Mostrando entradas con la etiqueta estrenos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estrenos. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de enero de 2013

Amor (Amour, Michael Haneke, 2012)



Título original: Amour
Dirección: Michael Haneke
Guión: Michael Haneke
Fotografía: Darius Khandji
Música: Franz Schubert, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach
Producción: Coproducción Francia-Alemania-Austria; Les Films du Losange / X-Filme Creative Pool / Wega Film / France 3 cinéma / ARD degeto / Bayerischer Rundfunk / Westdeutscher Rundfunk / Canal + / France télévisions
País: Austría
Año: 2012
Género: Drama
Duración: 127 minutos
Reparto: Jean-Louis Trintignant como Georges, Emmanuelle Riva como Anne, Isabelle Huppert como Eva, William Shimell como Geof, Ramón Agirre como Conserje, Rita Blanco como Esposa del conserje, Alexandre Tharaud como Alexandre, Carole Franck como enfermera 1, Dinara Droukarova como enfermera 2.


   

Crudo retrato de la vejez y de la muerte. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva forman una pareja ya octogenaria, músicos retirados, que viven en París. Isabelle Huppert interpreta a la hija de ambos. El amor de la pareja será puesto a prueba en el momento en que ella sufre una grave parálisis. (FILMAFFINITY)







 

martes, 18 de diciembre de 2012

De óxido y hueso (De rouille et d'os, Jacques Audiard, 2012)



Título original: De rouille et d'os
Dirección: Jacques Audiard
Guión: Jacques Audiard, Thomas Bidegain, Craig Davidson
Fotografía: Stéphane Fontaine
Música: Alexandre Desplat
Producción: Coproducción Francia-Bélgica; France 2 Cinéma / Les Films du Fleuve / Page 114
País: Francia - Bélgica
Año: 2012
Género: Romance. Drama. Intriga
Duración: 120 minutos
Reparto: Marion Cotillard como Stéphanie, Matthias Schoenaerts como Alain van Versch, Armand Verdure como Sam, Céline Sallette como Louise, Corinne Masiero como Anna, Bouli Lanners como Martial, Jean-Michel Correia como Richard, Mourad Frarema como Foued, Yannick Choirat como Simon




Ali se encuentra con Sam, de 5 años, en los brazos. Es su hijo, al que apenas conoce. Sin domicilio, sin dinero y sin amigos, Ali encuentra refugio en casa de su hermana en Antibes. Allí, enseguida todo mejora; ella los aloja en el garaje, se ocupa del pequeño y el clima es agradable. Tras una pelea en una discoteca, su destino se cruzará con el de Stéphanie, una domadora de orcas en Marineland. (FILMAFFINITY)


-











domingo, 2 de diciembre de 2012

César debe morir (Cesare deve morire, Paolo y Vittorio Taviani, 2012)




Título original: Cesare deve morire
Dirección: Paolo Taviani y Vittorio Taviani
Guión: William Shakespeare, Paolo Taviani y Vittorio Taviani
Fotografía: Simone Zampagni
Música: Giuliano Taviani y Carmelo Travia
Producción: Kaos Cinematografica, Stemal Entertainment, Le Talee, La Ribalta-Centro Studi Enrico Maria Salerno, Rai Cinema
País: Italia
Año: 2012
Género: Drama
Duración: 76 minutos
Reparto: Cosimo Rega como Cassio, Salvatore Striano como Bruto, Giovanni Arcuri como Cesare, Antonio Frasca como Marcantonio, Juan Dario Bonetti como Decio Vincenzo, Gallo como Lucio, Rosario Majorana como Metello, Francesco De Masi como Trebonio, Gennaro Solito como Cinna, Vittorio Parrella como Casca, Pasquale Crapetti como Legionario, Francesco Carusone como Fortune Teller, Fabio Rizzuto como Stratone, Fabio Cavalli como Theatre Director, Maurilio Giaffreda como Ottavio



