sábado, 22 de octubre de 2011

Paris, Texas, Wim Wenders, 1984


Título Original: Paris, Texas
Director: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders & Sam Shepard
Música: Ry Cooder
Fotografía: Robby Müller
Producción: 20th Century Fox / Argos Films / Road Movies Filmproduktion
País: Estados Unidos
Año: 1984
Género: Drama
Duración: 144 min.
Reparto: Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clément, Hunter Carson, Bernhard Wicki


En la frontera mexicana, en Texas. En medio de ninguna parte, un hombre aparece en el desierto. Ha cruzado la frontera ilegalmente y, después de llevar días caminando, se desploma al llegar al primer núcleo urbano. Este hombre ha empezado una exhaustiva búsqueda de su esposa e hijo.


Itinerarios desiertos

«En el cine, hay instantes tan concretos que desbordan la pantalla y que tienen de golpe una claridad tan inesperada que aguantamos la respiración, nos enderezamos en el asiento o nos llevamos las manos a la boca» (1)

Cuando hace algún tiempo escribí una serie de artículos inspirados en momentos cinematográficos que me habían impactado a lo largo de mi vida, una de mis primeras elecciones fue inmediatamente Paris, Texas, de Wim Wenders. Escribir sobre impresiones que causan las imágenes y los sonidos de algunas películas es ciertamente gratificante, pues permite plasmar en un papel aquello tan difícil de expresar como son las sensaciones experimentadas ante una pantalla, momentos importantes en nuestras vidas a través de los cuales alguien nos zambulle en una realidad quizás ajena, pero vivida por nosotros como si realmente fuéramos los mismos personajes. Y ya no se trata sólo de hechos, de situaciones narradas que puedan hallar sus correspondientes símiles en cada uno de nuestros deseos más escondidos o en algunos de nuestros recuerdos más o menos añorados, en definitiva, de la conexión con historias realmente vividas o tan sólo imaginadas. A veces esos momentos nos hacen sentir más allá de la simple abstracción de la realidad, se trata quizás de imágenes acompañadas por alguna música, melodías visuales y sonoras que provocan nostalgia, añoranza, tristeza, serenidad o alegría según sea el corazón receptor que las va saboreando momento a momento. Es, al fin y al cabo, la experiencia estética que nos regala el arte, la posibilidad de la pérdida o impermeabilización de la necesaria presencia de la narración a la que suelen servir las imágenes, en aras de otra historia subjetiva, quizás más valiosa para el espectador por cuanto tiene de conexión con su yo más profundo.


