jueves, 27 de octubre de 2011

Amarcord (Mis recuerdos), Federico Fellini, 1973


Dirección: Federico Fellini.
Guión: Federico Fellini, Tonino Guerra.
Fotografía: Giuseppe Rotunno.
Música: Nino Rota.
Producción: Coproducción Italia-Francia; F.C. Producioni / P.E.C.F.
País: Italia
Año: 1973
Género: Comedia
Duración: 118 min.
Intérpretes: Pupella Maggio (Miranda Biondi, la madre de Titta), Armando Brancia (Aurelio Biondi, el padre de Titta), Magali Noël (Gradisca, la peluquera), Ciccio Ingrassia (Teo, el tío loco de Titta), Nando Orfei (Patacca, el tío de Titta), Luigi Rossi (Abogado), Bruno Zanin (Titta Biondi), Josiane Tanzilli (Volpina, la nifómana), Maria Antonietta Beluzzi (la estanquera), Giuseppe Ianigro (El abuelo de Titta),


Cuenta la historia de algunos personajes que viven en la ficticia ciudad de Borgo, basada en la ciudad de Rímini, ciudad natal de Federico Fellini, durante el período de la Italia fascista en la década de 1930.
Con la apariencia inicial de la típica película costumbrista italiana, adquiere pronto una dimensión de ironía, farsa y esperpento.
El título del filme (a m'arcòrd) quiere decir literalmente "yo me acuerdo" (o "me acuerdo de", "recuerdo") en el dialecto propio de Emilia-Romaña, la región italiana donde está situada Rímini.



Hay una serie de títulos por lo que uno ama el cine y “Amacord” (1.973), “Yo Recuerdo ” en castellano, de Federico Fellini es uno de ellos.
En este film, el genio de Rímini llega a la apoteosis de su creación y desde mi punto de vista, es su mejor película, donde se refleja lo mejor de su hacer y donde sus excesos en otros films, como un íntenso barroquismo se estiliza y se sucede una profusión de imágenes extraordinariamente líricas e íntensas, como son los verdaderos recuerdos. “Amarcord” es ante todo una serie de recuerdos, recuerdos a veces no del todo objetivos, pero recuerdos que han formado el propio universo interior de Fellini y se refleja en toda su obra, ya que “Amarcord” es Fellini en estado puro y “Amarcord” tambien está presente en todas las otras de obras de Fellini.


Si la Parma de “Novecento” de Bertolucci era un microcosmos de Italia, tambien la Rímini de “Amacord”, aunque oniricamente la hacen llamar Bogo, es un reflejo de la nación transalpina, con sus luces y sus sombras. Fellini quiere dar una imagen colectiva de un pueblo, de toda una sociedad y con ello da una visión mucho más alegre y hasta desenfada y mucho menos sombria que cuando trata a individuos aislados. Este hecho hace que el film sea un mosaico generosamente fracturado que no pertenece a un solo personaje, pero no pensemos que “Amarcord” es una película coral, porque cada personaje tíene su propia complejidad y su mundo interior, Fellini logra transmitir lo colectivo y la individual en un mismo plano y el espectador ve la multitud, pero tambien ve el individuo.
En esta sucesión de recuerdos que es “Amarcord”, los niños y los adolescentes adquieren una importancia especial, es su visión ingenua, vitalista y a veces distorsionada. Lo que Fellini intenta transmitir, en este aspecto la película adquiere un fuerte tono autobiográfico. Y esta visión es geneticamente crítica, la Italia fascista de los años 30 se observa como algo grotesco y esperpéntico, pero no se esconde su violencia y su brutalidad, aunque esta violencia y brutalidad se ve como algo especialmente absurdo y sin sentido. Por todo ello Fellini utiliza una mirada especialmente mordaz, como si la risa fuera el mejor antídoto contra la intolerancia.