Docuficción sobre los talleres teatrales que organiza en la cárcel romana de Rebibbia el director Fabio Cavalli, que ensaya con los presos obras de Shakespeare. Los ensayos y la representación final del "Julio César" se alternan con la vida cotidiana de los reclusos. (FILMAFFINITY)







miércoles, 11 de enero de 2012

La conspiración, Robert Redford, 2010


Título original: The Conspirator
Dirección: Robert Redford
Guión: James D. Solomon,  Gregory Bernstein
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Música: Mark Isham
Producción: The American Film Company / Wildwood Enterprises
País: Estados Unidos
Año: 2010
Género: Drama
Duración: 122 min.
Intérpretes: James McAvoy como Frederick Aiken, Robin Wright como Mary Surratt, Kevin Kline como Edwin Stanton, Evan Rachel Wood como Anna Surratt, Danny Huston como Joseph Holt, Justin Long como Nicholas Baker, Tom Wilkinson como Reverdy Johnson, Alexis Bledel como Sarah Weston, Johnny Simmons como John Surratt, Norman Reedus como Lewis Payne, Jonathan Groff como Louis Weichmann, James Badge Dale como William Hamilton, Toby Kebbell como John Wilkes Booth, Stephen Root como John Lloyd, Colm Meaney como David Hunter.


En 1865, tras el asesinato de Abraham Lincoln, ocho personas son detenidas y acusadas de conspirar para matar al presidente, al vicepresidente y al secretario de Estado. Entre ellas está Mary Surratt (Robyn Wright), la dueña de una pensión, donde John Wilkes Booth (Toby Kebbell), el autor material del magnicidio, y sus cómplices se reunieron y planearon el atentado. Mientras el resentimiento contra el Sur domina a las autoridades de Washington, el joven abogado Frederick Aiken (James MacAvoy), héroe de guerra unionista, se ve obligado a defender a Surrat ante un tribunal militar. Sin embargo, muy pronto empieza a sospechar que su defendida podría estar siendo utilizada como señuelo y rehén para capturar a su hijo John (Johnny Simmons). Con el país entero en contra de Surratt, Aiken es el único que se encuentra en condiciones de averiguar la verdad y salvarle la vida. (FILMAFFINIY)


Vale, veamos cómo lo montamos para que no se desestime la lectura de este texto desde ya. Robert Redford, otrora guapo guapísimo del cine, vuelve a la carga colocándose detrás de la cámara, para adaptar la historia del juicio a la señora Mary E. Surratt, madre de uno de los asesinos del presidente Abraham Lincoln. ¿Queda alguien? La película dura dos horas bien cargadas, y toda la acción posible, residente en la caza y captura de los conspiradores y/o asesinos, se ventila en apenas un minuto y algo. La conspiración no quiere saber nada de eso; quiere ir de seria y por eso centra la práctica totalidad de sus esfuerzos en el juicio en sí. Oh, y esa buscada seriedad ha colado con más de uno, que ahí están James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Justin Lin, Evan Rachel Wood y tantos otros, entre quienes se podrá reconocer (pese a sus pelucas y vello facial postizo) a actores de series punteras de la HBO y la AMC. Pero alto ahí, que seguro que alguien ya empieza a olerse la tostada: no, no me atrevo a decir que estemos ante una mala película, ni mucho menos. Pero sí creo que podría haber sido resuelta infinitamente mejor, por lo que final, la decepción no me la quita nadie.
Del lado positivo, toca señalar que estamos ante una película más que eficiente en la mayoría de sus aspectos. Por encima de todo, destacan las interpretaciones, por lo general contenidas y creíbles. Y nadie puede poner en duda su factura técnica, salvo quizás por un maquillaje que en ocasiones roza lo ridículo. Del mismo modo, el habitual savoir-faire del Redford queda reflejado aquí con una película de corte elegante y sobrio, que además salvo en puntuales ocasiones (ese prólogo innecesario) bien podría haber sido una obra teatral, con las dificultades que ello conlleva. Parabienes de rigor expuestos con religiosidad, toca pasar ahora a la verdadera enjundia del asunto, el "algo más" que justifica a día de hoy una revisión de semejantes hechos históricos. Es de esperar que un cineasta dispuesto a tirar de pasado, lo haga bien por un afán documentalista, bien porque crea que el discurso que vaya a exponer sea perfectamente extrapolable a la actualidad. Y lo segundo es lo que hace La conspiración, que consigue poner en entredicho no tanto la eficacia del sistema judiciario de entonces, sino el de hoy en día al constatar que en casi 150 años apenas se han mejorado algunas de sus más importantes lagunas.