Wim Wenders ha tratado, en mayor o menor medida según sea su obra analizada, de utilizar el lenguaje cinematográfico para reflexionar sobre el proceso de percepción visual y sobre el poder expresivo de las imágenes. Y esto no significa, en ningún caso, que este protagonismo otorgado a la parte visual en sus obras obvie el contenido narrativo que se esconde tras ella. Más bien al contrario, Wenders ha ido manifestando progresivamente a lo largo de los años, tanto en su obra audiovisual como en sus escritos, la estrecha relación que para él existe entre el concepto de imagen, su función como vehículo para mostrar la realidad e intentar detener en el tiempo una parte de ella y la necesaria presencia del relato que la acompaña y le otorga su sentido. Leyendo a Wenders, uno se da cuenta de que la filosofía creativa del realizador se debate constantemente entre este mimo por resaltar las cualidades expresivas que poseen las imágenes por sí mismas, encerradas en una realidad que empieza y acaba en los límites del encuadre, y la inevitable aceptación de la intrusión del relato como elemento indispensable para otorgarles un sentido en la mente del espectador. Para Wim Wenders la historia es necesaria para comunicar detalles y sentimientos, para hacer entrar al público en la vida y la psicología de unos personajes que necesitan de la narración para llegar a la mente de quien les observa al otro lado de la cuarta pared. A través de estos seres y de sus vivencias, el espectador consigue otorgar un sentido de cohesión y comprensión a su propia vida, por lo que el relato se convierte así en un elemento importante en el proceso comunicativo que se establece entre el público y el artista (2). Ésa es la paradoja que envuelve todo el trabajo del realizador alemán, y lo que para algunos lo convierte en un artista contradictorio e infiel en muchos casos a sus principios, algo que él mismo confirma a través de sus propias palabras: «Rechazo totalmente las historias porque para mí sólo representan mentiras, nada más que mentiras, y la mayor mentira reside en que crean un contexto donde no lo hay. Pero, por otra parte, tenemos tanta necesidad de todas esas mentiras, que es totalmente absurdo ir en contra y componer una serie de imágenes sin mentira, sin las mentiras de una historia. Las historias son imposibles, pero sin ellas no nos sería posible vivir. (...) Y ése es el lío» (3). Pero pese a esta aceptada —casi a regañadientes—, relación entre historia y representación visual, es importante sin embargo señalar que la narración, en muchas de las obras de Wenders, surge del elemento icónico y no a la inversa; es decir, que se desarrolla prioritariamente a partir de la función "mostrativa" que ejercen las imágenes por sí mismas, por encima de un proceso de "representación" visual de algo que pudiera existir de manera independiente a ellas.
París, Texas, una de las películas de Wenders en la que su fascinación por plasmar la superficie de las cosas (4) se manifiesta más abiertamente, es también una de sus obras en la que la presencia del relato y la historia que liga a los personajes es más importante para la narración. Pese a esto, el método de construcción del guión que sigue el realizador, por el que aquel se limita antes del proceso de captación de imágenes a un tratamiento más o menos extenso para conseguir la inversión económica necesaria para la realización del filme y que se va trabajando día a día durante el rodaje, deja evidentes lagunas en la estructura de esta película. París Texas surgió como consecuencia del contacto entre Wim Wenders y Sam Shepard. Este último estaba rodando Frances (Graeme Clifford, 1982) en los estudios Zoetrope en Los Angeles y fue allí donde ambos se conocieron. Wenders pretendió que Shepard fuera el protagonista de Hammett (El Hombre de Chinatown, 1982), pero sus demandas no llegaron a buen puerto (5), algo que sería sólo el preludio de los numerosos problemas que Wenders mantendría con el estudio y en especial con Coppola. Shepard había escrito un libro de relatos cortos y poemas que llevaba el título de Transfiction (más tarde sería cambiado por el de Motel Chronicles), libro que, tras algún tiempo en el que ambos cineastas perdieron el contacto, acabó por convertirse en la base de Paris, Texas. A partir de él, Wenders y Shepard elaboraron un breve tratamiento que se iniciaba con una escena tan enigmática como interesante: un hombre aparece en pleno desierto de Arizona, en la frontera mexicana; camina sin rumbo aunque con paso decidido, la mirada perdida en el vacío. No sabemos nada de él, sólo nos intriga reconstruir los datos que nos faltan para elaborar su historia: ¿Quién es?, ¿Dónde va? ¿Qué le ha ocurrido?... A partir de aquí, el relato se inicia gracias a la yuxtaposición de los planos, el montaje se erige en el catalizador de la historia, el elemento encargado de dar respuesta a aquellas cuestiones planteadas por el espectador. Wenders había realizado hasta el momento dos tipos de filmes, categorías que él mismo agrupa en términos de películas "A" y películas "B" (6). En el primer grupo se insertarían las obras que mostraban una mayor libertad creativa: ausencia de guión previo al rodaje, estética visual en blanco y negro, correspondencia con experiencias subjetivas vividas por el mismo realizador, estructura débil o desequilibrada, rodaje en orden cronológico… Ejemplos de ello son Verano en la ciudad (1970), Alicia en las ciudades (1973), En el curso del tiempo (1975) o El estado de las cosas (1982). El grupo B correspondería, por el contrario, a aquellas otras películas ligadas a un relato previo y con un guión más trabajado, en definitiva, a aquellas que coincidían con un proceso creativo más "tradicional" (ejs. El miedo del portero ante el penalti (1971), El amigo americano (1976), El hombre de Chinatown (1982)...). Paris Texas se encuentra a medio camino entre ambos grupos —otras películas son para Wenders inclasificables en uno u otro bando, como La letra escarlata (1972), un error para él, o Relámpago sobre el agua (1979)— ya que, para empezar, no sólo estaba rodada en color, con una fotografía cuidadísima a cargo de Robby Müller, colaborador habitual de Wenders, sino que partía de un relato previo, aunque este sólo actuara como referente y fuera modificado sobre la marcha, puesto que el guión se fue dibujando poco a poco durante el rodaje. Shepard escribió inicialmente algunas escenas, concretamente aquellas que configuran todo el argumento y la estancia del personaje principal Travis (Harry Dean Stanton) en Los Ángeles, tras haber sido encontrado vagando en el desierto por su hermano Walt (Dean Stockwell). El rodaje se realizó en orden estrictamente cronológico —algo sólo posible en una producción independiente en la que la libertad creativa del director se prioriza a los intereses económicos y el estricto sometimiento a un sagrado plan de rodaje—, pero al llegar al punto en el que Shepard había dejado de proporcionar el material escrito —por compromisos profesionales tuvo que dejar el guión durante un tiempo— Wenders tuvo que apañárselas por sí solo. Este hecho queda reflejado en la descompensada estructura narrativa y en el descenso del ritmo hacia la mitad del filme. Es en estas escenas centrales donde el argumento parece ir a la deriva y sólo retomará su impulso —que no su equilibrio estructural—, cuando Shepard se incorpore de nuevo a la escritura para proporcionar las escenas que conducen al reencuentro final entre Travis y Jane (Nasstassja Kinski), y esta con su hijo Hunter (Hunter Carson).


