización contribuye a transmitir ese ambiente de tensión, primero contenida y después desatada, que recorre el relato.
Eduardo Casanova (Notas de prensa)




Entrevista con el director


El filme denuncia la hipocresía de lo políticamente correcto. ¿Cómo lo lleva usted en la vida real?
No tengo ningún respeto por lo políticamente correcto. Es hipocresía lo que se esconde tras eso en la sociedad actual. Pero admito que la situación que se presenta en la vida de estos personajes es algo que conozco perfectamente, porque tengo dos hijos de 18 y 13 años y sé los problemas entre compañeros y las conversaciones entre padres y profesores. Es algo a lo que todos los padres hemos tenido que enfrentarnos alguna vez.

En su película son los adultos los que se comportan como niños.
Sí, la única diferencia es que los padres mantienen el cabreo durante largo tiempo, mientras que a los niños se les pasa enseguida.

Mantiene el confinamiento del escenario teatral. ¿Por qué?
Porque de haber llevado la acción fuera de ese confinamiento, que es el apartamento donde vive esta familia, habría resultado muy artificial. No entiendo ese miedo al confinamiento. A mí me resulta muy atractivo. En mi juventud, cuando empecé a aficionarme al cine, me atraían este tipo de películas, como el “Hamlet” de Laurence Olivier, que virtualmente transcurre en un tenebroso castillo con corredores y escaleras. Cuando hice “La muerte y la doncella” (1994), traté de hacer lo mismo que en esta película.

¿Por qué esa fascinación por los espacios cerrados?
No sabría decirle, pero es cierto que desde pequeño me atraían esas películas filmadas entre cuatro paredes, más que ver una película de batallas en grandes espacios entre dos frentes donde no sabes quién pelea contra quién.
Por eso siempre recurro a los espacios cerrados. En mi primera película solo tenía tres personajes, aunque en esa ocasión estaba en un barco.

Escribió parte de este guión cuando estuvo encarcelado (en 2009 fue detenido en Suiza por los cargos de 1977). ¿Influyó eso a la hora de crear las escenas?
En lo único en que influyó mi cautividad es en que me concentré de lleno en escribir. No tenía nada que me distrajera de mi trabajo.

¿Qué diferencia hay entre dirigir a cuatro actores en una habitación y a un ejército de un campo de batalla?
Pura logística. En los grandes espacios, el director tiene que dirigir el tráfico más que a los actores. En esta película, con cuatro actores en una habitación, la dificultad radica en saber quién mira a quién o quién habla con quién, y tú y la cámara estáis ahí como si fuerais el observador, sin pensar en la posición o el movimiento de la cámara.
Pero eso no significa que prefiera esto a los grandes espacios, porque hacer películas como “Tess” (1979) o “Piratas” (1986) supuso un tremendo desafío. Y eso es lo que más me gusta: resolver los problemas técnicos que se te presentan en un rodaje.
Paz Mata- El Dominical- 13 noviembre 2011


sábado, 26 de noviembre de 2011

Melancolía, Lars von Trier, 2011


Título original: Melancholia
Dirección: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Música: Mikkel Maltha
Producción: Coproducción Dinamarca-Alemania-Suecia; Zentropa Entertainments / Memfis Film / Slot Machine / Zentropa International Köln / BIM Distribuzione / Eurimages / Trollhättan Film AB / arte France Cinéma
País: Dinamarca
Año: 2011
Género: Drama. Ciencia ficción
Duración: 136 min.
Intérpretes: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Charlotte Rampling, Alexander Skarsgård, Stellan Skarsgård, Udo Kier, John Hurt, Brady Corbet


Justine (Kirsten Dunst) y Michael (Alexander Skarsgård) celebran su boda con una suntuosa fiesta en casa de su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland). Mientras tanto, el planeta Melancolía se dirige hacia la Tierra... (FILMAFFINITY)


Entrevista al director

Después del ballet inicial del fin del mundo, la película se divide en dos partes. La primera se titula “Justine” y trata de la hermana melancólica y de su boda. La otra se titula “Claire” y se ocupa de la cuenta atrás hasta el final. El director dice: “Si todo se va a ir a la mierda, más vale que empiece bien”.
La melancólica Justine está decidida a ser normal y por eso quiere casarse. “Desea acabar con toda la tontería, las ansiedades y las dudas. Por eso se empeña en tener una boda de verdad. Todo marcha de maravilla hasta que no puede cumplir con sus propias exigencias. ‘¿Eres feliz?’ es una pregunta recurrente, y debe serlo, si no la boda no tiene sentido. “Ahora debes ser feliz”. Todos intentan hacerla participar, pero no le apetece mucho”.