Pero este fascismo no logra acabar con el vitalismo de una sociedad, no logra acabar con el alma humana y ese Bogo-Rímini está vivo y el propio Fellini para reflejarlo utiliza recursos clásicos y casi academicos como la progresión a través de las estaciones y así introducir el efecto del estado de ánimo de los personajes.
Personajes todos memorables y llenos de encanto, como el joven Titta, alter ego del propio Fellini, Miranda, la madre de Titta, la típica mamma italiana. Aurelio, el padre de Titta, conservador con su familia pero anti-fascista. Su tio Teo, internado en un manicomio, el historiador aficionado, una especie de cronista local y su visión sarcástica de la realidad, la casquivana y coqueta Gradisca, sex- simbol de Bogo, sex-simbol de Italia. El vendedor ambulante Biscein, la estanquera pechugona, el anciano arcordeonista ciego o Volpina, la prostituta ninfómana, todos personajes que al verlos nunca se nos olvidará.



Y el vitalismo se refleja tambien en una serie de escenas memorales que siempre quedaran prendidas en la retina de quíen tenga la suerte de haberlas visto, aderezadas por la hermosa fotografía de Guiseppe Rotunno y la música de Nino Rota. Escenas como, la aparición del transatlántico por la noche, la nevada en la ciudad costera, la carrera de coches por las calles de la ciudad, la escena iniciatica de la estanquera, la internacional sonando desde un campanario, el acto fascista con la aparición del busto de Mussolini, la visita a la casa de campo familiar del loco internado en el manicomio, la llegada del haren del emir al principial hotel de la ciudad, el recibimiento del Principe y finalmente la oniríca escena de la boda, como fin del recuerdo y fin de la película.

esclavosdelceluloide.com


miércoles, 26 de octubre de 2011

Sopa de Ganso, Leo McCarey, 1933



Título Original: Duck soup
Director: Leo McCarey
Guión: Bert Kalmar & Harry Ruby
Música: Arthur Johnston
Fotografía: Henry Sharp (B&W)
Producción: Paramount Pictures
País: Estados Unidos
Año: 1933
Género: Comedia
Duración: 70 min.
Reparto: The Marx Brothers (Los Hermanos Marx): Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Zeppo Marx; Margaret Dumont, Louis Calhern, Raquel Torres, Edgar Kennedy.


La República Democrática de Freedonia, un pequeño país centroeuropeo, a cuyo frente se encuentra el muy liberal señor Rufus T. Firefly, se ve amenazada por la dictadura de Sylvania, país de vieja y reconocida solvencia como agresor. Dos espías de prestigio, Chicolini y Pinky, sirven a Sylvania, lo que no impide que acaben siendo ministros del ahora ya excelentísimo Firefly.


Sopa de ganso” es la última película que los Marx hicieron con la Paramount. Es la que contaron con un realizador de mayor prestigio (Leo McCarey). Es una película consagrada al disparate continuo de sus chistes (no aparecen Harpo y Chico tocando el arpa y el piano). Se mete con toda la política internacional en el mismo año en que Hitler era nombrado canciller de Alemania (no olvidemos que los Marx eran judíos). Y supuso la última película en la que todo, absolutamente todo, estaba dispuesto a su lucimiento en pantalla. Pese a no suponer el exitazo de “Plumas de caballo”, tampoco resultó un fracaso comercial y los Marx (descontentos con la productora) no renovaron con la Paramount. Obtuvieron mejores condiciones, convertidos ya en estrellas de Hollywood, en la siguiente compañía, la Metro Goldwyn Mayer, adonde llegaron apadrinados por el productor Irving Thalberg. Y ahí se inició la “fórmula Thalberg” que les condicionaría el resto de su filmografía: los hermanos Marx seguirían haciendo sus chistes y sus bromas, pero la historia principal sería no ya un musical, sino una comedia romántica. En adelante, en sus películas, los Marx se encargarían de ayudar a estar juntos a la pareja de enamorados de turno. La fórmula se estrenó con la que sería su película más exitosa: “Una noche en la ópera” (A night at the opera, Sam Wood, 1935).

