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domingo, 4 de diciembre de 2011

Dos punkis i un vespino


Es Navidad, en todos los hogares se reúnen las familias y realizan el eterno ritual de siempre, cantan villancicos, brindan con cava y se empalagan de barquillos y turrones, sin saber que en una gasolinera perdida en medio de la nada sucede algo insólito.
Por la gracia del destino, aparecen allí dos punkis, hermanos de sangre y compañeros de viaje. Nómadas por convicción, se trasladan continuamente de un lugar al otro por la simple necesidad de sentirse libres.
Sus mínimas pertenencias, las llevan en una pequeña mochila. Viajan siempre acompañados de su vespino, pero en esta noche fatídica, la moto desbarajustada les ha abandonado a medio camino y se ven obligados a refugiarse debajo del techo de la gasolinera. ¿Quieres saber qué pasará?

Ficha artística:
Dramaturgia: Marilia Samper y Llàtzer Garcia.
Dirección: Marilia Samper.
Reparto: Ray: Javier Beltran, Jota: Oriol Casals, Carol: Muguet Franc, El Gasolinero: Xavi Frances.
Escenografía: Enric Planasç.
Vestuario: Gimena Gonzalez Busch.
Jefe técnico e Iluminación: Jordi Berch.
Producción y distribución: Xevi Gomez.


Dos punkis, un vespino i molt de Bitter Kas
Haig de reconèixer que el panorama, a priori, no em pintava gaire clar: en una gasolinera, durant la nit de Nadal, coincideixen dos punkis als qui se’ls hi ha espatllat la moto (Javier Beltrán i Oriol Casals), una noia que acaba de fugir del sopar familiar (Muguet Franc) i el dependent (Xavi Francès), un home una mica frustrat que no té res més important a la seva vida que fer bé la seva feina. Aparentment entre ells no hi ha res que els uneixi, però a mesura que passen els minuts, no gaires, ens adonem que tots tenen la necessitat de fugir i que la benzinera podria ser la sala d’espera d’un hospital, una estació de tren, l’aeroport o qualsevol restaurant. És a dir, la benzinera és el punt, fred i allunyat de tot en aquest cas, on quatre vides amb inquietuds ben diferents es troben. Arriben desorientats i sense saber-ho, poc a poc i a glop de Bitter Kas (amb alguna cosa han de treure la set), van descobrint allò que necessiten.

I si dic que la cosa no em pintava gaire clara és perquè davant de personatges com aquests, un tem que la directora (Marilia Samper) s’hagués conformat amb tirar d’estereotips. Almenys, sembla difícil resistir-s’hi. Però ben aviat es pot veure que el que interessava als autors d’aquesta obra (la pròpia Samper i Llàtzer Garcia) no era fer una paròdia sobre les aparences, sinó reflexionar sobre els conflictes interns de cadascun dels personatges i, en aquest sentit, la direcció manté fidel la idea del text. Aquest encert el podem sumar a uns papers ben caracteritzats i a unes interpretacions que en cap moment es deixen menjar pels seus personatges: per exemple, els punkis es comporten com a punkis, però poc a poc van deixant entreveure les seves individualitats i els seus maldecaps i allò que al principi era simple caracterització social passa a convertir-se en una mena de necessitada reivindicació del jo.

L’obra, que es pot veure al Teatre Gaudí Barcelona (TGB) fins el 15 de gener, arriba de la Nau Ivanow amb l’aval del Premi al millor projecte d’escenificació de l’Institut del Teatre 2010. La jove companyia La Brava va néixer després de què els actors Casals, Beltrán i Franc coincidissin amb Samper en l’equip d’Els nois d’història, l’obra d’Alan Bennet dirigida per Josep Maria Pou amb la que el Teatre Goya va reobrir les seves portes. Un projecte comú de baix pressupost que es consolida en la primera actuació de Dos punkis i un Vespino al TGB sota l’atenta mirada, en primera fila, del propi Pou: el seu somriure devia indicar que els seus nois han picat pedra i han trobat or. Esperem que amb propostes tan engrescadores, valentes i encertades com aquesta, la companyia La Brava faci que aquest or segueixi brillant en el futur.
Manel Haro (El blog de las odiseas)