La planificación y la ubicación de la cámara se decidían en el mismo set de rodaje, para facilitar el trabajo de los actores y concederles así la máxima libertad interpretativa. Este hecho jugó sin duda en favor de la historia, pues los actores realizan unas interpretaciones memorables que en algunos casos, como en las improvisaciones de Hunter, otorgan un mayor realismo a la acción y que en otros, como en los largos diálogos finales entre Travis y Jane consiguen la máxima implicación emocional del espectador en la historia. En el segundo de estos diálogos, la larguísima secuencia de casi un cuarto de hora de duración en la que estos dos personajes hablan de su pasado y de los motivos que llevaron en su relación la ruptura y al abandono familiar de ambos, Wenders se decidió por una opción de rodaje arriesgada por cuanto tiene de despilfarro de material sensible empleado, pero que consiguió generar uno de los momentos dramáticos más intensos de todo el cine contemporáneo. Wenders desglosó la escena en unos pocos planos, y rodó estos uno por uno, de manera individual y sin interrupciones en la totalidad del diálogo. Esto no tiene por qué sorprender puesto que se trata de un procedimiento habitual en cine, medio en el que se suele rodar con una única cámara, la cual sigue la acción completa del diálogo para cada una de las tomas desarrolladas desde los diferentes emplazamientos escogidos. Lo sorprendente en este caso fue la larga extensión del diálogo, hecho que provocó que la cantidad de material impresionado para cada toma fuera muy elevado. No obstante, y pese a ello, Wenders consiguió con esta escena una fuerza dramática inigualable, basada en la identificación máxima del espectador con los sentimientos de los protagonistas y en la genial consecución de la transmisión del subtexto narrativo, es decir, de todo aquello que los actores con su interpretación dejan traslucir de la psicología del personaje a través de sus actos y que explícitamente no está expresado mediante el diálogo. El montaje en off —introducción de planos de reacción de los personajes hacia las palabras de su interlocutor— fue la base de la captación de esta emoción interior vivida por los personajes, y el momento más representativo a este respecto fue el largo plano que recogía las reacciones de Jane —magnífica, Nasstassja Kinski— ante las palabras de Travis, momento culminante por cuanto tiene de revelación para el personaje de la mujer y por el dramatismo evidente que se produce en su interior. Jane no habla, sólo escucha emocionada las palabras del que fue su marido y que un día la abandonó, provocando a su vez que ella abandonara al hijo de ambos, pero sus reacciones dicen mucho más que cualquier palabra posible. Wenders pues acertó de lleno al rodar esta escena de manera continuada en cada toma, puesto que una fragmentación de la interpretación hubiera roto de seguro con la simbiosis total y maravillosa que ambos actores consiguieron con sus personajes.
Hablar de la fotografía de París. Texas sería retomar de nuevo el tema anteriormente citado de las relaciones entre imagen, tiempo y relato, tema que no vamos a extender aquí más por el momento, puesto que ya encontrará su espacio en un artículo próximo. No obstante, hay que mencionar la magnífica tarea llevada a cabo por Robby Müller, sin duda uno de los mejores directores de fotografía que ha dado la cinematografía europea en las últimas décadas, colaborador habitual en la filmografía de Wenders y que también ha trabajado en numerosas obras de Jim Jarmusch —cineasta heredero de muchos elementos del estilo de Wenders—, Lars von Trier, Peter Bodganovich o Michael Winterbottom, entre otros. Wenders y Müller comparten a partes iguales la responsabilidad creativa del estilo visual de Paris, Texas. La mirada que ambos imprimen sobre el continente americano, lejos de ser una mirada turística despojada de implicación moral sobre lo visto, es al contrario una mirada fascinada por la belleza del entorno pero escrutadora de todo aquello que la realidad esconde tras de sí. Según Wenders, Müller y él decidieron plasmar su visión del desierto americano sin recurrir a ningún referente estético previo, ni las fotografías de Walker Evans, cuya huella es tan importante en la carrera del cineasta, ni las pinturas de Edward Hopper, uno de los mayores exponentes de la iconografía de una América poblada de individuos solitarios y desorientados, perdidos en parajes extensos en los que la vista se pierde en una naturaleza hostil y liberadora a partes iguales. No obstante, la impronta de ambos artistas no consigue ser expulsada de la mirada de Wenders y Müller, quienes dejan manifiestamente la plasmación en la película de su inevitable influencia (7).


El tema de la soledad del individuo, del camino errático en forma de viaje hacia ninguna parte, de la redención por medio de este desplazamiento constante hacia ningún lugar, sin destino ni meta posible, sino importante tan sólo como viaje infinito hacia lo más profundo del alma, aparece constantemente en la obra de Wenders, aunque aquí llegue a su máxima expresión en el divagar de Travis. No en vano, Wenders trató de plasmar en este caso su propia visión de La Odisea de Homero, obra que acababa de leer y que vendría a reforzar aún más su fanática afición hacia el tema del viaje como detonante de un camino interior hacia el auto-conocimiento y la aceptación de uno mismo. Como muchos de los personajes de Wenders, Travis trata de encontrar su propio yo, igual que le ocurría, por ejemplo, al fotógrafo protagonista en Alicia en las ciudades, al mismo Nicholas Ray en Relámpago sobre el agua —la película que comentan Wenders y Ray en este filme es Hombres errantes (1952), del mismo Nicholas Ray, título y tema significativos a este respecto— o al ángel Damiel en Cielo sobre Berlín, quien constantemente se desplaza de un lugar a otro preguntándose sobre el sentido de su condición y por el de la vida de los hombres. Mediante el viaje interior que sucede al físico se producirá la catarsis que enfrentará al personaje con su pasado, propiciando un nuevo futuro, esperanzador por cuanto tiene de renacimiento a una vida nueva. Travis viaja durante toda la película: en busca de sí mismo, en busca de su hijo —qué bella es la metáfora sobre este tema que aparece en la secuencia en la que Travis quiere ir a buscar a Hunter caminando a su colegio pese a las reticencias del niño, incapaz de entender que la incomodidad de un viaje a pie puede esconder un maravilloso reencuentro con un padre que renunció a estar a su lado por sentirse incapacitado para cuidar de él y de su madre como realmente merecían— y finalmente en busca de su mujer Jane. Travis decide emprender de nuevo el viaje al final del filme, habiendo conseguido, si no encontrar su camino, sí provocar el reencuentro de Hunter con Jane y cerrar así un pasado que le ahogaba en la culpa y en la desesperación. Este final tuvo una mala acogida en su estreno, aunque de hecho funciona como uno de los elementos más lógicos de la cinta, un mensaje que, lejos de ser desesperanzador, muestra sin embargo que la vida es un camino constante e interminable hacia la búsqueda de sentido y la aceptación de nosotros mismos. "Oscura es la noche", canta la guitarra de Ry Cooder, una música que, aunque triste y desgarradora, consigue arrancar mediante sus acordes un sentido en la mirada de Travis, ahora firme y decidida, alejada de la desorientación y el vacío que la llenaban al principio de la película. Travis sabe que para volver a empezar debe volver al punto de partida (8), aunque para ello tenga que dejar de nuevo lo que más quiere en el mundo. No obstante, ahora su viaje está cargado de esperanza, la esperanza de llegar a encontrarse por fin a sí mismo, una meta quizás difícil pero ahora posible, el único modo de poder renacer algún día a una vida nueva y sentirse así merecedor del amor de los suyos.