Ahora bien, todo lo que tiene de bueno en su esencia, apunto está de perderlo (para un servidor se pierde totalmente, pero concedámosle cierto margen de error) en su puesta en práctica. Si bien ciertas temáticas aún pueden mantenerse a día de hoy, desde lo que no se puede hacer es retomar un estilo de película agotado hace años, puesto que así sólo se confunde lo histórico con lo que ya es historia. Y por ahí cojea el film de Redford. Un film que por mucho que se disfrace de otras cosas y épocas, a la postre no es más que la típica sucesión de clichés de un thriller judiciario de principios de los 90, año arriba, año abajo. Desde el abogado joven que acepta un caso en el que ni él mismo cree al principio, a los problemas con la vida social (aka novieta) que acarrea el meterse demasiado en él. Aunque en general, es toda la evolución de la cinta; hasta a los flashback es capaz de recurrir, con resultados francamente pobres. La sucesión de lugares comunes es tan burda, que de no ser porque afortunadamente, la historia en sí obliga a poner un final ligeramente distinto al esperado, uno podría haberse aventurado a acertar desde el primer minuto cómo iba a acabar absolutamente todo.


Lo decía antes y lo mantengo ahora: La conspiración no es una mala película, puesto que el solo hecho de tener un mensaje tan claro la hace tener una razón de ser. Pero más allá de eso, a un servidor le cuesta entender cómo es posible que a día de hoy aún haya quien conciba un tipo de cine así, tan rancio, tan pasado de moda. Y es que no nos engañemos, si lo último de Redford se estrena en pantalla grande lo hace únicamente por dos motivos. El primero es el nombre del propio Redford, así como del resto de implicados. Y el segundo, porque van ataviados con ropa de época, y eso siempre sube el caché de una producción. De lo contrario, ni de lejos hubiéramos sabido de ella más que reconvertida a película de sobremesa de domingo por la tarde.
6/10
Por Carlos Giacomelli (La Casa de los Horrores)


miércoles, 28 de diciembre de 2011

In Time, Andrew Niccol, 2011



Título original: In Time
Dirección: Andrew Niccol
Guión: Andrew Niccol
Fotografía: Roger Deakins
Música: Craig Armstrong
Producción: Regency Enterprises, New Regency Pictures, Strike Entertainment
País: Estados Unidos
Año: 2011
Género: Ciencia ficción. Acción. Thriller
Intérpretes: Justin Timberlake como Will Salas, Amanda Seyfried como Sylvia Weis, Vincent Kartheiser como Philippe Weis, Cillian Murphy como Raymond Leon, Johnny Galecki como Borel, Olivia Wilde como Rachel Salas, Alex Pettyfer como Fortis, Matt Bomer como Henry Hamilton, Rachel Roberts como Carrera, Yaya DaCosta como Greta


Ambientada en una sociedad futura. El hallazgo de una fórmula contra el envejecimiento trae consigo no sólo superpoblación, sino también la transformación del tiempo en moneda de cambio que permite sufragar tanto lujos como necesidades. Los ricos pueden vivir para siempre, pero los demás tendrán que negociar cada minuto de vida, y los pobres mueren jóvenes. Después de conseguir, por casualidad, una inmensa cantidad de tiempo Will Salas (Justin Timberlake), un joven obrero, será perseguido por unos policías corruptos conocidos como "los guardianes del tiempo". En su huida Will tomará una rehén (Amanda Seyfried), una joven de una familia adinerada. (FILMAFFINITY)


Hecho uno. En un mundo donde todo, idea arriba idea abajo, parece estar inventado, la audacia del narrador visionario colinda -ya se sabe- mediante una finísima línea con el más absoluto ridículo. Y es que insensatas empresas se han visto durante el tiempo que dista entre que el hombre empezó a fabular y hoy mismo en ese terreno en el que el éxito cesarino y el fracaso más perruno -primos cercanos- mantienen relaciones incestuosas de las que puede brotar, como un repollo, un precioso niño de mirada clara enfocada hacia el futuro o bien un indeseado monstruete de ojos estrábicos y varios dientes de menos. Vamos, que hay que estar muy loco o ser muy macho (metáfora, nada que ver con la genitalia) para encarar un Relato de Sociedad Distópica y Demás.
Hecho dos. El Relato de Sociedad Distópica y Demás siempre se trae consigo un fardo de implicaciones, quiero creer, de lactosa bien agriada –ayogurada a consciencia- y connotaciones sociales que quieren dar (si acaso de manera algo paradójica) explicaciones a la parte más miseroide de nuestra ya de por sí miserable realidad. Relatos de futuro, sí, pero para explicar el presente, en el mejor de los casos. En el peor (el escenario que todos deberíamos esperar) para arrearle una buena coz hepática.
Hecho tres. La etiqueta de visionario se vende barata de un tiempo a esta parte.