Es cierto que el humor ácido e iconoclasta seguiría en esta nueva etapa. Pero “Sopa de ganso” marca el punto de no retorno. Se trata de su película más política, donde los millonarios deciden quiénes gobiernan (es el personaje de Margaret Dumont quien escoge de presidente a Rufus T. Firefly); donde los gobernantes son holgazanes, arbitrarios e ignorantes (el famoso chiste de Groucho de la película: “Este informe lo entendería hasta un niño de cuatro años, traiga a un niño de cuatro años porque no entiendo nada”); donde la diplomacia se mueve por motivos poco elevados y por las dinámicas egoístas e imperialistas de los países; y donde la guerra es un negocio que se creen todos los ignorantes (los habitantes de Freedonia reciben cantando alborotados la declaración de guerra del gobierno). El impacto fue, de hecho, muy profundo en los propios Marx. Fue a partir de ese momento cuando Groucho empezó a adquirir una conciencia política que crecería hasta el punto de que, décadas más tarde, Richard Nixon lo considerase un enemigo público. Y fue también cuando Harpo inició una gira por la URSS que le haría participar en diversos movimientos políticos.


Este carácter único de “Sopa de ganso” es lo que, años después, llamó especialmente la atención sobre los Marx en Europa, lo que marcaría las diferencias de recepción de estos cómicos. En Europa, los hermanos Marx son conocidos por el cine, y Groucho es el más valorado porque nos parece el más ingenioso, lo que se debe, en parte, a la imposibilidad de entender el personaje de Chico fuera de Estados Unidos: comprender ese estereotipo de inmigrante italiano de principios de siglo que no tiene un duro y que usa el ingenio para sobrevivir al tiempo que trufa su discurso de juegos de palabras tan disparatados como intraducibles es tan difícil como exportar fuera de España la comicidad de Pepe Isbert. Sin embargo, los hermanos Marx fueron, para los estadounidenses, unos cómicos con una constante presencia en radio y televisión y que, además, hicieron películas. Groucho es un icono no tanto por sus películas como por esta presencia mediática, por estar, por ejemplo, quince años presentando el popular concurso “You bet your life” (en los años 40 y 50) en los que aparecían la mayor parte de los chistes y ocurrencias por los que se le recuerda en la actualidad. Tenemos una parte mínima de los Marx (como si en Estados Unidos tuvieran que valorar a Martes y Trece por sus películas), pero se trata de un parte significativa de la que “Sopa de ganso” es su ejemplo más extremo.

Si los Marx fueron domesticados a partir de “Una noche en la ópera”, no digamos ya el cine surrealista y político de “Sopa de ganso”. Se produjo toda una convergencia de tendencia liberal en la película, como la obra “Of thee I sing” de George S. Kaufman y Morris Ryskind, con numerosas escenas que acabaron plasmadas en el guión original. Y todo ello en el ambiente del Hollywood de aquella época, donde las comedias se podían reír de la institución matrimonial, donde cabían películas como “Sopa de ganso” o “El gran dictador”. Por eso la película nos parece irrepetible tanto tiempo después y por eso da la sensación de que, en términos de censura y de consumo cultural, no hayamos hecho más que retroceder desde entonces.

Manuel de la Fuente (EfeEme)


Sra. Teasdale: ¡Oh Excelencia! Le estábamos esperando. Como presidenta del comité de recepción le expreso los mejores deseos de cada hombre, mujer y niño de Freedonia.
Rufus T. Firefly: No diga tonterías. Coja una carta.
Sra. Teasdale: ¿Una carta? ¿Y qué hago con una carta?
Rufus T. Firefly: Se la puede quedar, aún me quedan cincuenta y una. Bueno qué decía.
Sra. Teasdale: Como presidenta del comité de recepción le doy la bienvenida con los brazos abiertos.
Rufus T. Firefly: Sí ¿y hasta que hora los tiene abiertos?
Sra. Teasdale: He apoyado su nombramiento porque considero que es usted el consejero más capacitado de Freedonia.
Rufus T. Firefly: Es un concepto bastante amplio. Y usted también es bastante amplia, será mejor que se largue, he oído que van a construir unas oficinas donde está usted. Se puede ir en taxi, si no consigue uno se puede ir indignada. Y si es pronto váyase dentro de un minuto. ¿Sabe que no ha dejado de hablar desde que he llegado? Le habrán vacunado con la aguja de un tocadiscos.
Sra. Teasdale: El futuro de Freedonia depende de usted. Prométame que seguirá fielmente los pasos de mi marido.
Rufus T. Firefly: ¿Qué les parece? No llevo ni cinco minutos en el cargo y ya se me está insinuando. No es que me importe pero, dónde está su marido.
Sra. Teasdale: Oh, ha muerto.
Rufus T. Firefly: Seguro que solo utiliza eso como excusa.
Sra. Teasdale: Estuve con él hasta el final.
Rufus T. Firefly: No me extraña que falleciera.
Sra. Teasdale: Lo estreché entre mis brazos y lo besé.
Rufus T. Firefly: Entonces fue un asesinato. ¿Se casaría conmigo? ¿Le ha dejado mucho dinero? Responda primero a lo segundo.
Sra. Teasdale: Me dejó toda su fortuna.
Rufus T. Firefly: No me diga, no comprende lo que intento decirle, la amo.
Sra. Teasdale: ¡Excelencia!
Rufus T. Firefly: Usted tampoco está mal.

