viernes, 19 de agosto de 2011

Más historias de Lisboa


¿Sin la locura, qué es el hombre
sino una bestia de sandez,
cadáver aplazado que procrea?
Fernando Pessoa

Todavía conservo en mis pupilas las imágenes del último viaje a Lisboa y, mientras espero tu regreso, fantaseo con la idea de que esas mismas imágenes estén pasando ahora por delante de tu mirada.

Lisboa Story (Historias de Lisboa), Wim Winders, 1995


Título original: Lisbon Story
Director: Wim Winders
Guión: Wim Winders
Fotografía: Lisa Rinzler
Música: Madredeus & Jürgen Knieper
País: Portugal
Año: 1995
Género: Drama
Duración: 100 min.
Reparto: Rüdiger Vogler, Patrick Bauchau, Teresa Salgueiro, Vasco Sequeira, Manoel de Oliveira


Un cineasta alemán (Patrick Bauchau) pide a un amigo, técnico de sonido, (Rüdiger Vogler) que se reúna con él en Lisboa. Cuando éste llega, el director ha desaparecido, dejando unas cintas con imágenes pero sin sonido. El técnico recorre incansablemente las calles de Lisboa, grabando los sonidos del casco viejo de la ciudad para completar las imágenes grabadas por su amigo. (FILMAFFINITY)


Philipp Winter, ingeniero de sonido, viaja desde Alemania hasta Lisboa acudiendo al llamado de su amigo Friedrich para realizar el montaje sonoro de su última película. Al llegar a su destino, luego de un accidentado viaje, descubre que su amigo ha desaparecido dejando inconclusa su película, solo imágenes mudas de las calles de Lisboa, personajes y escenas retratados con nostalgia a la manera de Buster Keaton en El camarógrafo. Decidido a encontrar a su amigo y terminar la película, Winter se lanza, micrófono en mano, a la búsqueda de Friedrich y de sonidos, un recorrido fascinante por la capital portuguesa.


Wim Wenders (Düsseldorf, 1945) recurre nuevamente al estilo de sus Road Movies para esta cinta, desde sus escenas iniciales hasta el recorrido de Winter por las calles de Lisboa, sin embargo, a diferencia de anteriores películas, la historia ocurre completamente en una ciudad, pero esta cuestión formal no es importante en comparación con otros motivos de la película, motivos totalmente personales para el director.


La historia tiene su origen en la fascinación de Wenders por Lisboa, (anteriormente había filmado en Portugal su cinta El estado de las cosas) y personajes relacionados con esta ciudad, como el cineasta Manoel de Oliveira o el grupo Madredeus. Sin un guión realizado, Wenders se había propuesto hacer una película en y sobre Lisboa, pero no fue sino hasta el encuentro con Madredeus cuando supo que debería escribir una historia para su música que además incluyera al grupo. El resultado es una película sencilla pero a la vez cálida y sensible, un recorrido por las calles y lugares de una ciudad mágica y nostálgica (Fernando Pessoa incluido), que además, sirve para un discurso de Wenders sobre la pureza de las imágenes y el cine.

Historia de Lisboa es una invitación a descubrir, junto con Winter, recolector de sonidos, una ciudad donde "a plena luz, incluso los sonidos brillan".








La mirada invisible, Diego Lerman, 2010

Título original: La mirada invisible
Director: Diego Lerman
Guión: Diego Lerman, María Meira (Novela: Ciencias naturales de Martín Kohan)
Fotografía: Álvaro Gutiérrez
Música: José Villalobos
País: Argentina
Año: 2010
Género: Drama
Duración: 95 min.
Reparto: Julieta Zylberberg, Osmar Núñez, Marta Lubos, Gaby Ferrero, Diego Vegezzi, Pablo Sigal




Argentina, 1982. En tiempos de dictadura y represión, María Teresa trabaja en un Colegio Nacional de Buenos Aires. Un día, persiguiendo un vago, quizá inexistente, olor a tabaco, se esconde en los baños de los chicos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante el director; poco a poco esto se convierte un hábito oscuramente excitante. Nada pasa inadvertido a su mirada: la mirada del carcelero, del amo... o de la perversidad. No es de la violación de las reglas, sino de su aplicación a ultranza, de donde surgirán la torsión y el desvío, de la rigurosa vigilancia de una completa rectitud, de la custodia inflexible de una normalidad total y atroz. (FILMAFFINITY)



María Teresa, la prefecta del Colegio Nacional de Buenos Aires a la que sigue en ocasiones con tanta distancia física como cercanía emocional la cámara en La mirada invisible, se encarga con gran empeño de que se cumplan las rígidas normas de la institución. Criada en una familia castradora y en medio de una dictadura (la que ejerció Jorge Rafael Videla en Argentina entre los años 1976 y 1981), el comportamiento de María Teresa termina resultando enfermizo pero lógico. Disfruta entrando a escondidas en el baño de los chicos adolescentes de la escuela para espiar sus secretos y oler sus fluidos, que llegan a proporcionarle el orgasmo que no puede conseguir (porque le es negado) de cualquier otra manera.