Existen, en este nuestro panorama de la autoría cinematográfica de corte cienciaficticia, no sólo tres sino todos los hechos inferibles que a uno se le antojen, por qué no. Pero para qué gastar la mierda en pedos, perdonad mi francés, cuando lo que tenemos delante confirma por la vía pesimista el hecho uno, por la burda el dos y por la insultantemente evidente el tres. Traducido: lo último de Andrew Niccol se pretende genialidad pero abraza el dislate. Busca la catarsis psicodramática social y llega al banderolismo naïf de manifa improvisada (y pijales) y en consecuencia: no, este tipo no es ningún visionario. No lo era cuando escribió El Show de Truman (bonita, pero recalentada) ni cuando dirigió Gattaca (bonita, efectiva, pero... eso), ni mucho menos con la cosa esa de S1m0ne, y desde luego no lo es ahora con este mamotreto que se pasa por el arco de triunfo las audacias de Philip K. Dick (previo manoseo por las partes internas del contraforro de abrigo del pobre autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) para parir una idea realmente alucinante, "el tiempo es la nueva divisa", high concept de la temporada, y armar a partir de ahí un circo de acción en el que cada beat, cada línea de diálogo y cada giro dramático sólo aguanta el tipo cuando se lo compara con el inmediatamente posterior. Y así no se puede. Que una cosa es mantenerse en los márgenes de lo increíble y otra cosa rebasar cualquier tipo de verosimilitud. A eso se le llama fidelidad a un universo; y con semejante armatoste literario, la fidelidad se hace imposible. Así, no se puede.


Porque la bondad de la intención y el gesto comprometido de un presunto revolucionario como Niccol, tan pendiente de la evocación setentera del género que encontró en esa década y la siguiente un terreno en el que dispararse creativamente justo a las puertas de la tecnificación bestia y la masificación autocarnívora, quedan en casposo intento de trascendencia por el atajo más corto. Efectivamente, en todo esto se dan la mano Cuando el destino nos alcance, THX 1138 o Naves misteriosas, bajo un argumento más o menos profanado de La fuga de Logan (aquí, a menos que tengan ahorros de tiempo, la gente muere cinco años antes que allí) y con una lectura glocal. A las viejas reivindicaciones por una sociedad más justa y un reparto más equitativo de la riqueza (poco sutil metáfora la de In Time) aquí puede adscribírsele, parece querer decir Niccol, nuestra más directa realidad. La de los indignados y los movimientos de ocupación de Wall Street. Etcétera. Siempre necesario, casi nunca lo suficientemente impregnado de la fuerza, la punteria y la tocacojonez necesaria.
Porque, sea por el empaque de blockbuster (¿Justin Timberlake y Amanda Seyfried? vamos, hombre), sea por sus en otras circunstancias nada reprochables voluntades escapistas, al final de puro candor la cosa termina retozando en un lodazal en el que Robin Hood, Bonnie & Clyde, James Bond y Bernard Marx aparecen como punto de partida no desarrollado. Esto es, en In Time no hay transgresión, no hay audacia, no hay punk.
Hay efectismo, claro. Atmósfera retrofuturista con una ambientación vaporosa (literalmente, de vapor industrial) y un tratamiento de la fotografía que vende el gato de una planificación funcional o peor a precio de liebre, cortesía de una iluminación resultona y en algunos casos hasta expresiva. Y un carrusel de personajes planos o arquetípicos (de manual el misterioso benefactor/confidente que sabe la verdad y que, una vez vaciado de significado argumental, sólo tendrá un posible destino) capitaneados por un héroe idealista y una princesa reconvertida en mendigo por obra y gracia de una sucesión de acontecimientos y hechos que cuando no maman de la arbitrariedad lo hacen del puro capricho narrativo de un guión cimentado en el por que lo digo yo.