Rufus T. Firefly: Bailaría con usted hasta que las ranas críen pelo. Prefiero bailar con una rana hasta que usted críe pelo.

Rufus T. Firefly: (Dictando una carta) Estimado dentista. Adjunto le mando un talón que quinientos dólares, atentamente… ¡Envíela inmediatamente!
Bob Roland: Primero tendré que adjuntar el talón.
Rufus T. Firefly: Si lo hace le despido.

Chicolini: Recuerda que nos dio una fotografía de un hombre y nos dijo que lo siguiéramos.
Trentino: Eh, Sí.
Chicolini: Pues nos pusimos a trabajar en seguida y en una hora, en menos de una hora.
Trentino: ¿Si?
Chicolini: Perdimos la fotografía. Trabajamos deprisa ¿Eh?

Ministro de Economía: Excelencia aquí tiene el informe de la Tesorería, espero que esté claro.
Rufus T. Firefly: ¿Claro? Hasta un crío de cuatro años podría comprenderlo. (Dirigiéndose a Bob Roland) Búsqueme a un crío de cuatro años, a mí me parece chino.

Rufus T. Firefly: ¡Hablaré con mi abogado en cuanto acabe su carrera!

Sra. Teasdale: Excelencia, pensaba que se había ido.
Rufus T. Firefly: No, no. No me he ido no.
Sra. Teasdale: Pero si le vi con mis propios ojos.
Rufus T. Firefly: ¿Y a quién vas a creer a mí o tus propios ojos?

Rufus T. Firefly: Teniente ¿Por qué no puso los documentos del sumario en mi cartera?
Bob Roland: Pues no pensé que fueran importantes. Excelencia.
Rufus T. Firefly: No pensó que fueran importantes. Tenía el postre envueltos en esos documentos.

Rufus T. Firefly: Caballeros, Chicolini puede hablar como un idiota y tener aspecto de idiota. Pero que eso no les engañe. Es realmente un idiota.

Capitán: Excelencia. Están derrotando a nuestros hombres en campo abierto, sugiero que hagamos trincheras.
Rufus T. Firefly: ¿Hacer Trincheras? ¿Con nuestros hombres muriendo como moscas? No hay tiempo para hacerlas. Las compraremos hechas, tenga, salga a comprar unas cuantas.
Capitán: ¡Sí, señor!
Rufus T. Firefly: ¡Un momento! (señalándose el cuello) Que sean así de altas. Nos ahorraremos pantalones. ¡Un momento! (señalándose por encima de la cabeza) Así nos ahorraremos el uniforme entero.
Capitán: ¡Sí, señor!

Bob Roland: El general Smith informa de un ataque con gases.
Rufus T. Firefly: Que se tome una cucharada de bicarbonato en medio vaso de agua.

Rufus T. Firefly: (Tras el sorteo de quién irá a avisar al General a través del campo de batalla) Es usted un hombre valiente, cruce las líneas y recuerde, mientras esté ahí fuera jugándose la vida nosotros estaremos aquí dentro pensando lo idiota que es.


