viernes, 30 de diciembre de 2011

Un lugar donde quedarse, Sam Mendes, 2009


Título original: Away We Go
Dirección: Sam Mendes
Guión: Dave Eggers, Vendela Vida
Fotografía: Ellen Kuras
Música: Alex Murdock
Producción: Coproducción USA-GB; Focus Features / Big Beach Films / ESP / Neal Street Productions
País: Estados Unidos
Año: 2009
Género: Comedia. Drama
Duración: 98 min.
Intérpretes: John Krasinski como Burt Farlander, Maya Rudolph como Verona De Tessant, Carmen Ejogo como Grace De Tessant, Catherine O'Hara como Gloria Farlander, Jeff Daniels como Jerry Farlander, Allison Janney como Lily, Jim Gaffigan como Lowell, Samantha Pryor como Ashley, Conor Carroll como Taylor, Maggie Gyllenhaal como LN Fisher-Herrin, Josh Hamilton como Roderick Herrin, Bailey Harkins como Wolfie, Chris Messina como Tom Garnett, Melanie Lynskey como Munch Garnett, Colton Parsons como James, Katherine Vaskevich como Katya, Jerome Stephens Jr. como Ibrahim (as Jerome Walter Stephens), Brianna Eunmi Kim como Cammie, Paul Schneider como Courtney Farlander


Una joven pareja que espera su primer hijo recorre Estados Unidos buscando el lugar ideal para quedarse y crear una familia. Cuando Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) se enteran de que van a tener un niño, sufren una crisis de pánico: no soportan el lugar donde viven, pero es que, además, como los padres de Burt están a punto de mudarse, no podrían contar con su ayuda. Así las cosas, deciden emprender un viaje en busca de un lugar para echar raíces y criar un niño. De paso, visitan a una serie de parientes y amigos muy heterogéneos, pero todos les ayudarán a encontrar su destino. (FILMAFFINITY)


“Away We Go” es el título que recibe la nueva película de Sam Mendes (tras un “Revolutionary Road” injustamente olvidado el año pasado), director que alcanzó un estatus casi divino desde su debut (“American Beauty”) pero que ahora parece haberse convertido en el foco de toda la ira que albergan los mismos que, curiosamente, en su día lo bañaron en oro. Quizás para evitar un nuevo e hiperbolizado acoso crítico, Mendes reaparece ahora disfrazado de cineasta indie, y con un guión firmado por Dave Eggers (escritor de la novela en que se basa “Donde Habitan los Monstruos”) y su mujer Vendela Vida, presenta uno fabuloso viaje por varios rincones de Norteamérica por parte de una pareja en busca de hogar.

John Krasinski y Maya Rudolph encarnan a dos futuros padres (Burt y Verona) descontentos con su vida actual. Su casa es terrible, sus respectivos trabajos decepcionantes, su coche ronronea y prácticamente nada les une a su ciudad. Por eso mismo, al quedarse embarazados, deciden dar un cambio radical a su vida conjunta, y emprenden un recorrido por diferentes ciudades a fin de encontrar, definitivamente, el mejor hogar para su creciente familia. Por el camino, huelga decirlo, personajes y situaciones de todo tipo irán provocando variaciones en sus intenciones y recorrido geográfico.


Seguramente, “Un Lugar Donde Quedarse” (su título español se suma a la carrera por la peor traducción de la historia) no sea una película perfecta. Su argumento no pasará a la historia por su originalidad, y menos aun sus distintas situaciones o la evolución personal de los dos protagonistas.

Además, lo que hasta hace poco podría haberse considerado como un acierto, el empeño por mantenerse dentro de los cánones del cine independiente a todos sus niveles, hoy en día supone más bien una lacra, al significar una importante pérdida de personalidad emergente de su corrección formal y artística.


Analicemos: buenos actores aunque muy alejados de la condición de estrellas, limitación presupuestaria visible en el tono intimista y en ocasiones casi dogmático de un director que buscaría convertirse en el último protagonista (siendo éste un claro recurso para obtener todo lo contrario), y banda sonora tan excelente como impersonal, con temas que podrían haber salido directamente del tracklist de “Juno”, “Como la Vida Misma”, “Lars y Una Chica de Verdad”, etcétera. Todo ello lo hemos visto u oído en demasiadas últimamente, siendo una fórmula que comienza a dar alarmantes muestras de agotamiento.

Sirva todo ello para situar en su justa medida las expectativas que podría albergar el nuevo trabajo de Mendes, para evitar exageradas exaltaciones y decir, desde ya, que esta tampoco es la nueva obra maestra del británico director.


Definidos los limites, toca ahora justificar la elevada puntuación que con que concluye la reseña, y es que pese a sus adversidades, “Away We Go” es una gran película.

Partiendo por unos personajes quizás excesivamente aJunoados pero aun así sorprendentemente adorables, el objetivo final de Mendes y compañía no es más que una llamada a la esperanza, un foco de radiante luz en un mundo últimamente sumido en la más densa opacidad. Ciertamente, un haz de positividad general suele ser propuesta recurrente en el cine indie, pero cada vez resulta más complicado encontrarla expresada de manera tan sutil, entrañable y emotiva como ocurre en esta ocasión.

Para ello, todo en su guión se presenta exageradamente agrandado, como si de un mundo onírico a caballo entre el cuento de hadas y la pesadilla más lúgubre se tratara, buscando esclarecer de manera radical bien y mal, positivo y negativo.


Así, a la pareja protagonista, balsa de aceite perspicaz, inteligente y culta, se contraponen los diversos secundarios que pueblan su viaje, demoníacos personajes atormentados por fantasmas del pasado, desilusiones del presente y poco esperanzadores futuros. Vemos a los padres de Burt, egoístas hasta decir basta; a los diversos contactos que la pareja conserva en las respectivas ciudades que visitan, movidos por dudosos ideales, odios ocultos hacia su familia o traumas variopintos; o a los hermanos de cada uno, asolados por desgracias e inseguridades. Por cierto, geniales todos ellos, desde los futuros abuelos interpretados por Jeff Daniels y Catherine O'Hara a la desquiciante Maggie Gyllenhaal.

Todo ello se nos presenta en forma de quiméricos capítulos (uno por cada ciudad que se visita) cuyo nivel de excentricidad a la hora de describir personajes desciende al ritmo en que se acrecienta el esmero por infundir en el espectador los más vívidos sentimientos, conforme se descubre la verdadera y frágil identidad de cada uno (escondida tras tan aparatosos disfraces) y se simpatiza con la lucha que los protagonistas llevan a cabo por sobrevivir en tan entristecido universo.


Una última pega debe destaparse a este aspecto, pues de todos ellos, curiosamente el último mini-episodio se convierte en el más apático de todos, significando cierto impedimento rítmico rápidamente solventado por el previsible aunque no por ello menos sensible epílogo.

Haciendo cuentas, lo que queda tras ver "Away We Go" es una gratísima sensación de alegría y positividad, de ensanchamiento del alma y ternura exacerbada. Poco importa que el recurso de alterar la realidad e hiperbolizar acontecimientos y descripciones pueda ser un recurso fácil: que a día de hoy una película sea capaz de transmitir tantos y tan intensos sentimientos, bien merece nuestra atención y gratitud. Aunque quizás todo ello se deba simplemente a lo adorable que resulta John Krasinski y lo mucho que veneramos por aquí al actor de "The Office".

Carlos Giacomelli (La Casa de los Horrores)


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