O sea, que van a aparecer por la otra esquina de lo cool una pandilla de avezados, cazadores de lo fallido y gracias a ellos se va a poder canonizar al señor Niccol como a una especie de Nolan albondiguero, convertirlo en un Playmobil Antiglobalización de bolsillo o en un visionario de la ciencia ficción de mensaje ascético y envoltorio guapo, guapo.
Pero qué queréis que os diga, cuando la falta de riego sanguíneo en la cabeza produce tales cantidades industriales de caspa a mí lo que me da es por rascarme el cuero cabelludo con fruición simia hasta la herida o la calvicie. Mucho me temo que con In Time, va a ser lo segundo. Porque ya digo, sangre en vena, más bien poca.

4/10

martes, 27 de diciembre de 2011

Contagio, Steven Soderbergh, 2011


Título original: Contagion
Dirección: Steven Soderbergh
Guión: Scott Z. Burns
Fotografía: Steven Soderbergh
Música: Cliff Martinez
Producción: Warner Bros. Pictures, Participant Media, Imagenation Abu Dhabi FZ, Double Feature Films, Regency Enterprises
País: Estados Unidos
Año: 2011
Género: Drama. Thriller
Duración: 106 min.
Intérpretes: Matt Damon como Mitch Emhoff, Kate Winslet como Dr. Erin Mears, Laurence Fishburne como Dr. Ellis Cheever, Marion Cotillard como Dr. Leonora Orantes, Jude Law como Alan Krumwiede, Gwyneth Paltrow como Beth Emhoff, Bryan Cranston como Lyle Haggerty, Jennifer Ehle como Dr. Ally Hextall, Sanaa Lathan como Aubrey Cheever, Elliott Gould como Dr. Ian Sussman, John Hawkes como Roger, Chin Han como Sun Feng, Monique Gabriela Curnen como Lorraine Vasquez


De repente, sin saber cuál es su origen, un virus mortal se propaga a nivel mundial y, en pocos días, empieza a diezmar a la población. El contagio se produce por mero contacto entre los seres humanos. Un thriller realista y sin efectos especiales sobre los efectos de una epidemia que se centra en la enfermedad que causa el virus a través de varias líneas argumentales.(FILMAFFINITY)


Notas del director

“Creo que siempre es interesante ver a gente enfrentándose a un problema real, especialmente cuando el tiempo corre en su contra, donde lo que está en juego no puede ser más importante”, afirma el director Steven Soderbergh, cuya nueva película, Contagio, plantea la duda de qué podría ocurrir, a nivel personal, nacional y mundial, si una enfermedad mortal desconocida se multiplicase a velocidad de vértigo, siendo capaz de propagarse sin control. ¿Cómo empezaría?, ¿Cómo se transmitiría?, ¿Cómo nos enfrentaríamos a ello? 
La inspiración para Contagio le llegó gracias a una conversación que él cree que “cualquiera podría tener”. Mientras trabajaban juntos en proyectos anteriores, como El soplón (The Informant!), Soderbergh y el guionista Scott Z. Burns viajaron mucho. Burns recuerda: “Steven y yo pasábamos mucho tiempo en el avión y hablábamos de que parece que a menudo la gente se enferma cuando viaja. Así que la idea empezó siendo la vulnerabilidad del ser humano en lugares públicos. Creo que todos nosotros, cuando enfermamos, tendemos a pensar con quién hemos estado los días anteriores, con quién hemos hablado, con quién nos hemos sentado o a quién hemos tocado. Es la naturaleza humana”.


Compartir el aire con un pasajero contagiado, llevar objetos portadores de bacterias e inconscientemente frotarse después los ojos, puede desembocar en un molesto resfriado, pero los dos empezaron a especular, ¿qué pasaría si estas interacciones comunes e inocentes hicieran circular algo peor? ¿Y si se propagara rápidamente por todo el mundo? 
La gente podría morir sin saber por qué. 
Y lo que es peor, en el intervalo de horas entre el contacto y la aparición de los síntomas, sería imposible averiguar quién lo tuvo primero o quién será el siguiente.
Contagio es la colaboración más reciente de Matt Damon con Soderbergh, que interpreta a uno de los personajes principales de la película y afirma: “Steven explota todos los elementos de sus películas, resultan rápidas y amenas. Para un tema como este, en el que el ritmo de la película refleja la progresión de la infección y cómo todo forma una espiral fuera de control, quieres ver esa sensación de aceleración. Sabe exactamente cómo mantener vivas múltiples amenazas y acabar con cada una de ellas en el momento adecuado. La historia es muy dinámica”.
“No es habitual tener la oportunidad de hacer una película que toque temas que afecten a todo el mundo y sea a la vez una película entretenida de suspense”, afirma Soderbergh. “Cuando Scott y yo hablamos de hacer una película seria sobre una pandemia, pensé que debido a lo que está ocurriendo en el mundo, más todos los adelantos en medicina y tecnología, teníamos que acercarnos lo máximo posible a la realidad”. Admite: “Después de todo lo que hemos investigado, ahora no volveré a pensar igual sobre la forma en la que interactuamos. No te puedes meter de lleno en este mundo, y no cambiar tu percepción después de haber tomado consciencia de ello”.
Esa concienciación, uno de los temas de la película, va aumentando a medida que el virus se extiende.