Susana Farré (Miradas de Cine)

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(1) WENDERS, Wim. Van Morrison. En Filmkritik, nº 6, Junio de 1970. Artículo aparecido en la recopilación de escritos de —y sobre— Wim Wenders La memoria de las imágenes. Textos de la emoción, la lógica y la verdad, ALONSO GARCÍA, Luis y PALAZÓN MESEGUER, Alfonso. Ediciones de la Mirada, Valencia 1995. pp. 59-61
(2) Uno de los personajes más interesantes y atractivos que aparecen en la filmografía de Wenders es el viejecito narrador de historias de Cielo sobre Berlín, un personaje que afirma confiado que la gente lo necesitará siempre, manifestando de este modo la vinculación mencionada de los relatos con las necesidades existenciales de los individuos.
(3) WENDERS, Wim, Intervención en francés en un coloquio en Livourne en 1982. Recogido en La memoria de las imágenes. Textos de la emoción, la lógica y la verdad , ALONSO GARCÍA, Luis y PALAZÓN MESEGUER, Alfonso. Íbid, p.113.
(4) Alusión al catálogo de la exposición fotográfica sobre obras de Wenders Pictures from the Surface of The Earth. La afición de Wenders por la fotografía, ha llegado a convertirse en uno de los puntos más interesantes de toda su creación artística. Wenders ha visto publicadas sus obras fotográficas en varios libros, entre los que se encuentra, a parte del citado, la primera compilación de sus trabajos, Writen in the West, obra en la que se recogen algunas de las imágenes que el artista captó con su cámara recorriendo el desierto de Texas en busca de localizaciones para París, Texas .
(5) Más tarde Wenders también pretendería que Shepard protagonizara la misma Paris Texas, pero tampoco lo consiguió.
(6) Historias imposibles, intervención en un coloquio sobre las técnicas del relato. Recogido por L. Alonso y A. Palazón, op.cit, p.109
(7) Wenders hace alusión a Evans en la versión comentada del DVD de París Texas, constatando una vez más, como en gran parte de su filmografía y la totalidad de su obra fotográfica, la influencia del fotógrafo en la introducción de rótulos y carteles escritos en sus imágenes.
(8) Paris, Texas es el nombre de una población en el norte de este estado en la que los padres de Travis le dijeron que se había originado su vida. Travis compra una parcela allí, en medio de un desierto árido y desolador, y hacia ella se dirige en busca de sus inicios, con la intención de empezar entonces una vida nueva en la que quizás incluir a Jane y a Hunter, aunque deba primero encontrarse a sí mismo. Wenders también estaba interesado en este título por las relaciones que tiene con uno de los temas que más aparecen en toda su obra: la división entre Europa y América.

"Papá siempre presentaba a mamá como la chica que conoció en París. Entonces esperaba unos segundos antes de decir Texas. Esperaba hasta que la gente pensaba que era de París, Francia".

Ensaladilla rusa


Ingredientes (6 personas):
  • 1 kg. de verduras variadas cortadas en cuadraditos para ensaladilla (judias verdes, zanahorias, guisantes y patatas), pueden ser frescas o congeladas.
  • 1 lata de atún en aceite.
  • 1 lata de olivas rellenas de anchoa (sobrará)
  • 1 lata de pimientos morrones
  • 3 huevos duros
  • unas hojas de lechuga
  • 1 bol de salsa mahonesa
  • sal
Preparación:
  1. Poner al fuego una olla grande con agua.
  2. Cuando rompa el hervor, ponerle sal y echar las zanahorias, las judías verdes y los guisantes, hervir durante unos 10 minutos y añadir las patatas, dejar cocer 20 min. más. Si las verduras son congeladas, ponerlas todas juntas y, cuando el agua vuelva a hervir, dejarlas cocer unos 10 min. nada más porque se cuecen más rápido. Escurrir y colocar en una fuente amplia.
  3. Al mismo tiempo que se cuecen las verduras, poner los huevos a cocer. Retirarlos al cabo de 10 min.
  4. Escurrir el aceite del atún y desmenuzar. Picar las hojas de lechuga finamente. Cortar los pimientos en cuadraditos y las olivas en rodajas. Pelar y picar los huevos duros. Reservar unas tiras de pimiento y unas rodajas de huevo duro para decorar.
  5. Mezclar todos los ingredientes cuidadosamente con la ensaladilla y disponerlos de una forma agradable a la vista en la fuente de servir. Decorar con el pimiento y las rodajas de huevo duro.
En la ensaladilla de toda la vida, las verduras se mezclan con la mahonesa antes de montar la fuente, sin embargo, en casa preferimos dejar la mahonesa a parte, de esa manera cada uno se pone la cantidad que desea y, además, si sobra ensaladilla se puede guardar para el día siguiente sin peligro de que se estropee. Como es sabido, la mahonesa, al llevar huevo crudo, se ha de consumir en el día para prevenir que se pueda producir una salmonelosis.


