Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...
¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?
Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.
¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!
¿Hay zarzas florecidas
entré las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?
Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.
Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.
¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?
Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,
¿tienen ya ruiseñores las riberas?
Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...
miércoles, 2 de noviembre de 2011
El moderno Sherlock Holmes, Buster Keaton, 1924
Título original: Sherlock Jr.
Dirección: Buster Keaton.
Guión: Clyde Bruckman, Jean C. Havez, Joseph, A. Mitchell, Buster Keaton.
Fotografía: Elgin Lessley, Byron Houck.
Música: Club Foot Orchestra.
Producción: Joseph M. Schenck para Buster Keaton Productions, Inc.
País: EEUU.
Año: 1924.
Género: Comedia.
Duración: 48 min.
Intérpretes: Buster Keaton (el chico / Sherlock Jr.), Kathryn McGuire (la chica), Ward Crane (el rival), Joe Keaton (el padre de la chica), Erwin Conelly (el amigo de la familia), Jane Conelly (la madre), Ford West (manager teatral / Gillette), George Davis (conspirador), Horace Morgan (conspirador), John Patrick (conspirador).
Mientras trabaja como operador de películas en un pequeño cine de pueblo, Buster estudia para detective. Al término de la función, el joven compra a su novia un pequeño anillo. Pero otro pretendiente, empeñando el reloj que ha robado al padre de la joven, le compra a ésta, con el dinero obtenido, un regalo mejor.
Cuando el padre echa en falta su reloj, Buster saca a relucir sus dotes de detective, y encuentra el ticket del prestamista en el bolsillo de su propio traje, donde su rival lo había colocado astutamente. Por ello es expulsado de la casa y su novia le devuelve el anillo.
Durante la proyección de Hearts and Pearls, Buster se queda dormido, y en su sueño se introduce dentro de la pantalla, donde le dan réplica los personajes de su vida cotidiana. Los rápidos cambios de plano colocan a Buster en dificultades. Sherlock Jr. (Buster), el mejor detective del mundo, es reclamado para investigar el robo de unas perlas. Tras escapar a todo tipo de trampas mortales tendidas contra él por su rival y un cómplice, consigue desenmascararlos. Capturado por ellos más tarde, logra huir y recuperar las perlas y, después de una trepidante persecución, Sherlock libera a la chica.
En su cabina, Buster se despierta. Su novia, que ha descubierto la verdad, llega hasta él para transmitirle las disculpas de su padre. Reproduciendo la escena final de la película, Buster abraza a su novia.
Sherlock Jr. supone para Buster Keaton un extraordinario ejercicio de elaboración narrativa, donde el cómico va a conseguir una vez más superarse a sí mismo. En esta ocasión, Keaton propone el establecimiento de una conexión onírica entre el mundo real y el del celuloide. La precisión técnica y agudeza argumental con que el cómico resuelve tan sugestivo planteamiento resulta auténticamente ejemplar.
La secuencia del sueño exige la preparación de un plató especial. Dentro de un marco que asemeja una pantalla de cine, se construye un escenario donde se mueven los actores reales. La ilusión se consigue gracias a especiales efectos de iluminación, de manera que parece una película proyectada en la pantalla.
La composición de la escena del plano cambiante se logra con una cuidadosa sincronización, requiriéndose incluso un equipo de topografía. Gracias a todo ello, Keaton logra condensar en unos segundos un frenesí visual sin precedentes, y durante ese tiempo podemos verle tropezando con el banco de un jardín, aterrizando en una zanja, al borde de un acantilado, en la selva rodeado de leones, atropellado por un tren en el desierto, en una isla en medio del mar y sobre un montículo de nieve, antes de que el plano se esfume. Pero el mundo de los sueños que nos muestra no está exento de reglas, y para ser plenamente aceptado en la película, el personaje de Keaton deberá adoptar su propio rol, el de Sherlock Junior. Sólo entonces, y a través de este Super-Yo, el chico vivirá peligrosas aventuras -la persecución en moto es escalofriante-, hasta que finalmente consigua resolver sus problemas personales.