Parece incapaz de ser parte de la situación, ¿no se lo toma en serio?
“No se toma la boda muy en serio. Al principio es un juego; se siente muy bien y puede permitirse bromear con la boda. Pero poco a poco, la melancolía se apodera de ella, separándola de todo lo que ha puesto en marcha. Cuando llega el momento, es incapaz de enfrentarse a la situación”.

Parece estar en otra parte, ¿lo está?
“Sinceramente, creo que añora un naufragio y una muerte repentina, como dijo Tom Kristensen. Y lo consigue. Podemos decir que consigue sacar al planeta de su órbita y se entrega al cataclismo”.

En este caso, ¿no será porque el naufragio le parece más real que un mundo falso?
“Desde luego, está plagada por las dudas. Cuando llega el día de la boda que se ha impuesto a sí misma, la duda se apodera de ella”.

¿Qué duda?
“Si realmente vale la pena. Una boda es un ritual. ¿Hay algo más allá del ritual? Para ella, no”. “Es una lástima que los melancólicos no valoremos los rituales. Las fiestas me pesan, no entiendo eso de “Vamos a pasarlo bien”. Puede que los melancólicos pongan el listón más alto, que no les basten unas cervezas y algo de música. Me parece falso. Los rituales lo son. Pero si los rituales no son nada, entonces pasa lo mismo con todo lo demás”.


Supongo que así lo ve el melancólico, ¿para él todo es hueco?
“Estaría bien que hubiera algún valor más allá del ritual. El ritual es como una película. Tiene que haber algo en la película. La trama de la película es el ritual que nos lleva a lo que hay en el interior. Si hay algo dentro y más allá, puedo entender el ritual. Pero si el ritual es hueco, si ya no es agradable hacerse regalos en Navidad, si no se disfruta con la alegría de los niños, entonces eso de poner un árbol en el salón no tiene sentido”.

Entonces, ¿es esa la eterna pregunta del melancólico, el vacío?
“¿El emperador lleva ropa? ¿Hay un contenido? No lo hay. Es lo que ve Justine cada vez que se enfrenta a la puta boda. El emperador no lleva nada. Se ha sometido a un ritual carente de significado”.

La añoranza de la realidad
Justine, la melancólica, busca el dolor y el drama. “Añora algo que realmente tenga valor, y eso implica sufrir. Es nuestra forma de pensar. La melancolía nos parece más sincera. Preferimos la música, las artes plásticas con un toque melancólico. La melancolía en sí se convierte en valor. El amor infeliz y no correspondido es más romántico que el amor compartido, porque este último no nos parece del todo real, ¿verdad?”

Pero ¿por qué añora el melancólico un naufragio y la muerte repentina?
“Simplemente porque es verdad. La añoranza es real. Puede que no exista una verdad que añorar, pero la añoranza en sí es real. Está dentro de nosotros, es parte de la realidad”.

¿Qué sensación le causa la posibilidad de que el mundo se acabe?
“Si pudiera ser cosa de un instante, la idea me atrae. Ya lo dice Justine: “La vida es malvada, ¿verdad?” La vida es una idea maléfica. Puede que Dios se lo haya pasado bien durante la creación, pero no pensó bastante”. El director se ríe.
“Si el mundo se acabara y todo el sufrimiento y la añoranza desapareciesen en un santiamén, puede que yo mismo pulsara el botón. Habrá muchos que digan: “Vaya, ¿y qué pasa con todas las vidas que no se vivirán?”
Pero me sigue pareciendo algo malévolo”.