Lomo a la naranja


Ingredientes (6 personas):
  • 1 Kg. de caña de lomo en un trozo (preferiblemente de dos colores porque es mucho más jugoso)
  • 1 cebolla mediana
  • 1 zanahoria
  • 2 naranjas
  • 1 limón
  • 2 c.s. de aceite
  • 2 c.c. de tomillo
  • sal y pimienta
  • 1 c.s. de maicena
  • 1/2 vaso de agua
Preparación:
  1. Salpimentar el lomo y colocarlo en una besuguera.
  2. Preparar un adobo con la cebolla y la zanahoria picadas, la piel rallada de las naranjas y el limón, el tomillo, el zumo de las dos naranjas y el aceite.
  3. Extenderlo por encima del lomo y dejarlo reposar unas cuantas horas. Durante ese tiempo, darle un par de vueltas para que el adobo impregne la carne por todos los lados.
  4. Precalentar el horno a 200º C. Colocar la fuente en el horno y dejarlo durante aproximadamente unos 45 min., dándole la vuelta para que se dore por igual. El tiempo de cocción es estimativo y dependerá del horno en cuestión, para saber si está cocido, pinchar la carne con una brocheta y si el líquido que sale no es rosado, quiere decir que ya está.
  5. Recoger los líquidos de la cocción, ponerlos al fuego en una cazuela pequeña y añadirles la cucharada de maicena diluida en agua para que la salsa tome consistencia. Se puede pasar por la batidora antes de preparar la salsa y entonces queda mucho más fina, aunque yo prefiero que tenga un poco más de textura, pero eso va a gustos.
  6. Dejar enfriar un poco y cortar el lomo en lonchas no demasiado gruesas (1/2 cm. aprox.)
Es un plato que se puede servir lo mismo frío que caliente. En verano queda muy bien frío acompañado de una ensaladilla rusa, es una manera fácil y sencilla de preparar un menú completo.


viernes, 21 de octubre de 2011

Pentateatre Atòmic


Esto dice la publicidad de la obra:

"¿Alguna vez has visto una obra de teatro en un lavabo? ¿Y un musical en una cocina?" 
La propuesta teatral más divertida y original de la cartelera barcelonesa se instala ahora en el Alexandra Teatre. Pentateatre Atòmic son 5 obras de 15 minutos representadas simultáneamente en 5 espacios reales. Los espectadores hacen un recorrido por todo el edificio del Alexandra Teatre y entre obra y obra 10 minutos de descanso en el bar del teatro, música, copas... ¡Y vuelta a empezar!.
Cada una de las obras pertenece a un género dramático: comedia, monólogo futurista, misterio, drama y hasta un musical. Y cada una de ellas se representa en 5 espacios reales: un cine antiguo, una azotea, una cafetería, un W.C y una cocina.
El espectador disfruta de los espectaculos a pocos centimetros de los actores, haciendo un divertido recorrido teatral por las entrañas del Alexandra.

Y éstas son las obras:

EL NARRADOR - Sala Cine (Género: Comèdia) SINOPSIS: Ramón es narrador profesional y está enamorado de la actriz protagonista de la obra que él mismo recita. Intentará evitar por todos los medios que el protagonista de la obra seduzca a la chica. Autor y director: Marc González de la Varga - Intérpretes: Noé Blancafort, Marta Arán y Jorge Paz.

LA PELL A TIRES - Sala Terrat (Género: Monólogo futurista) Un misterioso personaje habla a los espectadores de su visión del mundo actual a ritmo de Julio Iglesias. Idea y dirección: Josep M. Riera - Autor e intérprete: Sergi Sanmartín.

TRAS LA PUERTA - Sala W.C. (Género: Misterio) Dos hombres se encuentran atrapados en un baño. La locura y la desesperación se apoderarán de ellos: Freud, Kafka, Kant y Jose M. Aznar juntos en el W.C.
Autor y director: Marc González de la Varga - Intérpretes: Ferran Terraza y Josep M.Riera.

FORMATGE, GUIX... I MEL - Sala La Cuina (Género: Musical) Tomás y Mireia son dos cocineros incompatibles pero juntos deberán sacar adelante la cena más importante de sus vidas. Autor y director: Raül Z. Méndez - Música: Albert Recolons - Intérpretes: Mireia Guilella y Marc Gómez.

EL REENCUENTRO - Sala Hall (Género: Drama) Después del funeral de su padre, un hijo y su madre quedan en la cafeteria del teatro. Hace 15 años que no se ven. Ambos tendrán que enfrentarse a su pasado y a su presente. Autor y director: Josep M. Riera - Intérpretes: Elisabeth Bonjour y Kike Mas.


Y sí, vale la pena, original, divertida, entretenida, fresca... una propuesta diferente. Las cinco obras, tan diferentes entre sí, aseguran que todos y cada uno de los espectadores encuentren una, o varias, con las que sentirse más afines, personalmente me quedo con Tras la puerta, El reencuentro y El narrador.

Las dos horas y media que dura el espectáculo se pasan sin sentir y a lo largo de las mismas transitas por diferentes estados de ánimo: risas, intriga, sobrecogimiento, reflexión... La variedad de géneros y temáticas de las obras; el recorrido por las diferentes dependencias del Alexandra -terraza y baños incluidos- que convierten la representación en una especie de ginkama; la cercanía física de los actores y los intermedios en el bar del teatro con las birras y las palomitas, hacen que te quedes con las ganas de que la fiesta continúe.

Totalmente recomendable.