 

viernes, 21 de octubre de 2011

Pentateatre Atòmic


Esto dice la publicidad de la obra:

"¿Alguna vez has visto una obra de teatro en un lavabo? ¿Y un musical en una cocina?" 
La propuesta teatral más divertida y original de la cartelera barcelonesa se instala ahora en el Alexandra Teatre. Pentateatre Atòmic son 5 obras de 15 minutos representadas simultáneamente en 5 espacios reales. Los espectadores hacen un recorrido por todo el edificio del Alexandra Teatre y entre obra y obra 10 minutos de descanso en el bar del teatro, música, copas... ¡Y vuelta a empezar!.
Cada una de las obras pertenece a un género dramático: comedia, monólogo futurista, misterio, drama y hasta un musical. Y cada una de ellas se representa en 5 espacios reales: un cine antiguo, una azotea, una cafetería, un W.C y una cocina.
El espectador disfruta de los espectaculos a pocos centimetros de los actores, haciendo un divertido recorrido teatral por las entrañas del Alexandra.

Y éstas son las obras:

EL NARRADOR - Sala Cine (Género: Comèdia) SINOPSIS: Ramón es narrador profesional y está enamorado de la actriz protagonista de la obra que él mismo recita. Intentará evitar por todos los medios que el protagonista de la obra seduzca a la chica. Autor y director: Marc González de la Varga - Intérpretes: Noé Blancafort, Marta Arán y Jorge Paz.

LA PELL A TIRES - Sala Terrat (Género: Monólogo futurista) Un misterioso personaje habla a los espectadores de su visión del mundo actual a ritmo de Julio Iglesias. Idea y dirección: Josep M. Riera - Autor e intérprete: Sergi Sanmartín.

TRAS LA PUERTA - Sala W.C. (Género: Misterio) Dos hombres se encuentran atrapados en un baño. La locura y la desesperación se apoderarán de ellos: Freud, Kafka, Kant y Jose M. Aznar juntos en el W.C.
Autor y director: Marc González de la Varga - Intérpretes: Ferran Terraza y Josep M.Riera.

FORMATGE, GUIX... I MEL - Sala La Cuina (Género: Musical) Tomás y Mireia son dos cocineros incompatibles pero juntos deberán sacar adelante la cena más importante de sus vidas. Autor y director: Raül Z. Méndez - Música: Albert Recolons - Intérpretes: Mireia Guilella y Marc Gómez.

EL REENCUENTRO - Sala Hall (Género: Drama) Después del funeral de su padre, un hijo y su madre quedan en la cafeteria del teatro. Hace 15 años que no se ven. Ambos tendrán que enfrentarse a su pasado y a su presente. Autor y director: Josep M. Riera - Intérpretes: Elisabeth Bonjour y Kike Mas.


Y sí, vale la pena, original, divertida, entretenida, fresca... una propuesta diferente. Las cinco obras, tan diferentes entre sí, aseguran que todos y cada uno de los espectadores encuentren una, o varias, con las que sentirse más afines, personalmente me quedo con Tras la puerta, El reencuentro y El narrador.

Las dos horas y media que dura el espectáculo se pasan sin sentir y a lo largo de las mismas transitas por diferentes estados de ánimo: risas, intriga, sobrecogimiento, reflexión... La variedad de géneros y temáticas de las obras; el recorrido por las diferentes dependencias del Alexandra -terraza y baños incluidos- que convierten la representación en una especie de ginkama; la cercanía física de los actores y los intermedios en el bar del teatro con las birras y las palomitas, hacen que te quedes con las ganas de que la fiesta continúe.