Los numerosos procesos judiciales vividos en relación a la muerte de Virginia Rappe, conducen a Roscoe Fatty Arbucle a una situación personal que va a impedirle participar en la realización del film como en un principio estaba previsto. A pesar de contener excelentes gags y de ser considerada por muchos como la obra maestra de Keaton, la película no va a conocer un excesivo interés popular, tras su estreno el 25 de mayo de 1924 en el Rialto de Nueva York.
Luis Enrique Ruiz, “Obras maestras del cine mudo. Época dorada (1918-1930)”.
Para muchos, la mejor película de Buster Keaton. El operador de un cine se duerme mientras está trabajando y empieza a soñar: se introduce en la película que está proyectando y participa en una trama de intriga convertido en el detective Sherlock Holmes Jr. Para elaborar esta mágica y poética combinación de fantasía y realidad Keaton tuvo que emplear los trucajes técnicos y de iluminación más complejos de su carrera, especialmente en aquellas secuencias en las que el proyeccionista trata de atravesar la pantalla del cine. Muchos directores de fotografía han estudiado detenidamente los trucos empleados en El moderno Sherlock Holmes de los más avanzados de su tiempo. Y tampoco es menor la influencia que esta película ha ejercido en algunos directores contemporáneos, como Woody Allen en estupenda La rosa púrpura de El Cairo (1985).
Cómo ser detective
Mucho ingenio para una cinta repleta de gags circenses que hacen que el detective sea una mezcla entre Sherlock Holmes, James Bond, Houdini (su padrino en la vida real y quien le apodó “Buster”) y, por supuesto, Buster Keaton.
Inolvidables son la forma de disfrazarse de anciana para huir de los malhechores, la “desaparición” tras lanzarse contra el maletín, la partida de billar (aunque no tiene nada que ver con El buscavidas; el buscarle los orígenes en esta película muda me parece pasarse de incondicional; ¡ni que Keaton hubiera inventado el mundo del billar y sus ambientes!); etc.
Este cómico ha sido un maestro para las posteriores generaciones. En la serie “Mr. Bean” le han hecho decenas de homenajes, adaptando (que no plagiando) algunos de sus sketches, como el del papel pegajoso en ese capítulo de la feria escolar o el de la pérdida del bañador en la piscina (véase The Cameraman).
Claquetadomingo, 30 de octubre de 2011
Son of Babilon, Mohamed Al Daradji, 2009
Título original: Son of Babylon
Dirección: Mohamed Al Daradji
Guión: Mohamed Al Daradji, Jennifer Norridge
Fotografía: Mohamed Al Daradji, Duraid Al Munajim
Música: Kad Achouri
Producción: Coproducción Irak-Reino Unido-Francia-Países Bajos-Emiratos Árabes Unidos-Territorios palestinos-Egipto; Human Film / Iraq Al-Rafidain / Screen Yorkshire
País: Irak
Año: 2009
Género: Drama
Duración: 95 min.
Intérpretes: Shazada Hussein, Yasser Talib, Hussen Mohammed, Bashir Al-Majid
Tres años después de la caída del régimen de Saddam Hussein, Ahmed, un niño kurdo de doce años, recorre con su abuela las polvorientas y solitarias carreteras del norte de Irak con la esperanza de encontrar a su padre, un soldado arrestado por la Guardia Republicana de Saddam al final de la Guerra del Golfo. Recorren caminos devastados por las bombas y se cruzan con otras personas en la misma situación; todos viajan en busca de alguien, de una nueva vida y de un futuro. Así es como conocerán a algunos aliados inesperados, incluso a un ex combatiente de la Guardia Republicana que podría ayudarles. Aunque Ahmed es demasiado joven para comprender la importancia de su viaje, su vida cambiará para siempre. (FILMAFFINITY)
Mohamed Al Daradji ha logrado hilar un drama verdadero que impacta directamente al corazón del espectador. En una película de esta índole un buen síntoma para descubrir si la obra consigue su objetivo es que una vez finalizada, el silencio se imponga durante unos instantes que se hacen eternos. Y esto ocurre porque tu cerebro permanece noqueado como un boxeador que acaba de recibir un golpe muy duro, tan duro como el sufrimiento de una mujer que simplemente quiere conocer el paradero de su hijo y de un niño que no conoce a su padre. Y por el camino se encuentra a miles de personas atrapadas en la misma desgracia, la desgracia de un país que se desangra desde hace décadas y pierde la esperanza en un posible futuro mejor.
