domingo, 11 de septiembre de 2011
La fiera de mi niña, Howard Hawks, 1938
Título original: Bringing Up Baby
Director: Howard Hawks
Guión: Dudley Nichols, Hagar Wilde
Fotografía: Russell Metty (B&W)
Música: Roy Webb
Productora: RKO Radio Pictures
País: Estados Unidos
Año: 1938
Genero: Comedia
Duración: 102 min.
Reparto: Katharine Hepburn, Cary Grant, Charles Ruggles, May Robson, Walter Catlett, Barry Fitzgerald, Fritz Feld, Leona Roberts
David Huxley (Cary Grant) es un paleontólogo tímido y despistado que está a punto de acabar la laboriosa reconstrucción del esqueleto de un brontosaurio, del que sólo le falta una clavícula intercostal, y que también está a punto de casarse con su anodina secretaria. En una partida de golf con el abogado de una solterona millonaria, potencial mecenas del museo para el que trabaja Huxley, éste conoce a Susan Vance (Katharine Hepburn), una joven adinerada y caprichosa que hará lo posible para que no culmine ninguno de sus dos proyectos. A partir de este momento, Susan se dedicará a manipular a Huxley y a dedicarle sus atenciones en su particular estilo: le abolla el coche, le rompe el smoking, esconde su ropa, le rompe las gafas y por si fuera poco, le ambauca para cuidar a un joven leopardo llamado "Baby". (FILMAFFINITY)
‘La fiera de mi niña’ es una de las mejores muestras de que, a veces, ni los premios ni la recaudación de taquilla son justos con las películas. Aunque los estudiosos del cine la tengan actualmente en un pedestal, aunque en 1990 fuera seleccionada como un filme imperecedero por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, aunque salte a la vista que pocas parejas cómicas de distinto sexo han tenido más química que Katharine Hepburn y Cary Grant, aunque esté dirigida por un maestro del género como Howard Hawks… lo cierto es que, en su día, fue el sonoro batacazo que cimentó la leyenda de que la Hepburn era “veneno para la taquilla”. En otras palabras: una injusticia monumental.
Producida por la RKO con un presupuesto superior al millón de dólares (leopardo incluido), ‘La fiera de mi niña’ es la típica comedia romántica de enredos de los años treinta que no puedes dejar de ver sin una sonrisa en los labios y que tiene momentos de auténticas carcajadas.
Dudley Nichols y Hagar Wilde escribieron directamente para la gran pantalla una comedia soberbia, de ritmo frenético, en la que se mezclan con brillantez los duelos dialécticos y los gags visuales (por cierto: Nichols y Wilde se enamoraron durante el rodaje e iniciaron una relación).
Es obvio que para modelar el personaje del timorato Doctor Huxley se basaron en Harold Lloyd; queda patente en la primera escena, con Grant subido en un andamio y portando unas gruesas gafas de pasta. Para Hepburn, que todavía no había rodado ninguna comedia, optaron por un personaje espontáneo, decidido pero caótico, que arrastraría a su amor de aquí para allá con la esperanza de conquistarlo y liberarlo de su estricta prometida (Virginia Walker).
Puede que el Doctor Huxley resulte algo simplón; pero Cary Grant encaja tan bien los golpes, se resigna de forma tan convincente, que esquiva sin problemas los estereotipos. Cualquiera habríamos caído en la madeja de Susan Vance, inasequible al desaliento, capaz de inventarse una solución más increíble que la anterior y no cesar en su empeño de llevarla a cabo, contra viento y marea, contra cualquier atisbo de lógica. En este sentido, realmente parece que Groucho, Harpo y Chico han poseído el cuerpo y la mente de Katharine Hepburn.
Víctor Guerrero (Plumas de Caballo)
Víctor Guerrero (Plumas de Caballo)
Todo te lo puedo dar, menos el amor, baby.
viernes, 9 de septiembre de 2011
José Ángel Buesa - Poema de la búsqueda
Todavía te busco, mujer que busco en vano,
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero...»
Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.
Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.
Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años...
Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella...
Y al no decir: «¡Es ella!» —como diría ahora—
seguiré mi camino, murmurando: «Era ella...»
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero...»
Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.
Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.
Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años...
Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella...
Y al no decir: «¡Es ella!» —como diría ahora—
seguiré mi camino, murmurando: «Era ella...»
jueves, 8 de septiembre de 2011
Costillitas de cabrito empanadas
Ingredientes (4 personas):
- 750 gr. de costillitas de cabrito
- 1 huevo
- Harina para rebozar
- Pan rallado
- Aceite para freír
- Sal
Preparación:
- Poner a calentar el aceite en una sartén, tiene que ser una cantidad abundante para poder freír bien, aunque luego sobrará.
- Salar la carne y rebozarla en harina, huevo y pan rallado en este orden.
- Cuando el aceite esté suficientemente caliente (se puede saber si ha adquirido la temperatura adecuada poniendo la punta de un palillo en él, si se forman burbujas alrededor significa que ya se puede utilizar), ir colocando las costillitas por tandas hasta que se doren por ambos lados.
- Sacarlas de la sartén y colocarlas sobre papel absorvente para que desprendan el exceso de aceite.
- Servir con una guarnición al gusto. En este caso han sido unos pimientos del piquillos sofritos con ajo en láminas finas.
Ensalada con queso de cabra y vinagreta de miel
Ingredientes (4 personas):
- 300 gr. de ensaladas variadas (en este caso: escarola blanca, escarola lollo, rúcula y canónigos)
- 4 rodajas de queso de cabra de rulo
- 50 gr. de nueces picadas
- 50 gr. de pasas de Corinto
- 2 c.s. de miel
- 2 c.s. de vinagre de sidra
- 6 c.s. de aceite de oliva virgen
- sal y pimienta.
- Pasar el queso por una sartén sin aceite para que se caliente y coja un bonito color dorado.
- Colocar las ensaladas variadas en cuatro platos. Espolvorear por encima las nueces y las pasas.
- Colocar las rodajas de queso doradas en el centro.
- Hacer una vinagreta con el resto de los ingredientes y rociar la ensalada con ella.
Le quattro volte, Michelangelo Frammartino, 2010
Título original: Le quattro volte
Director: Michelangelo Frammartino
Guión: Michelangelo Frammartino
Fotografía: Andrea Locatelli
Música: Paolo Benvenuti
Producción: Coproducción Italia-Alemania-Suiza
País: Italia
Año: 2010
Género: Drama
Duración: 88 min.
Reparto: Giuseppe Fuda, Bruno Timpano, Nazareno Timpano
Una visión poética de los ciclos de la vida y de la naturaleza, de las tradiciones olvidadas de un lugar fuera del tiempo. Una película de ciencia ficción sin efectos especiales, que acompaña al espectador a un mundo desconocido y mágico, para descubrir el secreto de cuatro vidas misteriosamente entrelazadas entre sí. (FILMAFFINITY)
Está claro que cada espectador le pide lo que le pide al cine. Que las necesidades son muy de cada uno y las filias y fobias totalmente personales. Vale. Pero parémonos a pensar un minuto. ¿Podríamos llegar a encontrar una película que de tan pura pudiera llegar a tocar la fibra a cualquiera? Bueno, sí, claro, para eso está "El globo rojo". O "¿Dónde está la casa de mi amigo?". Se puede llegar a la potencial película apta para todo el mundo, pero muy probablemente la operación a seguir será despojarla de artificios y construcciones colaterales para ofrecer el núcleo duro, su tesis desnuda.
Es más o menos lo que es "Le quattro volte". Una película que demuestra que a veces lo que parece hermético, ensimismado y autista no es sino un tratado de naturalidad y simplicidad universal aplastante. Que de tanto que lo es llega a parecer otra pajarada autoral, si se quiere; otro momento de iluminación del genio de turno, pero que en realidad pide a gritos un visionado desprejuiciado y transparente.