Lo que hace que Contagio sea tan aterradora, tanto a nivel intelectual como emocional, es que aunque sea ficción, es una película basada en ciencia real y en posibilidades reales, y visto desde el drama que supone para cada persona y para cada relación, que podrían cambiar o perderse para siempre. “Es importante que estos personajes sientan y padezcan como las personas normales y que no sean solo meros expertos médicos o profesionales en el campo”, comenta Kate Winslet, que interpreta a una doctora que trabaja en uno de los primeros focos identificados de la enfermedad. “Accedes al mundo de la epidemia a través de personas”.
Steven siempre pregunta: ‘¿Qué hay de real aquí, qué podría ocurrir y qué dirían?’, porque lo real es a menudo más escalofriante e ingenioso que cualquier cosa que puedas inventar”. Teniendo eso en mente, los cineastas se informaron y documentaron en el centro de prevención y control de enfermedades, y preguntaron a otros expertos en enfermedades contagiosas. Estos han sido los asesores técnicos de la película y al final, Sher llegó a la conclusión: “Creo que la pregunta que plantea Contagio no es si esto puede ocurrir, sino más bien cuándo ocurrirá”. Burns está de acuerdo: “La epidemia de gripe de 1918 causó 50 millones de muertos, la quinta parte de la población en ese momento, y más de la suma total de muertos de la Primera Guerra Mundial. La enfermedad se expandió de forma exponencial. Solamente hacen falta 30 pasos para pasar de uno a mil millones. Teniendo en cuenta el período de incubación, podríamos alcanzar ese número en 120 días”.


Sin embargo, la ciencia y las estadísticas cuentan solamente una parte de la historia. Haciendo un gran esfuerzo por esbozar un cuadro que él califica como “épico en escala y ambición pero también de carácter íntimo”, Soderbergh sigue el progreso de la pandemia desde varios puntos de vista muy personales, a través de vías que avanzan simultáneamente y que interfieren entre sí, pero no necesariamente se cruzan. En este sentido, Contagio no refleja solamente los actos de valor y sacrificio de la gente normal ni de los profesionales que se comprometen a protegerla, sino también las decisiones no tan acertadas tomadas en base a las emociones que es lo que les hace ser quienes son. En el proceso, añade: “Cada personaje afronta un aspecto de su vida al que nunca se habría enfrentado si esta enfermedad no hubiera salido a la luz”.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Pina, Wim Wenders, 2011



Título original: Pina
Dirección: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Thom Hanreich
Producción: Coproducción Alemania-Francia-GB; Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF) / Neue Road Movies
País: Alemania
Año: 2011
Género: Documental. Musical
Duración: 100 min.
Intérpretes: Pina Bausch, Regina Advento, Malou Airaudo, Ruth Amarante, Rainer Behr, Andrey Berezin, Damiano Ottavio Bigi, Bénédicte Billet


Homenaje de Wim Wenders en 3-D a la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, maestra de la danza, en un documental que recoge principalmente los testimonios de sus colaboradores. (FILMAFFINITY)


Nacida en el contexto de las grandes vanguardias europeas del siglo XX, la danza expresionista, también llamada abstracta, es fundamentalmente la recuperación del movimiento libre, el desarrollo de una relación más dinámica con el espacio, y sobre todo la posibilidad de autoexpresión mediante el cuerpo. Es, en palabras de Pina Bausch, evocación, una ilusoria solución a la imposibilidad de la comunicación.