'Son of Babylon' obtuvo el Giraldillo de Oro del Festival de Cine de Sevilla, que comienza en unos días, en su pasada edición y lo cierto es que es merecedora de este galardón. Por la historia, por el guión, por una dirección acertada y por las maravillosas interpretaciones de sus protagonistas (en especial abuela y nieto interpretados por Shazada Hussein y Yasser Talib), logrando transmitir todo lo narrado con anterioridad.
Con una estructura de road-movie el debe de este film es un ritmo lento que será uno de los motivos por los que no será un éxito en taquilla. En primer lugar por esto, en segundo porque a mucha gente le va a tirar hacia atrás de entrada una película iraquí y el tercero porque el gran público no está, ni quiere estarlo, preparado para una cinta que te instala la sensación de desasosiego en el cuerpo para no abandonarte en varias horas.
Una de las historias dramáticas que más me han conmovido en los últimos tiempos junto al libro 'Cometas en el cielo' del afgano Khaled Hosseini y que os recomiendo a todos. Y es que en definitiva son dos relatos de dos países vecinos que por una cuestión o por otra no levantan cabeza desde hace treinta años. Quizás porque para trasladar el dolor a aquel que está sentado frente al ordenador bebiéndose una cerveza con la preocupación (casi única) de cómo va a estructurar su próxima crítica, la mejor manera y a su vez la más cruda es hacerlo con la naturalidad del que sabe y asume que eso es lo que le ha tocado vivir.
Benjamín Hijón (Revista Cinéfagos)
El castillo de la pureza, Arturo Ripstein, 1972
Título original: El castillo de la pureza
Dirección: Arturo Ripstein
Guión: Arturo Ripstein & José Emilio Pacheco
Fotografía: Alex Phillips
Música: Joaquín Gutiérrez Heras
Producción: Estudios Churubusco
País: México
Año: 1972
Género: Drama
Duración: 110 min.
Intérpretes: Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristáin, Diana Bracho, Gladys Bermejo, David Silva, María Barber, María Rojo, Inés Murillo
Convencido de que el mundo exterior es dañino para su familia, Gabriel Lima ha mantenido encerrados a su esposa y a sus hijos durante dieciocho años. Los días pasan melancólicos, mientras la familia se entretiene fabricando un raticida en polvo que Gabriel sale a vender en las tiendas del barrio. El frágil equilibrio emocional de la familia Lima se rompe el día en que Gabriel se da cuenta de que sus hijos están despertando a la adolescencia. (FILMAFFINITY)
Sorprende comprobar como una misma perversión humana puede permanecer de verosímil actualidad durante más de 50 años, hasta el punto de poder ser considerada tan propia y consustancial a la sociedad mexicana de la década de los 50 del siglo pasado como a la griega de hoy en día.
A finales de los años 50 trascendió en Ciudad de México el caso de Rafael Pérez, iluminado y obsesivo paranoico, autodenominado “librepensador”, que ante la violenta y brutal realidad social de la época decidió proteger a su familia encerrándola en su propia casa, negándoles la posibilidad de mantener ningún tipo de contacto con el hostil exterior. Rafael Pérez se mantuvo durante dos décadas como único vínculo entre los dos mundos, mientras su familia permanecía aislada, en una cuarentena eterna. A lo largo del encierro, comenzado en un principio por él y su mujer, nacieron 6 hijos (bautizados con nombres más propios del anarquismo utópico que del México postrevolucionario: Libertad, Voluntad, Porvenir…), los cuales hasta el día de la detención del padre no habían salido jamás de su “castillo de la pureza”, tal y como Ripstein y el escritor y cooguionista Jose Emilio Pacheco decidieron llamar a la casa y omónimamente a la película que del suceso realizaron. Un título tomado de un verso de Ígitur de Mallarmé “alejada la nada queda el Castillo de la pureza” y ya utilizado anteriormente por el gran diseccionador de la mexicanidad, Octavio Paz, para un ensayo sobre Duchamp.