Another Year, Mike Leigh, 2010


Título original: Another Year
Dirección: Mike Leigh
Guión: Mike Leigh
Fotografía: Dick Pope
Música: Gary Yershon
Producción: Film4 / Focus Features / Thin Man Films / UK Film Council
País: Reino Unido
Año: 2010
Género: Drama
Duración: 129 min.
Intérpretes:  Jim Broadbent, Lesley Manville, Ruth Sheen, Peter Wight, Oliver Maltman, Imelda Staunton, David Bradley, Karina Fernandez, Martin Savage, Michele Austin, Philip Davis, Stuart McQuarrie


Familia y amistad. Alegría y tristeza. Esperanza y desánimo. Soledad. Un nacimiento y una muerte. Gerri (Ruth Sheen), terapeuta, y Tom (Jim Broadbent), geólogo, están felizmente casados, aunque les preocupa que su hijo Joe (Maltman), que es abogado, permanezca soltero. Esta preocupación les impide darse cuenta de hasta qué punto María (Lesley Manville), una frágil compañera de trabajo de Gerri, depende completamente de su amistad. (FILMAFFINITY)


Entrevista con Mike Leigh

¿Cuál fue el punto de partida para “Another Year”?
Es una pregunta sin respuesta. Esta es una película sobre muchas cosas. Al final intentar cuantificar sobre qué va la película es muy difícil. Por supuesto es sobre la vida pero decir eso, aparte de no ayudar mucho, podría sonar pretencioso. El hecho es que mis películas no son, y esta tampoco, la clase de películas de las que puedes decir cual es la idea detrás. Sin embargo, sería cierto decir que la película tiene relación con el hecho de que he cumplido 67 años. Así que es una película que nace por la preocupación sobre la vida que sigue adelante y como lo manejamos.
Dado que “Happy Go Lucky” era sobre treintañeros, esto constituye un interesante contraste…
Sí, lo cierto es que pensé en hacer una con gente de mi edad.
¿Por qué?
Tengo muchos amigos, y algunos tienen la mitad de años que yo. No soy una persona anclada en mi mundo de viejos. Incluso salgo con mis hijos. Tengo una muy buena relación con ellos. Están en los ventimuchos o primeros treinta. Mucho de eso tiene eco en la película con Tom, Gerry y Joe. Pero a veces hago cosas con amigos mayores y eso me devuelve a los sesentones. Pensé que tenía que tratar eso un poco. De hecho la película no es solo sobre eso, hay algo en la mezcla.
Es raro vez una relación tan positiva entre padres e hijos en pantalla.
Puede que sea verdad, pero lo cierto es que lo que me interesa es mostrar a todo tipo de gente, y eso incluye gente que está bien y gente que no.


¿Es Tom un alter ego tuyo?
Me encantaría pensarlo. Puede que un poco, no sé. Es un buen tipo. Pero claro, él no trabaja en este negocio, es fácil para él. Solo se tiene que preocupar de las rocas, la tierra y los túneles. No tiene que hacer películas, algo mucho más difícil que exige mucho. Así que bien por él.
¿Es el héroe de la película?
No, es el personaje central, pero no es un héroe. Yo no hago héroes. Creo que estas personas se unieron siendo muy jóvenes, y han encontrado lo que necesitan el uno en el otro. Han creado un mundo confortable donde pueden ser sinceros. Algunas personas son buenas creando estructuras que hacen la vida fácil, mientras que otros, muchos de nosotros, hemos creado inevitablemente estructuras que hacen de la vida y las relaciones algo difícil. Algunos son capaces, por las cosas que les motivan y les preocupan, de crear el mundo que les funciona, pero eso es algo que no todos tenemos la habilidad de crear.
La película empieza con Imelda Staunton. ¿Crees que hay otra película con ese personaje?
No, aunque la verdad objetiva es que hay una película sobre todo el mundo. De hecho, su importancia, la de esa mujer, es vital para toda la película Es un prólogo emocional, establece la agenda de la película. Te va preparando para Mary. Además no vuelve porque no va a volver, no quiere hacer terapia, no quiere interferencias.
¿Qué puede contar sobre el trabajo de Peter? Es una de sus mejores películas contigo.
Creo que todas sus interpretaciones han sido fantásticas. Todos son grandes intérpretes y soy un privilegiado por trabajar con gente tan inteligente, creativa y original y que, por encima de todo, son actores. Realmente fabrican personajes. Peter Wight es un actor increíblemente emocional, que transmite. Es una persona muy filosófica, y añade eso de forma implícita a su trabajo. Es fantástico, pero todos lo son.


¿Te interesaba el hecho de que la gente de esta edad suele atravesar por muchos cambios en su vida?
Claro, así es. Supongo. Para ser sincero no me parece que la película trate sobre eso, de hecho lo traté antes en ‘Grandes Ambiciones’, en la que la señora mayor sufría alzheimer. También en ‘Topsy-Turvy’, donde nos enfrentamos al padre de Gilbert que simplemente está loco. Al hacerte mayor muchas veces puede ocurrir fácilmente que nuestras funciones se apaguen y simplemente existas. Te encierras, y a veces la gente muere. Ya estoy en la edad en la que mucha gente muere, incluyendo mi productor de siempre, Simon Channing-Williams, que murió el año pasado. Eso te afecta. Y por supuesto, los Toms y Gerrys de este mundo son alguien con quienes nos podemos identificar porque son gente interesada en sueños realizados, te hace sentir joven.
¿Cuál es tu interés al retratar gente de clase media?
Bueno, no es algo en lo que piense. Vengo de ese mundo, clase media-baja y obrera. Muy ocasionalmente me he metido en el mundo de la clase alta, pero no es algo que haya vivido. Mi hábitat natural es la clase media-baja. Para mí como director, puesto que no hago películas autobiográficas en sentido estricto, mi responsabilidad es mirar al mundo y hablar sobre él. En esta película el hermano es muy de clase obrera, de la que obviamente Tom procede, y por su acento puedes decir lo mismo de Gerry. Pero han ascendido un poco de la manera correcta y viven cómodamente. Todo lo que hago es, como dijo Shakespeare, sostener un espejo frente a la naturaleza. Ese es el mundo en que vivimos.