¿Qué abunda más en la vida, la tristeza o la alegría?
“La tristeza, ¡maldita sea! Es obvio. Puede que me diga, ¿y el orgasmo? Vale, muy bien. Pero los orgasmos, los Ferrari y otros placeres no tienen mucho peso si los comparamos a la muerte y a los sufrimientos. Y hay mucho más sufrimiento que placer. Además, cuando se disfruta de un día de primavera, también eso es un tipo de melancolía”.
La boda es el último intento de Justine para entrar en la vida en vez de quedarse fuera por añoranza. “Por eso quiere casarse”, dice Lars von Trier. “Piensa que si se obliga a pasar por los rituales, quizá saque algo en concreto. Para salir de una depresión hay que seguir ciertos rituales: paseos de cinco minutos, por ejemplo. Al repetirlo una y otra vez, el ritual adquiere un significado”.

Ya conoce el dicho: Finja hasta conseguirlo.
“Es exactamente lo que intenta hacer, pero sus añoranzas pueden con ella. Su necesidad de verdad es colosal. Creo que es algo que tenemos todos los melancólicos, requerimos la verdad”.

¿La añoranza es el rasgo más preeminente de “Melancolía”?
“Me gusta cómo suenan esas palabras. No hay nada tan emocional como una añoranza melancólica, creo. Evoca la imagen de lobos aullando a la luna”.

Pero puede haber algo bonito hasta la indecencia, ¿no cree?
“Claro, mientras haya una idea detrás. Con Anticristo tenía una sensación maravillosa, nada pulida, pero no me pasa con “Melancolía”. Siempre quise que fuese una película pulida, aunque espero que el espectador rasque y encuentre algo detrás del barniz”.
Lo peor fue cuando me dijeron en Nordisk Film que había imágenes preciosas. Fue un golpe bajo”, dice, riendo. “Si algún día hago una película que les guste, se acabó, no volveré a rodar”.

¿Es una ayuda destruir el mundo?
“Eso espero. El planeta que se acerca crea suspense, al menos. No puede haber mayor suspense que saber que un planeta diez veces mayor que el nuestro está a punto de llevárselo por delante. Supongo que impedirá que la gente se vaya a media película. Además, Thomas Vinterberg dijo algo muy sensato después de verla: ‘¿Cómo se hace otra película después de esto?’”, y se ríe a carcajadas.


La triste alteridad

“Mágico y reflexivo tratado sobre el ego, la vida y la muerte impregnado de un embriagador magnetismo en su segundo segmento que evoca la esencia y los miedos del ser humano."

El fin del mundo se acerca. Y lo hace, a ojos de los de autores europeos, de forma íntima y sin estridencias. Una afirmación que se extrae de dos de los largometrajes de mayor repercusión en la temporada de festivales: 4:44 Last Day on Earth (Abel Ferrara, 2011) y Melancholia (Lars Von Trier, 2011) que se unen a la norteamericana Another Earth (Mike Cahill, 2011) en una mirada introspectiva a la psique humana cuando el final se haya más cerca. En la oscuridad, aparece una recreación fidedigna del espíritu; un dibujo tan turbador cómo lleno de belleza. Es la mejor definición posible para el filme que hoy nos ocupa. Melancholia, es arte en su forma más vehemente, alumbrada por un virtuoso analista de los sentimientos más lúgubres y primarios, una película dotada de la personalidad de un cineasta que hace de su obra su propio retrato.

Von Trier, un genio incomprendido, ha firmado obras claves de la cinematografía europea de los últimos veinte años. Rompiendo las Olas (Breaking the Waves, 1996); Bailar en la Oscuridad (Dancer in the Dark, 2000) o Dogville (2003) son historia viva del cine continental y la constatación de una de la figuras referentes de la historia del cine nórdico. Con una filmografía irregular a sus espaldas, a caballo entre el dogma inicial y la deriva de sus últimas creaciones (Manderlay –2005-- y la poderosa pero insatisfactoria AnticristoAntichrist, 2009-), Von Trier vuelve al camino con Melancholia. Un filme que supone el retorno del nihilismo, de la filosofía irracional y emocional. Lo hace en forma de díptico, con un planeta de grandes dimensiones que amenaza a la Tierra mientras en un lugar de ésta se celebra un peculiar enlace.