La película se inicia presentando la casa –la cárcel, el castillo-; construcción colonial típica del cine de Ripstein vertebrada en torno a un patio central centrífugo, y definiendo su denso y agobiante tono simbólico: lluvia constante y unidad fotográfica en ocre. Por la casa -su patio, sus habitaciones superiores, el taller y sus galerías bajas- se mueven como autómatas y como si de un solo ser unitario fuera, la mujer y los tres hijos del protagonista, de nombre Gabriel Lima.
Desde el inicio, sin concesiones, presenciamos lo aberrante cotidiano, la perversión de unos códigos alterados en términos disciplinarios, autoritarios y conductistas, que llevan a la anulación de las personalidades de mujer e hijos mientras, indefensos, asumen su completa confianza y dependencia por el Dios que impone y dispone normas, conductas y convenciones. Para la familia Lima lo opresivo es lo de afuera, aun sin conocerlo; el encierro verdadero, la cárcel, se produce en el exterior, no en el castillo donde permanece protegida viviendo “libre” de tentaciones, vicios, violencia y corrupción. “Afuera es feo”, proclama el personaje de la hija mayor interpretado por Diana Bracho.
Los castigos rituales, la educación sistemática, la cotidianidad inalterable y cronometrada, los ejercicios físicos marciales a golpe de bastón, la rutina laboral –los hijos sostienen en una suerte de explotación laboral la economía familiar al dedicarse a preparar raticidas que el padre vende por droguerías y farmacias-, nos muestran la obsesión paterna por construir un pequeño mundo totalitarista mediante el que proteger del exterior a su familia y librarlos de la corrupción exterior; una corrupción de la que él goza en sus puntuales salidas descargando sus pasiones e instintos a espaldas de su familia.
La familia permanece aislada no sólo del espacio exterior sino del tiempo presente, así, los juegos que practican los hijos junto a su madre –basados argumentalmente en aguafuertes de Goya- resultan no sólo ambiguamente eróticos y sensuales, sino ingenuamente anacrónicos, tanto como la relación que mantienen los “encerrados” con la lluvia, único elemento externo presente e incontrolable, símbolo de libertad, y con la que se empapan gozosamente en sus momentos de descanso de forma entre ritual y manumisora.
Pero poco a poco los muros del castillo comienzan a agrietarse: las primeras pulsiones sexuales de sus hijos mayores que concluyen con un episodio de incesto descubierto y reprimido por el padre, los celos con su mujer a la que le achaca no haber sido virgen en el momento de haberse conocido veinte años antes, la falta gradual de disciplina por parte de sus hijos… llevan al Dios obsesivo, retratado como el personaje maniático y paranoico de “Él” de Buñuel, a afianzar contrariado su autoridad sobre la familia aplicando nuevos, gratuitos y más aberrantes castigos que de tan insostenibles acaban por germinar en un principio de reacción de rebeldía y de necesidad de huida por parte de sus hijo.
La noticia real del encierro inspiró en México, además de la adaptación de Ripstein, la novela “La carcajada del gato” de Luis Spota y la obra teatral “Los motivos del lobo” de Sergio Magaña. Cuenta Ripstein que mientras escribía el guión junto José Emilio Pacheco siempre creyó estar realizando una comedia ligera, “cuando se lo leímos a nuestras esposas, nos miraron con unos ojos verdaderamente de pánico, mientras Pacheco y yo nos botábamos al suelo de la risa”. Curiosamente, esa ironía que el director consideró que trascendía en su guión fue desarrollada, con un sentido más mediterráneo, casi cuarenta años más tarde por el griego Giorgos Lanthimos en su igualmente perversa “Canino”. No mucho habrá cambiado la cosa para que en ambas películas descubramos un más que creíble y contemporáneo reverso de una sociedad que tiende a esconder su mierda bajo la alfombra.