A medio camino entre La pianista, con un personaje similar (aunque a un mayor número de espectadores les puede recordar en parte al de Natalie Portman en Cisne Negro), y la archiconocida El secreto de sus ojos, a la que remite de alguna manera en las miradas silenciosas por el miedo a la represión, Diego Lerman ha construido un film de lenguaje meticuloso y frío, una fábula sobre los males de la dictadura que no tiene nada de acartonada reconstrucción costumbrista (afortunados seríamos si algunos directores españoles aprendieran algo de esta película).

El excepcional trabajo de Julieta Zylberberg es el elemento principal que sustenta el agobiante crescendo en que deriva el film, así como una puesta en escena que también remite en parte a la figura de Haneke. El contexto permanece en segundo plano, esperando agazapado, casi hasta el final, donde literalmente revienta los cimientos del orden que hasta entonces ha impedido respirar a La mirada invisible, produciéndose una lograda conexión entre fondo y forma. Solo en los últimos segundos hay lugar para el material de archivo, para una coherente y siempre necesaria llamada a la lucha.

De Notas de Cine

Carlos Pellicer - Canto destruido



¿En qué rayo de luz, amor ausente
tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
brilla la desnudez de tu presencia.
Dúos de soledad dicen mis manos
llenas de ácidos fríos
y desgarrados horizontes.

Veo el otoño lleno de esperanza
como una atardecida primavera
en que una sola estrella
vive el cielo ambulante de la tarde.

Te amo, amor, y nada estoy diciendo
para llamarte. Siento
que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
que tu ausencia me encuentra
como el cielo encendido
y una alegría triste de no usarla
como esos días en que nada ocurre
y está toda la casa
inútilmente iluminada.

En la destruida alcoba de tu ausencia
pisoteados crepúsculos reviven
sus harapos, morados de recuerdos.
En el alojamiento de tu ausencia
todo lo ocupo yo, clavando clavos
en las cuatro paredes de la ausencia.

Y este mundo cerrado
que se abre al interior de un bosque antiguo,
ve marchitarse el tiempo,
despolvorearse la luz, y mira a todos lados
sin encontrar el punto de partida.

Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy perdí algún reino.


Tu cuerpo es el país de las caricias,
en donde yo, viajero desolado
-todo el itinerario de mis besos-
paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.

jueves, 18 de agosto de 2011

Fiambre de carne con salsa de champiñones


Ingredientes (6 personas):
Para el fiambre de carne:
1 kg. de carne picada (mitad ternera y mitad cerdo)
100 gr. de bacon
3 huevos
1 diente de ajo
pimentón
perejil
sal y pimienta

Para la salsa:
2 c.s. de aceite
1 cebolla
250 gr. de champiñones
2 c.s. de coñac
1 c.s. de salsa Perrins
sal y pimienta

Preparación:
1. Triturar en la picadora el bacón, las zanahorias, el ajo y el perejil.
2. Poner la carne en un bol y salpimentar. Añadir la mezcla anterior y los huevos y remover. Dejar reposar 3 o 4 horas para que se mezclen los sabores.
3. Precalentar el horno a 200ºC.
4. Colocar la carne sobre papel de aluminio y envolverla dándole forma de rollo, apretarla bien y colocarla sobre la bandeja de horno. Cocerla durante unos 30 minutos a 200º.
5. Dejar enfriar y cortar a rodajas de 1 cm. aproximadamente.

En el momento de servir preparamos la salsa:
1. Pochar en una sartén la cebolla rallada y los champiñones fileteados en el aceite con sal y pimienta.
2. Añadir el coñac y la salsa Perrins y dejar evaporar el alcohol.
3. Verter la crema de leche y dejar un par de minutos hasta que se espese.
4. Salsear la carne.

Es una receta veraniega y tiene además la ventaja de que se puede preparar con antelación. Se puede servir con cualquier otra salsa que vaya bien con carne: salsa de tomate, salsa a la pimienta verde, salsa de mostaza... a gusto de cada cual.