Mientras duermes, Jaume Balagueró, 2011


Título original: Mientras duermes
Dirección: Jaume Balagueró
Guión: Alberto Marini
Fotografía: Pablo Rosso
Música: Lucas Vidal
Producción: Filmax
País: España
Año: 2011
Género: Thriller. Terror
Duración: 107 min.
Intérpretes:  Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan, Petra Martínez, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Amparo Fernández, Oriol Genís, Iris Almeida


César es el portero de un edificio de apartamentos y no cambiaría este trabajo por ningún otro, ya que le permite conocer a fondo los movimientos, los hábitos más íntimos, los puntos débiles y los secretos de todos los inquilinos. Si quisiera podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera Dios, abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha. Porque César guarda un secreto muy peculiar: le gusta hacer daño, mover las piezas necesarias para producir dolor a su alrededor. Y la nueva vecina del 5ºB no deja de sonreír. Entra y sale cada día radiante y feliz, llena de luz. Así que pronto se convertirá en el nuevo objetivo del juego de César. Se trata de un reto personal, de una obsesión. (FILMAFFINITY)


El que acecha en el umbral

Cuando han saqueado mi casa (tres veces a lo largo de 28 años, y que este dato no les anime a perpetuarlo, odiosos cacos, las carísimas alarmas de Prosegur velan por mi seguridad y también los eficientes y rapidísimos guardianes de la ley, esa celosa policía que tarda veinte segundos en acudir en tu ayuda si te amenaza el peligro), mi refugio a veces compartido larga o provisionalmente, escenario que crees ajeno a la mirada y el juicio del prójimo, testigo pasivo de tus manías, tus gozos, tus sufrimientos, tu locura, tu resignación o tus sueños, siempre he lamentado infinitamente más a que me robaran mis renovables pertenencias que alborotaran mis recuerdos, que profanaran imágenes, fotografías, cartas y momentos que mi memoria guardaba con celo, la sensación de que esos hijos de puta te han violado conociendo y arrasando tus cosas más íntimas.


Jaume Balagueró, un director del que percibes desde sus comienzos que sabe lo que hacer con una cámara, que posee un lenguaje propio aunque los guiones sean insalvables (el primer REC es la insólita prueba de un autor solvente, de alguien que utiliza el falso documental, el tono al que han malacostumbrado a los espectadores televisivos de sucesos para contarles una historia que da miedo ) se ha encontrado con Mientras duermes un guion a la altura de sus obsesiones, con toda la complejidad, los recovecos, la apariencia amable y el fondo tenebroso de un hombre cuya profesión le permite controlar, amenazar, manipular, acumular datos, destruir progresiva o finalmente la existencia de los vecinos de una casa en la que él sabe todo de sus vidas, de sus carencias y de sus anhelos, de su soledad y de sus ilusiones, de su plenitud y de su desamparo.


Este individuo , cuya profesión podría calificar displicentemente de portero (no he consultado el progresista libro de estilo de los periódicos, pero seguro que la inaplazable corrección política les denomina conserjes, guardianes de fincas o cualificados asistentes sociales), el hombre o la mujer que posee por lógica el control sobre las llaves, las salidas y las ausencias del personal que le paga, lo que aparentan y lo que son, sus secretos y su transparencia, sus modales y sus neuras, su esplendor y su miseria, puede ser como el monstruo de Frankenstein, alguien que es malo porque es desgraciado, revenido con la tonta o coherente felicidad del prójimo, capaz de las barbaries más sofisticadas con tal de machacar la seguridad del inseguro, de desmontar la patética e ilusoria compañía de los instalados, del que se siente verdaderamente solo, la alegría de la tonta buena, guapa, confortada y luminosa vecina que siempre lo ha tenido fácil. Es el temible rencor contra todo y contra todos del amargado biológico, del sicópata con medios sicológicos para perpetrar su venganza existencial. Hay montones de hombres que matan a sus antiguas o actuales mujeres y después se suicidan. Lástima que no opten en su desesperación, en el abandono o el rechazo que sufren, por la segunda decisión.


Balagueró cuenta esta inquietante historia con poderío visual, sin golpes de efecto, con un tono y una atmósfera que me remiten al mejor Polanski. Y el cejas atormentado y maligno Luis Tosar (qué complicado inventarte algo nuevo despues de haber encontrado el papel de tu vida en Celda 211, de que en la memoria de cualquier espectador ocupe un lugar mítico ese estiloso y digno cabrón) está perfecto, sutil, provoca terror. Y que la suerte nos libre de alguien que nos quiere hacer daño cuando nos va bien, porque la única terapia para su infortunio y su frustración es destruir a los que andan más o menos de acuerdo con la problemática vida.