¿Qué importancia tiene el humor en tu trabajo?
Es importante pero no de manera consciente. Los problemas de los personajes son importantes. Hay humor y ocurre de manera natural, porque la vida es trágica y es cómica. La vida es profunda y ridícula, triste y alegre, es así. La gente me pregunta como decido cuando algo debe ser gracioso, y no lo decido, no puedes ser gracioso sin subrayar la realidad, igual que no puedes tener tragedia sin chistes.
¿Qué buscabas visualmente con la película?
Buscaba lo que ves. Por enésima vez he trabajado con Dick Pope, un gran director de fotografía. Es fantástico, y hemos trabajado juntos durante 20 años. Cada estación se relaciona visualmente con la otra y son partes de un todo. Cada una se relaciona con lo que está ocurriendo dramáticamente.
¿Cuánto ensayo haces?
En una película convencional te podría dar una respuesta. Pero en estas películas tenemos meses de improvisar, crear y construir su mundo. Entonces construimos la escena en las localizaciones, y después rodamos. Entonces podemos trabajar uno o varios días dependiendo de la complejidad de la escena e improvisar y atarlo todo con el ensayo y el guión. Mucho trabajo se va en concretar. No hay una respuesta técnica, es un proceso de ensayo.

jueves, 20 de octubre de 2011

Tarta de zanahoria y coco





Ingredientes:

  • 12 sobaos cuadrados
  • 500 gr. de zanahorias
  • 125 gr. de coco rallado
  • 1 vaso tamaño agua de azúcar
  • 1 huevo
  • 1 pastilla de chocolate de cobertura
  • 2 c.s. de leche
  • 1 c.s. de mantequilla


Preparación:

  1. Pelar y hervir las zanahorias en un poco de agua. Escurrir y dejar enfriar.
  2. Poner en la batidora la zanahoria, casi todo el coco (reservar unos 25 gr. para decorar), el azúcar y el huevo. Mezclarlo homogéneamente.
  3. Cortar los sobaos por la mitad a lo alto. Colocar en una bandeja rectangular una base de 2 x 4 mitades de sobaos.
  4. Poner la mitad de la mezcla batida encima de los sobaos y alisarla con una lengua pastelera. Cubrir con una nueva capa de medios sobaos.
  5. Repetir el paso 4. Han de quedar 3 capas de sobaos rellenas de dos capas de la mezcla de zanahoria y coco.
  6. Trocear el chocolate de cobertura y ponerlo a derretir con dos cucharadas de leche y una cucharada de mantequilla. Se puede hacer al micro-ondas o bien al baño maría. Cuando esté derretido el chocolate, batirlo hasta que quede muy fino y sin grumos, tiene que quedar espesito para poderlo trabajar bien.
  7. Bañar la parte superior y los laterales de la tarta con el chocolate, utilizar la lengua pastelera para que quede uniformemente distribuido y con una bonita forma.
  8. Espolvorear por encima y por los lados de la tarta el coco reservado.
Esta receta me la ha enseñado a hacer Elena... va por ti, mi niña... ¡Buen provecho!

Casablanca, Michael Curtiz, 1942




Título original: Casablanca
Director: Michael Curtiz
Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein, Howard Koch (basado en una obra orginal de Murray Burnett y Joan Alison)
Fotografía: Arthur Edeson (B&W)
Música: Max Steiner
Producción: Warner Bros. Pictures | Productor: Hal B. Wallis
País: Estados Unidos
Año: 1942
Género: Drama romántico
Duración: 102 min.
Reparto: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Lorre, Dooley Wilson, S. Z. Sakall, Madeleine LeBeau, Joy Page, John Quaien


Casablanca, una ciudad de fácil acceso pero casi imposible de abandonar, especialmente si tu nombre se encuentra en la lista de los hombres más perseguidos por los nazis. El principal objetivo de los invasores es el líder checo y héroe de la resistencia Victor Laszlo, cuya única esperanza es Rick Blaine, el propietario del "Rick's Café", un hombre que no arriesga su vida por nadie... excepto por Ilsa. Ambos encarnan a unos antiguos amantes que vuelven a unirse brevemente en el caos de la guerra. Cuando Ilsa se ofrece a cambio de un visado que consiga sacar a Laszlo del país, Rick deberá elegir entre su propia felicidad o el idealismo y las numerosas vidas que podrían salvarse.


Siempre nos quedará Casablanca

«Ilsa: ¿Puedo contarte una historia?
Rick: ¿Tiene un final feliz?
Ilsa: Aún no sé que final tendrá.
Rick: Tal vez se te ocurra mientras la vayas contando.»

Este film es uno de los mayores mitos de la historia del cine, y por supuesto no faltan opiniones para todos los gustos, desde aquellos que opinan que está excesivamente sobrevalorado hasta los que lo colocan en el altar de la mejor película de todos los tiempos, un calificativo que a mí particularmente me parecería exagerado fuese cual fuese la película a la que se aplica. Sin ser tan extremista como estos últimos, la considero como una obra maestra, y por cierto, volviéndola a ver me doy cuenta de que por lo que a mí respecta, la película no envejece con el tiempo, ya que no lo hace mi opinión sobre ella. ¿Qué entiendo yo por una obra maestra? Pues aparte de estar fenomenalmente realizada en todos los aspectos exclusivamente cinematográficos posibles, (empezando por el guión y dirección y acabando por cosas menos importantes como la fotografía o la música por ejemplo, pero que sin duda hay que tener en cuenta), tiene que tener un ingrediente más, y éste es extracinematográfico, por eso estas cosas son tan subjetivas a veces, y este aditivo especial es tan simple y a la vez tan complicado como que la película tiene que tocarme la fibra sensible, tiene que demostrarme, y desgraciadamente esto ocurre sólo muy de cuando en cuando, que todavía tengo sentimientos, cosa que a veces hasta dudo. Casablanca es una de esas películas que me llegan, me conmueven y consiguen extraerme unas lagrimitas (que para mal o para bien soy incapaz de mostrar en público, pero no así en la oscuridad de mi cuarto frente a mi pequeño televisor) y que me devuelven la humanidad que puedan quitarme, por ejemplo, los telediarios de cada día.