El gatopardo, Luchino Visconti, 1963


Título original: El Gattopardo
Director: Luchino Visconti
Guión: Suso Cecchi d'Amico, Pasquale Festa Campanile, Massimo Franciosa, Enrico Medioli, Luchino Visconti (Novela: Giuseppe Tomasi di Lampedusa)
Fotografía: Giuseppe Rotunno
Música: Nino Rota
País: Italia
Año: 1963
Género: Drama
Duración:
Reparto:  Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale, Paolo Stoppa, Rina Morelli, Romolo Valli, Pierre Clémenti, Leslie French, Mario Girotti, Serge Reggiani, Ivo Garrani, Terence Hill


Película basada en la novela homónima de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1958). Es la época de la unificación de Italia en torno al Piamonte, cuyo artífice fue Cavour. La acción se desarrolla en Palermo y los protagonistas son Don Fabrizio, Príncipe de Salina, y su familia, cuya vida se ve alterada tras la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi (1860). Para alejarse de los disturbios, la familia se refugia en la casa de campo que posee en Donnafugata. Hasta el lugar se desplazan, además de la mujer del Príncipe y sus tres hijos, el joven Tancredi, el sobrino predilecto de Don Fabrizio, que parece simpatizar con el movimiento liberal de unificación (FILMAFFINITY).


Estrenada en 1963 El gatopardo es una de las grandes películas del realizador italiano Luchino Visconti. El film, inolvidable, merecidamente ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Si algún término además le cabe a esta película es deslumbrante. El film acaricia al espectador desde los lujosos ropajes de los protagonistas y su puesta absolutamente teatral. No es casual que esto fuera así siendo su director un esteta sumamente exigente cuya vida misma era también una puesta en escena ampulosa, apasionada, muy italiana acaso pero siempre soberbia.

Pero bajo la ópera suntuosa late el drama, el príncipe siciliano Fabrizio di Salina ve amenazada su posición en un tiempo de cambio, a la isla llegan Garibaldi y su ejército y su posible triunfo amenaza un régimen feudal y estático representado por el príncipe y algunos otros nobles más. Un mundo está por terminar para dejar paso a otro quizás más democrático y más vertiginoso en cambios. La solidez de la tradición, de las relaciones se resquebraja y el príncipe no ve otra opción que unirse a aquellas clases sociales que avanzan y se aprestan a tomar el lugar de los viejos terratenientes.

Es la Italia de 1860 nos encontramos con el período del Risorgimento... movimiento que apuntaba a la creación de una Italia unida y libre de la dominación extranjera.

Por un lado este movimiento era conducido por las fuerzas políticas y militares del Rey de Cerdeña y por el otro por las Sociedades Secretas como la "Carbonería" y la "Joven Italia", que difundían la idea de libertad y promovían insurrecciones tendientes a realizar la unificación. Protagonistas de la política italiana en ese período fueron Giuseppe Mazzini y Giuseppe Garibaldi, animados por ideales republicanos, y los Saboya (reyes de Cerdeña primero, y luego de Italia) que tuvieron en el Ministro Camillo Benso di Cavour, a uno de los mayores artífices de la unificación de Italia.

Luego de rebeliones y guerras, Vittorio Emanuele II de Saboya reunió los diversos pequeños estados italianos, fundando en 1861 el Reino de Italia.


En plena época revolucionaria y ante los combates y lo inestable de la situación, el príncipe Fabrizio se traslada con su familia a su residencia de Donnafugata, pequeño pueblo en el que son recibidos por el alcalde, Don Calogero. El sobrino de Salina, Tancredi, un joven de espíritu aventurero que se ha unido a las tropas garibaldinas, se enamora de Angelica, la bella hija del mandatario local. A pesar de que la muchacha pertenece a una clase social que no es la suya, Salina no se opone a la boda debido a que D. Calogero, símbolo de la incipiente burguesía, ha amasado una gran fortuna y ellos se encuentran cerca de la ruina. La familia Salina es invitada a un gran baile en el palacio palermitano de Pantaleone, ambiente esplendoroso en el que el Príncipe advierte que su clase social esta condenada a desaparecer ante el cambio de los tiempos.

Adaptación de la novela del escritor siciliano Tomasi di Lampedusa. Si bien el film es una recreación de esa historia Visconti le añade a su propia obra de arte esos detalles únicos como por ejemplo una cuidada e impecable escenografía. Además realiza un trabajo de orfebrería en la dirección artística de la película (de por sí la escena del baile posee una elogiable riqueza visual y musical). Esta secuencia cierra el film, aunque en la novela de Lampedusa el baile no constituye el final. En la película la secuencia dura 45 minutos, una desmesura propia del genio de Visconti. Acaso una larga despedida a un pasado brillante y generoso en oro y en tiempo para gastar. Cercana a nuestros días, en la película El Arca Rusa el cineasta Alexander Sokurov también rinde un magnífico homenaje a su país, a los otrora tiempos fastuosos de la Gran Rusia en la secuencia del baile que si bien no dura tanto como la de El Gatopardo pero sí se detiene en detalles y magnificencia para mostrar aquello grande que fue. Elegía de elegías y todo es elegía en estos nobles salones.