Totalmente recomendable.

viernes, 14 de octubre de 2011

Los Miserables en el Teatro Musical de Barcelona


Reparto: GERÓNIMO RAUCH (Jean Valjean), IGNASI VIDAL (Javert), ENRIQUE R. DEL PORTAL (Sr. Thenardier), GUIDO BALZARETTI (Marius), LYDIA FAIREN (Eponine), VIRGINIA CARMONA (Fantine), EVA DIAGO (Sra. Thenardier), DANIEL DIGES (Enjolras, TALÍA DEL VAL (Cosette), VÍCTOR DÍAZ (Capátaz / Brujón), PACO ARROJO (Bamatabois / Montparnasse), DAVID ORDINAS (Obispo / Combeferre), CARLOS SOLANO (Grantiere), ÁLVARO PUERTAS (Claquesous), ALBERTO ALIAGA. GUILLERMO SABARIEGOS, EDGAR MARTINEZ, DIEGO RODRIGUEZ, MARCOS PÉREZ, DAVID VELARDO, RUTH CALVO, RAQUEL ARCOS, RAQUEL ARCOS, SILVIA LUCHETTI, ELENA MEDINA, ADRIANA VAQUERO, XENIA GARCÍA, ANA SAN MARTÍN, ANGEL SAAVEDRA, LOURDES FABRÉS, MARÍA JOSÉ LUCAS MARTÍNEZ, GONZALO ALCAÍN, SANTIAGO CANO

Creación: Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg

Letras: Herbert Kretzmer

Dirección: Trevor Nunn y John Caird

Página oficial


Dicen que este año la temporada teatral de Barcelona estará repleta de musicales, y de grandes musicales. De momento coinciden en la cartelera dos de los musicales que el año pasado iluminaron todo Madrid: Chicago y Los Miserables. Pero ahora nos quedamos con el segundo, un monumental fresco, una auténtica obra audiovisual (tanto se disfruta des de la oreja como con los ojos), majestuosa en todos los sentidos. Aunque no conozco otras propuestas que se hayan hecho de esta obra, intuyo que esta producción de Cameron Mackintosh (con un equipo de grandes profesionales de los musicales en toda Europa) para el 25º aniversario del legendario musical de Boublil i Schönberg debe ser de las mejores que se hayan hecho.


La historia es muy interesante, la vida de un ladrón rehabilitado (por la gracia de Dios? ejem, ejem….) que se pasa la vida huyendo de su perseguidor, un representante de la ley que quiere hacerle volver a la cárcel. Claro está que pasan muchísimas más cosas que añaden a tal argumento altas cuotas de intensidad emocional. Además, claro está, estamos hablando de una obra histórica, ambientada en la Francia revolucionaria del siglo XIX. Una obra escrita por Victor Hugo, uno de los mejores escritores en lengua francesa, el más romántico y revolucionario en su momento (y en este momento, depende de para quien también podría serlo). Pero, y aunque el trasfondo social es vital, el conflicto mayor está entre el perseguido y el perseguidor, el héroe y el antagonista, Jean Valjean y Javert. Estos dos personajes se van dibujando a lo largo de los años que marca la obra, tienen sus encontronazos violentos, se separan y se vuelven a encontrar porque uno no existe si el otro. Valjean necesita de Javert para recordar quién era y reafirmarse en su nueva posición de padre protector. Javert necesita de Valjean para saciar sus ansias de venganza y para ponerse al lado de la ley y de dios (lo divino en esta obra sirve para lo bueno y para lo malo). Y la resolución definitiva de todo el conflicto es simplemente magistral. Y eso me sugiere un enlace para hablar de la escenografía.
Como ya he dicho es una obra que se disfruta tanto en lo auditivo, grandes voces al servicio de grandes canciones, como de lo visual. La escenografía es impactante, desbordante, gigante, barroca en escenas más corales, minimalista en escenas más íntimas. Pasando de la espléndida barricada a las catacumbas proyectadas en video. Punto aparte merece el juego de las luces (magnífica la interpretación lumínica en el ataque a la barricada) y los fondos que pasan de las escenas más costumbristas a los paisajes románticos y tenebrosos inspirados en las pinturas de Hugo, aportando, a su vez, un dinamismo y profundidad. Siento repetirme, pero es un monumental fresco.