Tras una larga y poco acertada “overture” que recuerda levemente a su coetánea El Árbol de la Vida (The Tree of Life, Terrence Malick, 2011), Melancholia se presenta en dos segmentos bien diferenciados. A cada uno le dan nombre sus protagonistas: Justine y Claire. Dos episodios repletos de simbología y un dominio técnico sobresaliente. Desde grandes planos elevados por la sensacional fotografía del operador Manuel Alberto Claro hasta minimalistas enfoques que ahondan en el proceso interior de dos hermanas azotadas por la duda, el miedo y, ahora, el destino. La evolución de ambas es más que evidente tras el paso del metraje. Enorme mérito de unas entregadas actrices con la piel y voz de Charlotte Gainsbourg y Kirsten Dunst. Ellas son la musa que no sólo inspira a su director también a un espectador maravillado con semejante despliegue.

Kirsten Dunst, en el mejor papel de su carrera, compone a una insegura y depresiva Justine. Un personaje que se va cubriendo de tristeza en el día más importante de su vida. Ajena a la catástrofe que se avecina, la paulatina llegada de Melancholia marcha paralelo a la pérdida de la ilusión vital. Este segmento aúna momentos maravillosos con otros frívolos e insustanciales. Cómo ocurre con la apertura, todo se antoja superficial. Por suerte Dunst, rescata la función con esta compleja caracterización que le otorgó la Palma de Oro en la pasada edición de Cannes. No sería descabellado pensar en una nominación a los grandes premios americanos. La Virgen Suicida luce más hermosa y taciturna que nunca. Si Dunst representa la gracia en Melancholia, Gainsbourg es el miedo.


Del vano primer capítulo, a la tensa y maravillosa espera del segundo fragmento. Una parte sobresaliente donde el horror de Claire ante una posible mirada a la muerte llega a nuestro sistema nervioso. Gainsbourg, en su segunda colaboración consecutiva con el director danés, borda una interpretación llena de ansiedad y angustia. Cada ojeada suya al firmamento supone un momento de inflexión en Melancholia.

Un film irregular, con momentos mágicos que golpean nuestro corazón y retina por instantes, con otros menos inspirados y superfluos. Melancholia es más que un drama familiar lleno subterfugios morales y místicos. Es la dicotomía sobre la esencia de la vida. La visión de cada segmento variará según el prisma pero en líneas generales nos encontramos antes una obra sugerente, inteligente y de excelente factura. Es la vuelta del mejor Von Trier.

La vida no vale nada, pero nada vale una vida.”
Albert Camus.

Lo Mejor: Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg.

Lo Peor: La overture y partes frívolas del segmento dedicado a Justine.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Barcelona abans que el temps ho esborri, Mireia Ros, 2011


Título original: Barcelona abans que el temps ho esborri
Dirección: Mireia Rosa
Guión: Javier Baladía, Victoria Bermejo
Fotografía: Julián Elizalde
Música: Mauricio Villavecchia
Producción: Promarfi Futuro 2010
País: España
Año: 2011
Género: Documental
Duración: 100 min.


Barcelona, abans que el temps ho esborri está narrada a través de imágenes de muchas épocas y muchas familias diferentes. Según explica la documentalista, “cuando se realizó la búsqueda y selección de imágenes, no se pretendía conseguir una recreación visual histórica y cronológica de Barcelona y el del devenir de la familia Baladia durante todo un siglo, sino que se quería, por encima de todo, atrapar el espíritu de la burguesía”. De esta manera, para narrar la historia de un momento y unos personajes, no sólo se utilizan las imágenes de los Baladia, sino que se multiplica cada imagen “real” de la familia con muchas otras imágenes que acaban por definir y describir un momento concreto, un paisaje, una manera de vivir.