Visconti y Lampedusa pertenecían a la misma clase social pero ambos tenían conceptos en algunos puntos radicales con respecto al tema social. Visconti era un aristócrata que intenta acercarse a las otras clases sociales (al menos en el aspecto del conocimiento) y mostrar las luchas de estas clases por tener su propio lugar en el mundo -pienso cuando escribo en sus películas La terra trema y en Rocco y sus hermanos-. Convengamos en que Visconti al pertenecer a la clase alta poseía ciertos privilegios y gustos a los que no quería renunciar a pesar de su paso por el marxismo. Este film no critica a la clase alta; por lo contrario ensalza sus modos y costumbres, la cámara registra obsesivamente aquella elegancia, aquel estilo de vida que se perderá en la noche de los tiempos una vez que la burguesía tome el lugar de los nobles.

Pero o tempora o mores... este retrato de clases, este fresco social muestra que esta nobleza ya está en decadencia.

El principe Di Salina, el personaje central de esta historia intuye el tiempo que le tocará vivir y los cambios que estos tiempos traerán. Su astucia, su lucidez resuelven un período difícil en su vida tanto en lo social como en la esfera política en la que como gran señor le toca desempeñarse. Busca poner el pie en un mundo convulsionado para ello se vale de todo tipo de artimañas: alianzas matrimoniales, apoyo a la causa revolucionaria, etc. Sabe que de mover bien sus piezas depende su destino; además entiende que ya no tiene demasiado tiempo, la idea de la muerte le ronda, se le hace patente el día del baile. El pícaro impulsivo Tancredi le susurra que todo cambie para que nada cambie, que todo parezca como pero... filosofía acomodaticia e hipócrita que elude un compromiso serio con la realidad pero que ilustra sobremanera los caminos a tomar de ahí en más.

La fina melancolía del príncipe es captada con sabia precisión por los gestos del actor norteamericano Burt Lancaster. Magistral y sorda desesperación que se trasluce en la mirada del mencionado actor. Hay todo un pasado del cual hay que despedirse, aceptar los cambios con resignación, postura estoica que requiere de la pasta de un héroe.

En el libro Don Fabrizio le dice al Padre Pirrone «No somos ciegos, querido Padre, sólo somos hombres. Vivimos en una realidad cambiante a la que intentamos adaptarnos como se mecen las algas ante el empuje del mar...» Realidad cambiante la de los acontecimientos políticos, realidad cambiante nuestro paso por esta vida. Ambas realidades se presentan abundantemente en la película.

Una de las escenas más ilustrativas y conmovedoras del film es la contemplación del príncipe Fabrizio del cuadro de Greuze "La morte del giusto" en la biblioteca, como en un espejo cruel y lúcido le permite intuir su propia muerte, la cercanía de la misma. El príncipe sabe que ha llegado la hora de los más jóvenes representados por Tancredi y Angélica. Hay que dejarle el paso a la lozana primavera encarnada por ellos. Alain Delon -uno de los actores favoritos del realizador- le pone la gracia y la frescura al papel de Tancredi (sobrino casi hijo por el afecto del Príncipe Di Salina) y Claudia Cardinale toda la belleza y sensualidad a Angélica, la prometida de Tancredi.


Cabe mencionar la fotografía exquisita de Giuseppe Rotunno, la escenografía de Mario Garbuglia y la brillante elección del vestuario realizado por Piero Tosi.

La música como todo en esta gran película ocupa un lugar especial. Fragmentos de ópera y la partitura original quedan a cargo del conocido director Nino Rota, quien se vale de un vals de Giuseppe Verdi para ilustrar la escena final del baile. Hay en toda la película también referencias operísticas: La Traviata, La sonnambula de Bellini,etc.

La inteligencia del film radica en mostrarnos la vida como una ópera rica y divertida y en disimular ciertos pecadillos de corrupción y de inmoralidad propios de una humanidad en medio de convulsiones políticas y personales.

Visconti supo reunir en el film elementos autobiográficos, tomar del libro la esencia elegíaca del relato y la fina melancolía del príncipe (alter ego de Lampedusa, quizás).Supo verter en esta obra sus magníficas dotes de observador y artista.

Fuente: Miradas de Cine