Canino, Giorgos Lanthinos, 2009
Título Original: Kynodontas (Dogtooth)
Director: Giorgos Lanthinos
Guión: Efthymis Filippou, Giorgos Lanthimos
Fotografía: Thimios Bakatatakis
Producción: Boo Productions / Greek Film Center / Horsefly Productions
País: Grecia
Año: 2009
Género: Drama, Comedia
Duración: 94 min.
Reparto: Christos Stergioglou, Michelle Valley, Aggeliki Papoulia, Mary Tsoni, Hristos Passalis, Anna Kalaitzidou
Un padre, la madre y sus tres hijos viven en una mansión a las afueras de una ciudad. Hay un cercado muy alto que rodea la casa, y los chicos nunca han salido de ella. Están siendo educados, entretenidos, aburridos y ejercitados con los métodos que sus padres juzgan apropiados, sin ninguna influencia del mundo exterior. Creen que los aviones que pasan volando son juguetes, o que el mar es un tipo de silla forrada de cuero. La única persona a la que se le permite entrar en la casa es Christine, que trabaja como guardia de seguridad en la fábrica del padre. Éste le hace visitar la casa para saciar las necesidades sexuales del hijo. (FILMAFFINITY)
Canino toca tantos temas que puede parecer inabordable y, de hecho, únicamente empiezas a reflexionar sobre ellos una vez has abandonado la proyección. Y es que, mientras estás en el cine, te sientes tan descolocado por lo bizarra que es la historia que estás viendo y, no obstante, tan mordaz, como el título... tanto, que llega a ser obsesiva.
La mayor, la menor y el hijo son tres hermanos adolescentes que viven, por decisión de sus padres, encerrados en su propia casa, rodeados de un muro que les impide ver el exterior. Sólo hay una persona que les visita, Christina, una guardia de seguridad en la empresa del padre, a la que éste paga para que el hijo pueda "desfogarse" con ella. El resto del día viven jugando (pueden hacer deporte, nadar, ver vídeos caseros) o educándose, a través de cintas de cassette que sus padres les graban con las nuevas palabras a aprender, como "Mar es una butaca de cuero", o "excursión es un material muy resistente con el que se fabrica el suelo". Compiten por ver quién gana más pegatinas, premio al que ha realizado mejor un ejercicio impuesto por el padre, y sueñan con que caigan aviones al suelo del jardín, uno de los juguetes más preciados. Es únicamente cuando Christina hace un regalo del exterior a la mayor, que este mundo paralelo en el que viven empieza a desmoronarse...
Con este argumento, Canino es, lo menos, inclasificable. No es drama, tampoco terror... En algunos momentos te hace reír por lo infantil del comportamiento de los hijos; en otros, sufrir por el devenir de alguno de ellos... en la mayoría, estás en tensión. Tensión por no poder adivinar qué es lo que va a pasar. Porque la referencia es inexistente. Nunca nadie ha vivido, gracias a Dios, nada parecido.
Y es aquí cuando podemos preguntarnos... ¿qué pasaría si esto llegase a ocurrir, y además de forma masiva?, ¿qué puede llevar a un padre a decidir aislar a su familia... a considerar incluso el incesto antes de que alguien extraño entre en sus vidas? ¿Tan horrible es el mundo en el que vivimos?
Aquí se mezclan varias de las reflexiones de las que hablábamos al inicio: la primera, cómo un carácter autoritario como el del padre puede llegar a someter tanto a su mujer como al resto del la familia. El patriarca decide el futuro de sus hijos, adiestrándolos como si fuesen perros, obligándoles a comportarse, al fin y al cabo, como animales en busca de su recompensa. Recompensa que sólo él puede darles, convirtiéndose, entonces, en imprescindible, en superior. Así, sus hijos son como robots (incluso hablan y actúan como tales), que obedecen sin rechistar y sin hacer preguntas. Pero, ¡ah!, incluso en los perros el instinto a veces puede superar años de entrenamiento. Esto es lo que experimenta, poco a poco, la mayor (además, se nos da a entender que mucho antes hubo otro hermano que consiguió escapar, que siguió también sus instintos): gracias al "regalo" descubrirá la violencia, el sexo... y, por supuesto, querrá saber más. Y es que, tal y como se hace el paralelismo en el film con Rex, el perro que quiere llevar a casa el padre pero que está en un centro de adiestramiento, los hijos están en la fase 2..., pero llegarán, uno a uno, a la fase 5, a estar preparados para salir del centro.