Como todas las demás escogidas para incluir dentro de este especial, la película se llevó el oscar (concretamente el de 1943, pues aunque el film se terminó de rodar en agosto del 42, su estreno no se produjo hasta el comienzo del año siguiente) venciendo a producciones como ¿Por quién doblan las campanas? (For Whom the Bell Tolls, Sam Wood, 1943), en la que también participaba Ingrid Bergman, El cielo puede esperar (Heaven Can Wait, Ernst Lubitsch, 1943) o La canción de Bernadette (The Song of Bernadette, Henry King, 1943), entre otras. Además se llevó las estatuillas correspondientes al mejor director para Michael Curtiz y al mejor guión adaptado (éste se basaba en la obra teatral inédita Everybody Comes to Rick´s de Murray Burnett y Joan Allison). La película de Curtiz obtuvo además varias nominaciones, tanto Humprey Bogart como Claude Rains optaron al premio al mejor actor y mejor actor secundario respectivamente, así como también el montaje, la fotografía en blanco y negro y la banda sonora (en drama o comedia) pudieron haber alcanzado las doradas figuras.

Desde luego todas las nominaciones me parecen justas, pero me gusta destacar la interpretación de Claude Rains, cuyo personaje me parece uno de los mejores papeles secundarios de la historia del cine: el corrupto, chaquetero y carente de escrúpulos prefecto de la policía Renault, que a pesar de lo exagerado del mismo, la comedida actuación de Rains le dota de una mayor credibilidad y de cierta simpatía ante el espectador. Es genial ese divertido diálogo en el que se ve obligado a cerrarle el local a Rick por Strasser, el oficial alemán:

«Rick: ¿Con qué derecho me cierra usted el local?
Renault: ¡Que escándalo!, ¡Que escándalo!, He descubierto que aquí se juega.
Croupier: Sus ganancias, señor. (Ofreciendo un manojo de billetes a Renault)
Renault: Muchas gracias. ¡Todo el mundo fuera!»

Pero este es solo una mínima muestra, Casablanca está repleta de buenos y fluidos diálogos que resultan creíbles, integrados en un perfecto guión en el que vemos retratados a unos personajes completamente reales que se enfrentan a complicados conflictos. Ilsa se debate entre dos amores: el de Rick es un impulso, es pura pasión, y por eso mismo aunque sea imposible e injusto para con Laszlo, es tan irrefrenable que no se puede oponer a ese sentimiento. El de Laszlo, ¿que decir del hombre al que ella idolatraba cuando sólo era una jovencita, que la ha inundado de ideales, al que ni siquiera soñaba con conocer, y que ahora es su esposo? Laszlo tendrá que cargar para siempre con la losa de una infidelidad que su esposa a la que ama por encima de todas las cosas (incluso por encima de la “resistencia”) no le confiesa, a pesar de la evidencia, y Rick, con una espina clavada en el corazón, que se enfrenta a una situación límite en la que sea cual sea la decisión que tome al final, siempre va a salir alguien perjudicado. ¿Qué problema se le plantearía a Rick en marcharse a Paris con Ilsa si Victor Laszlo fuese un indeseable? Pero no es el caso, en esta historia no hay ni buenos ni malos (salvo los alemanes, claro está), sino personas que se mueven por impulsos, y el personaje de Laszlo es tanto o más digno que Rick, aunque la decisión final de este último le eleve por encima de todo, pero es que en el fondo Rick, como le decía Renault, es un romántico.


Todavía es más sorprendente un guión tan bueno si se tiene en cuenta que aunque lo firmen tres personas, los hermanos Epstein y Howard Koch, hubo incluso más guionistas por detrás. Además, entre tantas versiones de las mismas escenas, Curtiz también metió mano todo lo que pudo eligiendo u obviando lo que mejor le parecía, e incluso discutió bastante con Koch acerca de la inclusión del flashback, y finalmente el director se salió con la suya. El guión se iba construyendo según se iba rodando la película, e incluso los guionistas hicieron un chiste sobre esto con el obvio diálogo que encabeza estas líneas, y se barajaron unos cuantos finales, de los que el elegido es probablemente inmejorable, triste pero a la vez realista. Hal B. Wallis, el productor de la Warner, fue la otra persona con la que Curtiz tuvo que discutir continuamente, sobre el guión, la fotografía, la música, los castings, pero con su perseverancia el director consiguió llevar la película exactamente por donde quería, aunque paradójicamente a posteriori su labor en el film fuese ninguneada por Wallis y los guionistas.

¿Cuánto pasará hasta que vuelvan a darle el óscar a una película que me provoque las sensaciones que ésta lo hace? Eso nadie puede saberlo, pero no sería muy descabellado pensar que eso no ocurriese nunca más. En cualquier caso, siempre nos quedará Casablanca, con Bogart y Bergman en el café de Rick, con la sombra de Laszlo, mientras los demás intentan conseguir pasaportes a Lisboa, la antesala de América, huyendo del fascismo, el prefecto juega a la ruleta mientras hace la rosca a los alemanes, y Sam, en su eterno piano, sigue tocando la misma canción:

«Well, it´s still the same old story
A fight for love and glory
A case of do or die
The world will always welcome lovers

As time goes by
Oh yes, the world will always welcome lovers
As time goes by»

Sergio Vargas (Miradas de Cine)