Con mucho menos eco mediático del que se merece hace un par de semanas se estrenó el documental “Barcelona, antes de que el tiempo lo borre”. Está basado en el libro de Javier Baladia que aparece en el film como hilo conductor y narrador en off.
Estamos ante un trabajo muy interesante de la directora Mireia Ros (Barcelona, 1956), su trayectoria en el mundo del cine es bien curiosa, comenzó muy joven como actriz en películas de destape y cada vez ha enfocado su carrera más hacia la dirección, tiene un par de films muy interesantes en esta faceta “La moños” y “El triunfo”, gran adaptación del texto del recordado Francisco Casavella, en esta ocasión ejerce también como responsable del montaje. “Barcelona abans que el temps ho esborri”, sigue la trayectoria vital de la familia Baladia y nos muestra una época concreta de nuestra historia cercana que merece ser recordada y lo hace nutriéndose de múltiples elementos: películas antiguas de la familia, archivos, fotos, cartas y material elaborado por el equipo del documental. Se nota la mano de Victoria Bermejo como coguionista y codiseñadora de producción (junto a Javier Baladia). El largometraje tiene ritmo y vida propios, decae en algún momento pero recupera brío casi de inmediato. Su lenguaje se acerca a la ficción. Varias generaciones aparecen en pantalla y muestran una forma de ver el mundo que se ha perdido. Hay varios escenarios: Madrid, el Maresme, la Costa Brava, París, etc.
Hay algún subrayado gratuito, aunque algunas anécdotas como el origen del término “culé” son impagables.
Los Baladia vivieron días de esplendor y formaron parte de la sociedad catalana que cambió para bien el panorama.
La música de Mauricio Villavecchia apuesta por subrayar y termina potenciando la acción.
No es una película totalmente redonda, pero se nota que busca la excelencia.
José López Pérez (El blog de cine español)




Barcelona, antes de que el tiempo lo borre, está narrada a través imágenes de muchas épocas, de muchas familias, de muchos momentos…   
Hemos querido captar la evolución de una ciudad, Barcelona, desde la Revolución Industrial y las Exposiciones Universales (1888 y 1929)  hasta la ciudad turística que es hoy y retratar una forma de vida, la de la burguesía, que hizo prosperar esta ciudad.  
El  criterio con el que se ha realizado el exhaustivo trabajo de documentación y de selección de imágenes no ha sido el de pretender conseguir una recreación visual histórica cronológica de Barcelona y del devenir de la familia Baladia  durante todo un siglo. Hemos trabajado sobre la idea de que las imágenes, aunque que no siempre se correspondan al momento histórico en el que trascurre la acción, tengan todas un mismo sentido, una misma intención: atrapar el espíritu de esa burguesía.    
Hemos multiplicado cada  imagen “real” de la familia Baladia, de Teresa, de Isabel, de Padri, de Gip, de Mimi…por muchísimas otras imágenes, que acaban resultando un mismo momento, una misma mujer, un mismo paisaje… una forma de vida. Son las "películas familiares", - inéditas - rodadas y cedidas por alguno de los descendientes de esta burguesía,  la clave para convertir al espectador en cómplice, -voyeur– invitándolo a conocer cómo vivió una elite privilegiada, cosmopolita y culta.  
Descubrimos casi sin pretenderlo que la imagen de una familia es igual a la de otra familia. Bodas, bautizos, meriendas campestres, playas, jardines… en un momento, no lo olvidemos, en el que sólo unos pocos disponían de una cámara de cine para atrapar el tiempo. Material filmado por más de treinta familias, a las que agradecemos su gran colaboración, porque sin ellas, esta película no hubiese sido posible.
Este material de archivos particulares, que ilustra toda la historia familiar, es el corazón de la película mientras que las imágenes filmadas en el estudio del autor ilustran su universo creativo en el momento previo a la escritura, cuando está recogiendo elementos que componen un puzzle en el que va inspirándose para escribir su novela.  
La película combina imágenes de archivo, fotografías, cuadros, tomas documentales de los escenarios en los que transcurrieron las vidas de la familia Baladia.  
Diferentes formatos con mezclas de texturas, colores, saturaciones, contrastes, para retar la Barcelona de hoy. 
El resultado es un collage multiformato en que tanto el lenguaje como las texturas componen la idea de universo creativo, que nos acompañan en el viaje a través de los recuerdos del escritor.
(Extraído del Dossier de Prensa)