La película Pina, de Wim Wenders homenajea a la coreógrafa alemana, directora de obras como Tannhäuser, Ifigenia en Taúride, y La Consagración de la Primavera entre otras, pero rehúye los códigos del documental realista. Pina, de Wenders, elogia la figura de una mujer innovadora que reinventó los cánones de la danza clásica para mostrar la realidad y la capacidad del movimiento como transgresión. A finales de los años setenta apareció el concepto de ballet postmoderno, refiriéndose a un conjunto de rupturas, tanto estéticas como expresivas, que Wim Wenders presenta en su película y que potencia gracias a la utilización del 3D: la eliminación de la perspectiva unidimensional en favor de los espacios abiertos, ampliándolos; la revalorización de lo cotidiano y de los lugares comunes; el continuo humano en su expresión más trivial, incluyendo en estos cambios los sonidos ambientales. Y entre ellas, también el abandono de las tablas del teatro clásico por las superficies naturales y urbanas. Todo ello es parte de un estilo que alcanza su máxima expresión con Pina y su compañía, la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch.

"Bailad, bailad o estaréis perdidos". La muerte de Pina antes del inicio del rodaje fue un golpe muy duro, pero los bailarines decidieron continuar con la obra de la compañía y con el proyecto de Wenders. Interiorizaron el método de trabajo de Pina Bausch, y con sus respuestas bailadas, con sus coreografías, dieron forma a la película. El principio básico de la filosofía de Pina se encuentra en sus palabras: no estaba tan interesada en cómo se movían sus bailarines, ella quería saber qué los movía. Ese acercamiento a la danza que Wim Wenders califica de "fenomenológico"[1], se trasmite a la perfección en su película, que está impregnada de una nostalgia futurista, del Sehnsucht[2] que caracterizó muchas de las piezas de Pina Bausch.



Los bailarines, que son los verdaderos motores del relato, muestran cómo se implicaban en la construcción de las obras, siguiendo el peculiar método de la directora, presentando sus propios miedos y deseos, poniendo de manifiesto toda su vulnerabilidad. Lo que el documental (o esta fantasía) evidencia, es como toda esa gestualidad de lo cotidiano, ese borboteo de gestos físicos y emocionales, se traducían de la mano de Bausch en composiciones llenas de originalidad, y sobre todo de cruel humanidad. Al trabajar con los miedos, los deseos, y también los complejos, las composiciones y escenas que Wenders nos presenta están henchidos de un desgarro total. De la mano de Pina, el ámbito de lo terrible, toda nuestra humana intimidad, se encarna sobre el escenario. De igual manera que lo plasmaron los expresionistas, como deja traslucir Wenders, la obra de Pina está llena de crueldad e ironía, y también de fragilidad y de una tremenda inseguridad, que siempre acaba materializándose en fuerza.



La película, al igual que las obras de Pina Bausch, no sigue una estructura narrativa lineal, ambas están construidas a partir de capítulos, representados en la película por el discurso-composición de cada uno de los bailarines que formaban el ballet, la intervención de cada uno de ellos se inicia siempre con una no-entrevista, un "retrato silencioso", en la que el bailarín es presentado sobre un fondo oscuro donde es la voz en off la que guía al espectador, para finalmente culminar en imágenes impactantes de la experiencia individual de cada bailarín.

Wim Wenders parece seguir en su filmación el estilo que caracterizó a Pina. Como ella, explora las posibilidades de la danza y del teatro, y traslada las fronteras clásicas de la danza a lugares que antes no se habían experimentado: una montaña, el desierto, una casa de paredes de cristal, una mina. El director hace bailar a la cámara y sumerge al espectador en las sensaciones, valiéndose de las diferentes texturas y materiales que se suceden en el film: el agua, la tierra, el asfalto o la hierba. Pina de Wim Wenders manifiesta esa relación tan especial que inaugura la película: la de la danza y el 3D, dos lenguajes que se complementan y se retroalimentan. Los cuerpos cobran en la pantalla una nueva forma, se abandona lo plano para alcanzar una corporeidad no conocida hasta entonces y una voluptuosidad inusitada.

[1] Palabras extraídas de la entrevista realizada por Violeta Kovacsics a Wim Wenders. Cahiers du Cinema España, Caimán Ediciones, Septiembre 2011. Traducción de Juanma Ruiz.
[2] Término alemán, para el que no existe una traducción precisa, y que es una especie de enfermedad de la nostalgia.

Débora García Sánchez-Marín (El espectador imaginario)