Carlos Boyero (El País)

domingo, 23 de octubre de 2011

Esplendor en la hierba, Elia Kazan, 1961


“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba; aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.”
William Wordsworth


Título original: Splendor in the grass
Dirección: Elia Kazan
Guión: William Inge
Fotografía: Boris Kaufman
Música: David Amram
Producción: Warner Bros. Pictures, NBI Productions, Newton Productions
País: Estados Unidos
Año: 1961
Género: Drama, Romance
Duración: 124 min.
Reparto: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Zohra Lampert, Fred Stewart, Joanna Roos, John McGovern, Jan Norris


En una localidad rural de Kansas, dos jóvenes se aman y, desde el primer momento, deciden no separarse jamás, pero la desaprobación de sus familias y los intereses ajenos a sus sentimientos son los que decidirán su suerte. (FILMAFFINITY)


Tan romántica como los versos de William Wordsworth es Esplendor en la hierba, una de las mejores películas -puede que la mejor- de Elia Kazan. Es la historia de un amor entre adolescentes que crecen bajo la estricta vigilancia de sus padres y no entienden por qué deben seguir una línea determinada cuando sus corazones les piden lo contrario. Esa confusión les atormenta hasta la locura y les hace estar en boca de la hipócrita sociedad de Kansas inmediatamente anterior al crack del 29. Es una película tan pasional como una obra de Shakespeare; no en vano llena la firma de William Inge, ganador del Pulitzer por Picnic y que, a la postre, también se llevaría el Oscar al mejor guión original.

Por un lado tenemos a los Loomis, una familia humilde compuesta por un padre apocado, una madre represiva y una sola hija, Deanie (Natalie Wood), que parece conforme con la austera educación que le han inculcado. Y por otro lado están los Stamper, nuevos ricos gracias a las acciones del petróleo, con un padre obsesionado por el éxito que ahoga las pretensiones de su mujer y de su hijo Bud (Warren Beatty), pero que no puede meter en cintura a su otra hija, Ginny, lo cual le carcome por dentro.

Deanie y Bud salen desde hace algún tiempo. Son una de las parejas más populares del instituto, sobre todo porque él es el capitán del equipo de fútbol americano. Están en el punto de mira y, además, empiezan a tener problemas por el sexo. Bud siente la necesidad de aliviarse con ella, alentado por su padre, que cree que así reafirmará su masculinidad y ahuyentará su imagen de chico introvertido. No es que Deanie no quiera corresponderle, pero se rige por las estrictas reglas de su madre, que divide el mundo en buenas y malas chicas: las que esperan hasta el matrimonio (y sólo con el objetivo de procrear) y las que no. Y Deanie no quiere defraudarla, ni mucho menos que los vecinos cuchicheen a sus espaldas.


Es inútil, por tanto, obviar que Esplendor en la hierba tiene mucho que ver con el sexo, lo que ya fue un logro para Kazan en el año 1961 (si bien la Liga de la Decencia consiguió censurar parte de la estremecedora escena de la bañera porque a Natalie Wood se le veía el culo). Pero el sexo es sólo la gota que colma el vaso de una generación sin norte, que no entiende los mecanismos de las sociedades hipócritas ni quiere vivir más allá del presente. Cuanto más les aprieten las clavijas, más necesidad tendrán de liberarse, aunque sea cayendo en las redes de la locura. ¿Será entonces cuando los padres se pregunten qué han hecho mal? ¿O le echarán la culpa a Freud, o a sus propios progenitores?

Sea como sea, no leáis los versos de Wordsworth como un lamento nostálgico, sino como una oportunidad para seguir adelante. El brillo del primer amor se apagará y no volverá, pero lo recordaremos siempre y eso nos dará fuerzas para continuar. En esos versos está la esencia de la película, y esa es la dura lección que aprenden nuestros jóvenes protagonistas.

Lo mejor: Natalie Wood, inmensa en todos sus registros, y prácticamente todo lo demás.
Lo peor: Un par de secundarios que desaparecen a mitad de película.
La frase: “No, mamá. No me han desflorado. ¡No me han desflorado, mamá! ¡Soy tan fresca y virginal como el día en que nací, mamá!” (Deanie Loomis = Natalie Wood).