Otra reflexión: aunque el carácter del padre sea obsesivo, hay algo en nuestra vida que le empujó a proteger a sus hijos. En este punto la película nos recuerda mucho a la decisión que toma la comunidad de El Bosque (The Village; M. Night Shyamalan, 2004), al aislar a sus familias para que no conozcan el peligro de una sociedad cada vez más violenta. Así, se nos antoja que el padre tiene verdadero miedo a su entorno, a la sociedad, a un mundo en el que, seguramente, él no puede ser nadie destacable... y por eso necesita adiestrar a su familia, consiguiendo un doble objetivo: protegerles de afuera, de lo desconocido, siendo él el centro de sus vidas. Pero claro... si ellos aprenden de mí, su padre, y quieren escapar... ¿qué he hecho mal? Pues, seguramente, ser como soy. El control, la imposición de seguir el camino a través de la violencia si se actúa fuera de las instrucciones impuestas... eso también existe en los hijos. Un control que se transforma en invención continua para dar explicación a los sucesos "extraños", que irremediablemente acceden desde el peligroso exterior (la entrada de un gato en el jardín, que mata agresivamente el hijo sin saber muy bien de dónde le viene esa necesidad, se convierte en la excusa perfecta para designar al inocente animalillo como una criatura feroz que asesina humanos). Un control que impide ser feliz, aunque sea el objetivo inicial de la creación de ese submundo aislado. La felicidad truncada por la educación... la educación que puede provocar grandes destrozos en la mente humana... (¿es esta otra reflexión a tener en cuenta?).
Todo esto nos lo explica el director, Yorgos Lanthimos, en escasa hora y media de metraje, durante el que, paradójicamente, no es que ocurra gran cosa. Lenta en su desarrollo, nos sentimos en todo momento espectadores, intrusos en esta narración, pero atrapados, como ellos, en la casa, observando en la gran mayoría de secuencias, desde un ángulo que nos impide ver las caras de todos los personajes (la cámara se sitúa a la altura el pecho, un poco por debajo de sus cabezas). A veces nos hace sentir también como perros que miran lo que sucede sin poder hacer nada. Otras, nos ayuda a no personalizar lo que está pasando... porque podemos extrapolarlo a alguna vivencia, si no propia, del conjunto de la sociedad en la que vivimos, o podríamos llegar a vivir.
Por si fuera poco, el director nos acaba regalando un final abierto. No sabemos qué pasa con la mayor, ni con los otros. ¿Acaso importa? ¿Es necesario concluir su historia, su devenir? La verdad es que no. Ya tenemos suficiente... el final sólo lo sabemos cada uno de nosotros, lo construiremos con nuestra forma de actuar, día a día, a partir de ahora.
El cine griego está de enhorabuena. Canino irrumpe en las pantallas para hacernos ver que no sólo puede hablarse de la felicidad y de las costumbres de su país, como en Mi gran boda griega (Joel Zwick, 2002) o Mamma Mia (Phyllida Lloyd, 2008), sino que tienen mucho más que decir (no en vano se alzó con el premio "Un Certain Regard" en el pasado Festival de Cannes). De obligado visionado para cualquiera que tenga inquietudes filosóficas sobre el funcionamiento del núcleo familiar, Canino representa el futuro alternativo de nuestra especie. No dejemos que llegue a ser el real.
Arantxa Acosta (El espectador imaginario)
viernes, 28 de octubre de 2011
Ana Rossetti - Where is my man
Nunca te tengo tanto como cuando te busco
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.
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