Y claro está, magnífica interpretación vocal de todos y cada uno del elenco. Con especial querencia para los dos protagonistas. Valjean es Gerónimo Rauch, y este chico hace con su voz auténticas virguerías, pasando del trueno al agudo más delicado e hiriente. Y luego tenemos a Javert, el actor Ignasi Vidal. Éste al igual que Rauch maravilló a todo el público sobretodo en sus canciones en solitario como la de su epitafio. Pero no hay que desmerecer a nadie, ni tan solo a los niños que también lanzan sus gorgoritos. Y a nivel personal me quedo con la magnífica voz de Lydia Fairen al cargo de Eponine y ese fantástico profesional que es Enrique R. del Portal haciendo del bravucón mesonero Thenardier.
Aún resuena en mi cabeza varias canciones del musical, pero sobretodo la línea musical del Soñé una vida (para los menos entendidos, el I dream a dreamed que popularizó Susan Boyle). Y eso supongo que es un buen indicativo. Sin duda, Los miserables es un musical majestuoso.

Martí Figueras Martínez (másteatro.com)


Los eslóganes Más que un musical, una leyenda y El sueño se ha hecho realidad, que acompañan al título de esta nueva versión de Los miserables en su cartel promocional, no son una exageración. El musical más popular de todos los tiempos, basado en el novelón de Victor Hugo, ha llegado por fin a Barcelona en un montaje de 2010 con el que se celebra su 25º aniversario. Más de una treintena de intérpretes son la cara visible de una producción que cuenta con un centenar de personas, todas ellas al servicio de una puesta en escena actualizada francamente espectacular que incluye la proyección de dibujos que son originales del propio Hugo. El ambiente rural y parisiense de la primera mitad del siglo XIX que él describe está ahí, sobre el escenario, con su bruma y su miseria: las calles y los carros, las casas con sus balcones, la fábrica de Valjean convertido en Mr. Madeleine, la taberna de los Thénardier, las barricadas de los estudiantes revolucionarios, escena que por cierto es un Delacroix en movimiento; todo ello forma parte de un dispositivo escenográfico impecable, tremendamente eficaz y ágil. Las proyecciones facilitan la huida de Valjean con el joven Marius a cuestas por alcantarillas de la capital y, convertidas en las aguas del río, engullen literalmente a Javert, el inspector de policía, cuando se suicida lanzándose desde lo alto de un puente, uno de los efectos más logrados.
La treintena de temas musicales se siguen fluidamente unos a otros y la historia folletinesca de los protagonistas se explica perfectamente a través de ellos, sin apenas libreto, gracias a unos intérpretes que no solo cantan bien, sino que además se les entiende mientras lo hacen. Y no es una obviedad. Los personajes son de carne y hueso, sufren y emocionan. Todos están estupendos, incluso los niños, entre los que destaca el simpático Gavroche de Bruno Petra. La muerte de Fantine (Virginia Carmona) es conmovedora; los Thénardier (Enrique R. del Portal y Eva Diago), la grotesca pareja de bribones que regentan el hostal y cuidan de Cosette, protagonizan por separado un par de canciones que reúnen lo más cruel de La cenicienta y lo más diabólico de Sweeney Todd. La relación de perro y gato entre Javert (Ignasi Vidal) y Valjean (Jerónimo Rauch) está muy bien trabada, y las razones de ambos, bien definidas. En fin, vale mucho la pena.

Begoña Barrena (El País)