Víctor Guerrero (Plumas de caballo)

Paellita de otoño


Ingredientes (6 personas):

  • 1 conejo cortado a trocitos pequeños
  • 500 gr. de setas variadas
  • 300 gr. de caracoles (pueden ser congelados)
  • 2 tomates maduros
  • 6 vasitos de arroz de grano redondo
  • 13 vasitos de agua
  • 2 dientes de ajo
  • 2 ramitas de perejil
  • 1/2 limón
  • 1 c.c.  de romero
  • 3 c.s. aceite
  • sal, azafrán y pimentón
Preparación:
  1. Poner a calentar el agua en una cazuela mientras se prepara el sofrito de la paella.
  2. Colocar una paella en el fuego con el aceite, mientras se calienta, ponerle sal y pimentón a los trocitos de conejo.
  3. Sofreír el conejo en la paella. Cuando esté dorado, añadir las setas, dejar cocer unos minutos y, a continuación, añadir los caracoles.
  4. Rallar el tomate y añadirlo a la paella.
  5. Poner el arroz en la paella y mezclarlo con el sofrito preparado con anterioridad.
  6. Añadir el agua caliente. Rociar con el zumo de limón.
  7. Preparar una picada con los ajos, el perejil, el romero, el azafrán y un poco de sal y añadirlos a la paella y revolver. Probar el punto de sal.
  8. Dejar cocer 10 min. a fuego fuerte y otros 8 min. a fuego suave. Dejar reposar 5 min. y servir.

Leonard Cohen - Dance me to the end of love

sábado, 22 de octubre de 2011

Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, Rodrigo Muñoz Avia


Antes de ir al psiquiatra yo era una persona feliz. Ahora soy disléxico, obsesivo, depresivo y tengo diemo a la muerte, o sea, miedo. En el psiquiatra he aprendido que la palabra felicidad es una convención que carece de sentido. He aprendido que el hecho de volver a ser feliz algún día no sólo es imposible, sino completamente imposible. Ahora me pregunto más cosas de las que me gustaría: sobre la muerte y sobre la vida.

La felicidad es aquello que nos pasa cuando no nos lo planteamos. Siempre es pretérita pues la felicidad futura no existe (dado que el futuro sólo es posibilidad) y la presente se desvanece al momento en que se nos ocurre pensar en dicha sensación, cuando debiéramos seguir concentrados en lo que nos la provocaba. La novela Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, de Rodrigo Muñoz Avia, es de risa, pero del tipo displicente ante una situación con la que poco cuesta sentirse identificados. Podría calificarse de ligera pues se lee con facilidad y no se pierde en cumbres de racionamientos obtusos ni cae en abismos de dogmática feliciana. ¿Por qué pesa tanto entonces la estela que deja al pasar bajo nuestra mirada? Porque muestra que buscando la felicidad lo más fácil es acabar perdiéndonos a nosotros mismos.

Rodrigo Montalvo Letellier vive con su mujer, sus hijos y su gato, que lo quieren con locura. Tiene un chalet adosado, un buen coche y un trabajo que le gusta. Entregado, como cualquiera de nosotros, a sus hobbies y al consumo de fin de semana, lleva una vida sin sobresaltos. Y, además, es un hombre feliz. O al menos, eso ha creído siempre.

Hasta que un buen día un psiquiatra le hace dudar y el mundo se le viene encima. Nuestro héroe quiere saber qué le pasa, y visita a esos extraños seres empeñados en ocuparse de su cabeza, los psiquiatras, los psicólogos y otros enfermos, que aportan soluciones desternillantes y, por supuesto, no dudan en saquear su cartera.

Con esta novela hilarante que atrapa al lector desde la primera página, Rodrigo Muñoz Avia esconde tras el humor un análisis perturbador del alma moderna, de la imposibilidad social de la felicidad. El autor hurga en el lado más débil de nuestra psicología, cada vez más enfermiza, insaciable e incapaz de olvidarse de sí misma. Porque ¿acaso es posible que nos sintamos infelices por el simple hecho de no sentirnos felices?

Panfleto LAETUS

Leer el primer capítulo