Otra cosa es que todo el mundo pueda llegar a conectar con la espiritualidad de aplastante sencillez y con la filosofía en miniatura de la película. Que la gente considere que ya ve suficiente naturaleza cuando sale al parque (sic), que lo que necesita son aventuras excitantes tras cada esquina y una profusión de argumentos, razones, dramas encapsulados a razón de a siete por minuto. Eso es muy respetable. Pero los demás a lo mejor pueden disfrutar con "Le quattro volte".
La excusa que envuelve la película de Michelangelo Frammartino es simple. Cuatro historias, cuatro momentos de la materia en cuatro estados distintos entrelazados en un ciclo vital, en el marco rural de la italiana región de Calabria: un pastor anciano que fallece y que tras su muerte da paso al nacimiento de un cabritillo. El cual se pierde en un bosque y muere a los pies de un gran árbol; que será talado y troceado tras un ritual ancestral y convertido en un gran horno de carbón en beneficio del hombre. Fin de la historia.
"Le quattro volte" tiene tanto de pequeño cuento filosófico sobre los ciclos de la vida y la muerte como de documental observacional. No lo es; supuestamente esto es una construcción ficcionada, pero hay tanto de retrato rural, de reflejo telúrico de unas costumbres ancestrales y de una antropología de la tradición que a menudo no sabemos cuánto hay de escrito y cuánto de cine directo. Hasta dónde penetra la construcción dramática en este slice of life campestre. Y es que aquí no hay ni siquiera música incidental, ni diálogos explícitos más allá del que establecen los hombres con los animales, estos con las plantas o ellas con los seres humanos de nuevo. Con ello, remite todo a una concepción del mundo con elementos que podrían hacernos pensar en el hinduismo y a conceptos relacionados con el animismo. Sea como sea, lo cierto es que todo gira entorno a un pueblo que se ha detenido en el tiempo, que sigue haciendo co-depender todos los elementos naturales y que parte de su interdependencia para subsistir.
Así que nadie debería esperar de "Le quattro volte" algo que no fuera tan sosegado, tan minimalista como los propios ciclos naturales. La sensación que ofrece la película es la de la construcción sobre sí misma. La de una soterrada épica pastoral que va avanzando poco a poco en relaciones causales, pero con una voluntad más poética que narrativa: en muchos momentos, en todo esto cuentan más las sensaciones que los mensajes. Incluso la expresión de la belleza pura y dura más que la sumisión a la tiranía del guión.
Porque hay mucha belleza serena en todo esto. Fotografiada con impresionante capacidad plástica, Frammartino presta atención a los detalles para lograr esa interconexión entre los elementos. En los nexos físicos que unen sus cuatro aventuras; las motas de polvo flotando en el aire, los rayos de sol asomando por la montaña, el ladrido de un perro que llega a todos los rincones y callejuelas del silencioso poblado. Es un tratamiento extremadamente sensible que requiere de paciencia y sosiego, casi como si se sentara uno ante una película de Erice o de Kiarostami (sí, otra vez ellos). Al final, si se está dispuesto a entrar en el juego, "Le quattro volte" va calando y termina conmoviendo profundamente, más allá de sus connotaciones espiritualistas y de la tolerancia del espectador hacia las mismas.
Y es que dejando al margen consideraciones elitistas o ramalazos snob, el cine ha demostrado siempre, y lo sigue haciendo, ser un arte libre y desapegado de cualquier limitación formal y narrativa. Que aún haya gente que pueda valorar las películas por su nivel de somnolencia es perfectamente lícito, pero no deja de responder a una lamentable falta de educación audiovisual. Porque "Le quattro volte" es, al final, una nueva y sincera muestra de esa libertad a la que puede aspirar la creación cinematográfica: la de tener la posibilidad de contar una historia universalmente sencilla; y viceversa.
John "Bluto" Blutarsky (La casa de los horrores)
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













